Tener una buena razón para levantarte cada mañana

Acabo de enterarme de que un amigo ha sufrido un derrame cerebral y se encuentra en la UCI con poca probabilidad de sobrevivir. Es una persona encantadora y generosa como pocas, alguien que ha sufrido mucho a lo largo de su vida y que en los últimos años se ha introducido en el mundo del running entrenando duramente y participando con frecuencia en carreras de todo tipo, desde los llamados cross a las pruebas de montaña, las trail.

Hace tiempo que algunas personas que le conocemos venimos preocupados por la forma tan intensa en la que se ha puesto a correr, sobre todo porque ya viene circundando los cincuenta. Demasiado estrés para un cuerpo que perdió muchos kilos en pocos meses y que no ha dejado de perder peso hasta ahora. Daba por sentado que existe relación entre el ejercicio físico intenso y el riesgo vascular, pero no me había parado a comprobar si había estudios al respecto.

Parece ser que algunos estudios han encontrado que los beneficios del ejercicio físico intenso dibuja una “J”, es decir, que un ejercicio moderado mejora la salud vascular, pero a medida que se intensifica lo vuelve a aumentar hasta niveles preocupantes en personas con enfermedad cardíaca existente. Hasta donde yo puedo saber, mi amigo no tiene ninguna enfermedad cardiaca, aunque sospecho que debe padecer de hipertensión.

También se ha encontrado que las personas que han realizado un ejercicio físico intenso durante más de 5 horas a la semana durante varios años eran un 19% más propensos a desarrollar una fibrilación auricular a los 60 años que los que practicaban ejercicio menos de una hora a la semana. Hay más estudios que encuentran relaciones de este tipo, como este en relación a los aneurismas y este a la función endotelial.

Mientras escribo esto no estoy pensando en defender el sedentarismo ni centrarme en alertar de los peligros de pasarse con el ejercicio físico. Existen peligros mucho mayores en conductas como fumar y montar en moto, y no por eso hay que demonizar ninguna de ellas, aunque sólo sea para no generar rechazo en quienes las realizan. En lo que pienso es en mi amigo, en su vida, en cómo en una etapa estuvimos enfrascados en luchas por la justicia, comprometidos y en conflicto hasta con nuestras respectivas familias. Pienso en cómo vive sus aficiones de una forma intensa, quizá demasiado, y cómo nos responde en ocasiones cuando le comentamos que quizá está siendo un poco excesivo: “Cuando estoy corriendo, tengo la mente ocupada. Me ayuda a no pensar en los problemas”.

 

running

 

Mi amigo corre para no pensar en los problemas y probablemente esto le ha permitido sobrellevar su vida, en la que ha sufrido enormemente durante años. Su forma de encontrar un sentido ha sido la de entregarse a las causas con generosidad, siempre abierto a los demás y siempre dispuesto para ayudar en lo que haga falta. Una persona capaz de reconocer los actos honorables de otras personas y dispuesta para estar a la altura como una especie de obligación moral: si alguien ha hecho algo digno de mérito, se le admira y se le responde con el mismo grado de compromiso. Así ha sido siempre.

Ahora está en la UCI y comentan los más cercanos que los médicos hablan de “muerte cerebral”. Esperarán unos días para ver qué pasa y si sigue igual plantearán desconectarlo. Yo estoy en casa escribiendo esto de madrugada y no puedo dejar de pensar si ha valido la pena el dedicarse de la forma en que lo ha hecho a correr a niveles que pueden suponer un riesgo. Aunque pueda parecerlo, la respuesta no es fácil.

Todas las personas necesitamos al menos una buena razón para levantarnos cada la mañana. Puede ser un trabajo, los/as hijos/as, llegar a la tarde para ver una película o tomar algo con los amigos, leer, ir a clases de algo como fin en sí mismo o como medio de aprender algo útil para la vida que queremos llevar. La vida es principalmente eso, un constante discurrir del tiempo en el que vamos haciendo cosas que nos distraen de la muerte, tanto la física como la que supone de alguna manera el no tener nada por lo que seguir viviendo. Puede ser enormemente gratificante, pero no por ello deja de ser así.

Algunas nos aportan beneficios más o menos inmediatos y otras nos ofrecen premios en diferido. Pero también es habitual que hagamos cosas que ofrecen al mismo tiempo beneficios inmediatos y costes diferidos en el tiempo o que estimamos poco probables. Ocurre cada día cuando cruzamos un paso de peatones en rojo, elegimos el bollo con mayor cantidad de azúcar una y otra vez y dedicamos demasiado tiempo a escribir artículos en lugar de ir sacando trabajo pendiente de la consulta. Quizá no se trate tanto de hacer siempre lo que nos mejora la salud, lo más productivo y lo más conveniente desde un punto de vista racional sino de que lo que hagamos sea aquello que tenga un significado para nosotros. Si mi amigo no se hubiera dedicado a correr, es posible que el riesgo de quitarse la vida habría estado presente, y quién sabe lo que habría ocurrido.

Pero no me resigno a pensar que está bien así y que no había alternativa. Me temo que mi amigo podía elegir correr pero hasta donde yo sé, nunca eligió (por no saber de sus beneficios, por prejuicios, por miedo, por motivos económicos) acceder a alguien con quien aprender a dirigir su vida hacia conductas significativas que le permitieran vivir satisfactoriamente sin ponerla en peligro. Esto es desde mi punto de vista lo que hacemos en una terapia psicológica. No puedo evitar pensar que si hubiera acudido a un profesional de la psicología, es posible que ahora no estuviera al borde de la muerte en la cama de un hospital. Pero a uno de los de verdad, no de esos que andan por ahí con título o sin él que no saben aplicar sino procedimientos carentes de las mínimas nociones científicas sobre el comportamiento humano.

Me apena mucho pensar en todo esto. Quizá yo esté equivocado y el ejercicio físico no ha tenido nada que ver con el derrame cerebral, pero esta es la parte menos importante. Lo que realmente me da vueltas es cómo esta maravillosa persona ha vivido gran parte de su tiempo haciendo cosas en las que creía y que también, de una forma o de otra, hacían que su vida fuera un poco menos desgraciada. Todos hacemos lo mismo en algún grado, y por eso no podemos cometer la hipocresía de juzgar la forma de vivir de nadie, ni siquiera cuando consideramos que está profundamente equivocado. La única excepción que se me ocurre es que alguien dañe a otras personas de forma prevenible. No creo que tampoco sirva para nada hacer un juicio moral en ese caso, pero sobre todo, no es el caso que nos ocupa.

Seguimos esperando el milagro. Ocurra lo que ocurra, gracias por tu generosidad.

 

PD: Son las 11:25 de la mañana y acabo de enterarme de que Miguel ha fallecido. Qué mierda.


4 Respuestas a “Tener una buena razón para levantarte cada mañana”

  1. Ángel octubre 4, 2015 a 16:29 #

    Tu planteamiento es una ecuación. Es simple, directa y de una sola incógnita.
    La X es Dios.
    Puedes ir del punto A al punto B si quieres. Pero partiendo ya de que sabes dónde (quién) es el punto B, te lo puedes plantear a la inversa, es decir, si Dios existe qué quiere de mi amigo, de mí, por qué hace esto o aquello…
    Por experiencia, sé que Dios es muy “celoso” de sus porqués, más bien pregúntate: ¿para qué Dios quiere esto o aquello? más que ¿por qué Dios quiere esto o lo otro?
    Dios es una definición digamos algo … hetérea. ¿Es una energía? ¿es el Cosmos? ¿es un extraterrestre? …
    Concreta:
    Cénctrate en Jesucristo. Lee sobre Él si quieres, da igual, te van a dar mentira y verdad mezclada como todo en esta vida, ya sea política, economía, historia, lo hace o dice la gente,bla bla bla…ya orás discerniendo por tí mismo y separando.
    Pero no está muerto, es cierto que lo mataron. Dale una oportunidad a la hipótesis de que resucitara y que está a tu lado realmente. De que te ve, te oye, y hasta te ¡ama!. ¡Qué leches!, hasta te contesta (a su manera).
    Dile sencillamente con tus palabras algo así como:

    “Jesucristo, si realmente existes, me gustaría conocerte”.

    Rezo por tu amigo, rezo por tí. God bless you!

    • eparquio
      eparquio octubre 5, 2015 a 13:38 #

      Gracias Ángel. Respeto mucho que tú elijas llamar a eso “Dios” o “Jesucristo”. Yo lo llamo leyes de la materia, y estoy seguro de que a mi amigo le gustaría más esta definición. Un saludo.

  2. Paula Andrea Maldonado octubre 4, 2015 a 23:33 #

    Eparquio, siento mucho lo de tu amigo, aunque no le he conocido a él ni te conozco personalmente a vos, no es agradable la noticia de saber que alguien ha perdido un ser querido a temprana edad.
    Te sigo hace un par de meses porque me gusta mucho lo que escribís y cómo lo escribís, y me dió de cerca este post tuyo.
    La historia de tu amigo me llevó a mi propia historia y a la de mi papá. Por las cosas que le sucedieron en la vida y por la forma de morir.
    Me dejaste pensando con eso que escribiste de acerca de los terapeutas que, con o sin título andan por ahí ofreciendo su servicios sin sustento científico, y lo peligroso que puede resultar…
    Te saludo desde la Patagonia Argentina. Mi más sentido pésame.
    Paula M

  3. mary octubre 29, 2015 a 23:06 #

    Querido Eparquio, siento mucho lo de tu amigo.
    Es verdad que nadie hace nada por nada, todos hacemos lo que hacemos esperando de alguna u otra manera una compensación o quizás que algún dia cuando lo necesitemos se nos devuelva, y ello, desde mi punto de vista, es perfectamente lícito.
    En estos últimos meses tener una razón por la que levantarme cada mañana me ha ayudado a seguir adelante. Pero he de decir que ha sido como complemento a las diversas terapias psicológicas que un profesional de verdad me dio. Una vez mas gracias querido amigo y un gran saludo

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