Defensa de la ciencia

 

Hoy me he levantado con las musas animadas y he escrito una adaptación del poema “Defensa de la alegría” a la que llevaba tiempo dando vueltas. No suelo publicar estas cosas en el blog y tampoco encuentro una buena razón para no hacerlo. Espero que les guste.

 

DEFENSA DE LA CIENCIA

Defender la ciencia como una trinchera
defenderla del escándalo y el silencio
de la autoridad y las autoridades
de las verdades transitorias
y las definitivas

 

defender la ciencia como un principio
defenderla del dogma y las pesadillas
de los crédulos y de los conspiradores
de las noticias del día
y los zafios expertos

 

defender la ciencia como un viento
defenderla de la publicidad y los propagandistas
de los métodos y de los escépticos
de la retórica y las tendencias
de la teología y la teleología

 

defender la ciencia com una actitud
defenderla de las urgencias y de las apariencias
de los ‘haters’ y los ‘fanboys’
de la locura y de la cordura
de la obligación de parecer científicos

 

defender la ciencia como una duda
defenderla de la austeridad y las promesas
de los investigadores y los profetas
del comercio y del oportunismo
de los proxenetas de la publicación

 

defender la ciencia como un derecho
defenderla de dios y del pesimismo
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las universidades
de la fe
y también de la ciencia

 

No estamos locos

El pasado fin de semana se celebró el #Naukas15, el mayor evento de divulgación del año, donde se reunió a más de 70 divulgadores/as de disciplinas muy diferentes. Esta es la primera edición en la que participo y quise aprovecharla para hablar de un tema que me preocupa desde hace años por sus implicaciones para la salud y la lucha contra el sufrimiento de las personas: la consideración de los problemas psicológicos como trastornos mentales o enfermedades.

Las charlas tienen una duración máxima de 10 minutos bajo amenaza de ser expulsado del escenario por el gran (en todos los sentidos) Fernando de la Cuadra como ocurrió en ocasiones, así que hay que ir rápido y al grano. Este es el resultado.

 

Aunque el título de la charla es “No estamos locos”, al final es posible que sí estemos todos un poco locos y locas, y que por eso tengamos que defendernos de los que quieren etiquetar nuestra sana locura como enfermedad.

No es la depresión la que te hace todo eso

Cuando hablamos sobre la depresión, ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente? Hace unos días debatíamos en Twitter sobre la llamada “viagra femenina” y recibí esta respuesta a una de mis publicaciones.

Recuerdo que en la universidad nos repetían: “recuerden que la depresión no existe como tal, no es algo que podamos ir a buscar en el cerebro de la persona ni en su conducta: la depresión es un constructo útil”. Más allá de la utilidad del constructo “depresión” (de la que dudo), estaba claro que la depresión no es más que un conjunto de conductas que aparecen en a persona ante unas contingencias concretas. No es algo que pueda producir bajo deseo sexual o cualquier otro problema, porque la depresión como tal no existe, es una invención. El bajo deseo sexual es una conducta que, cuando aparece junto a otras, puede formar parte de lo que llamamos “depresión”.

El problema es que la carga de esa frase va más allá de “qué causa qué”. Asumir que el deseo sexual es provocado por una depresión parte de la idea de que la depresión es algo que ocurre en el interior de la persona, una enfermedad, algo alterado que provoca bajo deseo sexual o que, en el mejor de los casos, lo incluye como síntoma. Pero la depresión no es una enfermedad. Sería muy largo explicar aquí cómo la melancolía de la Edad Media se fue convirtiendo progresivamente en la depresión que hoy aparece en los manuales diagnósticos, cambiando la posesión demoníaca y la acumulación de bilis negra por supuestas alteraciones neurofisfiológicas. El conjunto de conductas llamadas depresión deben ser explicadas, y la explicación más parsimoniosa y científica la encontraremos en la interacción de la persona con el entorno y los más que probados procesos de condicionamiento clásico y operante en toda su extensión (para conocer mejor estos procesos, les recomiendo este libro)

La depresión es un conjunto de respuestas que aparecen ante determinadas situaciones

La depresión es un conjunto de respuestas que aparecen ante determinadas situaciones

La depresión es una respuesta ante determinados contextos, que incluyen no sólo las contingencias del entorno sino las del contexto socio-verbal en el que la persona vive y se desarrolla. La depresión es un conjunto de respuestas que aparecen en la persona y que pueden estar mantenidas a su vez por lo que hace cuando aparece ese cuadro que llamamos “depresión”. Más que una “depresión en la persona”, deberíamos hablar de una “situación depresógena” en la que la persona se encuentra. Esto no quiere decir, por supuesto, que no puedan darse condiciones biológicas que den como resultado la aparición de ese conjunto de respuestas al que llamamos depresión. Pero en ese caso no se trataría la depresión en sí, sino la enfermedad biológica que está causando la depresión. Tampoco podríamos descartar que existieran variantes genéticas que facilitaran la aparición de las respuestas características de la depresión, pero esto es por ahora una hipótesis.

La depresión no causa el deseo sexual hipoactivo. En todo caso, y si este apareciera de forma concurrente a otras respuestas características de la depresión, deberíamos buscar la causa de ambas. Y una vez descartada la enfermedad médica (y que esa depresión pudiera ser directamente atribuida a la causa médica sin mediar variables psicológicas), la opción más científica es dirigirnos a la interacción entre la persona y el contexto. Lo demás son inventos interesados.

No sabes nada de conductismo

behaviourism

 

Comentario de una paciente a su psicólogo al finalizar la terapia:

“La razón por la que ahora mantengo esa relación íntima (se refiere a una relación de pareja) es que tú estuviste ahí conmigo. Es un cambio tan extraordinario… Si no hubiera sido por ti no la tendría. Aquí contigo ha sido la primera vez que me he encontrado en un lugar seguro para hablar de mis sentimientos y para encontrar razones por las que es deseable tener una mejor sexualidad. Hubo un periodo en el que me sentía más atraída por ti y tu aceptaste mis sentimientos. Aprendí que es mejor ser completa y sentir mi sexualidad que permanecer acorazada y vacía. Y eso lo practiqué aprendiendo a ser sincera contigo.”

Extraído del libro “Psicoterapia Analítica Funcional. Creación de relaciones terapéuticas intensas y curativas” de de Robert J. Kohlenberg y Mavis Tsai (1991).

 

Y todavía hay quien piensa que el conductismo es sólo palomas y cajas de Skinner. Eso sí: los principios son los mismos.

La “viagra femenina” no es la solución a la falta de deseo sexual

Saben que la FDA ha aprobado –después de haberla rechazado en dos ocasiones –  la comercialización de Addyi, un fármaco cuyo principio activo es la flibanserina. Según sus fabricantes, el laboratorio Boehringer Ingelheim, este principio actúa sobre algunos neurotransmisores (activando los receptores de serotonina e inhibiendo los de dopamina) aumentando el deseo sexual, aunque las pruebas hablan de una eficacia sólo un poco superior al placebo y con efectos secundarios como mareos, somnolencia, fatiga, insomnio y sequedad en la boca que afectan a más del 10% de las mujeres.

Hoy hemos estado hablando en Twitter sobre las consecuencias de la comercialización de una pastilla como esta. En primer lugar, se trata de un tratamiento farmacológico para un trastorno sexual recogido en el DSM (manual de referencia en el diagnóstico de los “trastorno mentales”) como “Trastorno del deseo sexual hipoactivo”. Se asume de entrada que existe una enfermedad o trastorno en la persona, y que el fármaco actúa para disminuir los efectos de dicha enfermedad. Por razones más económicas que científicas, ese modelo farmacológico impera en salud mental aunque no se corresponde con lo que sabemos sobre la adquisición y mantenimiento de conductas, adolece de pruebas y provoca graves consecuencias.

 

Ya no hay excusa para que no le apetezca, pensarán algunos.

Ya no hay excusa para que no le apetezca, pensarán algunos.

 

LA FALTA DE DESEO SEXUAL COMO ENFERMEDAD

La primera de ellas, y de la que nacen todas las demás, es que este trastorno (o cualquier otro) se concibe como el conjunto de síntomas de una alteración interna de la persona, generalmente del sistema nervioso. Se asume que esa alteración existe, aunque no se haya encontrado un claro marcador biológico para ninguno de los trastornos mentales recogidos en los manuales DSM y CIE. Se supone que existen, pero después de décadas de estudios, solamente contamos con un puñado de correlaciones (como que cuando la persona está triste, se observa una actividad reducida en el cortex prefrontal ventromedial, entre otras ). Ninguna alteración clara que permita distinguir a un organismo normal de uno “enfermo” o “alterado”.

Una de las razones principales de esto es que el sistema nervioso (nos referimos a él en la medida que se asume cada vez más que la conducta es producto del cerebro, algo creado por este como causa última) va cambiando con la experiencia. Los procesos de plasticidad neuronal, provocan que el sistema nervioso se modifique a medida que interactuamos con el entorno, lo que convierte a la medida neurofisiológica en variable dependiente de la interacción entre la persona y el contexto. Esto implica que tanto la aparición de la alteración neurológica como la de una conducta específica son generalmente producto de otras causas, que provoca tanto la conducta normal como la anormal.

Por tanto, ni siquiera aunque se encontrara una alteración neurofisiológica clara se podría decir que el “síntoma” de la persona es consecuencia de esa alteración cerebral. Simplemente estamos considerando que ciertas conductas son disfuncionales por otros motivos que nada tienen que ver con el cerebro. Entonces, si el fármaco no actúa sobre la “causa cerebral” del problema, ¿qué es lo que hace?

 

La enfermedad mental se concibe como un trastorno del cerebro y/o la mente.

La enfermedad mental se concibe como un trastorno del cerebro y/o la mente.

 

SUSTANCIAS QUE PROVOCAN EFECTOS PSICOACTIVOS

No hace falta explicar que los fármacos no son sustancias que uno introduce en su cuerpo que se dirigen exclusivamente a la diana sobre la que queremos que actúen, sino que se propagan por todo el organismo provocando diversos efectos. Cuando esos efectos producen cambios considerados beneficiosos (bajan la fiebre, eliminan una bacteria, reducen del dolor) que son superiores a los no deseados, a los producidos por un placebo y con pruebas de su seguridad, entonces puede salir al mercado.

Si el efecto principal de ese fármaco es el de producir efectos estimulantes, deprimentes, narcóticos o alucinógenos, entonces podemos denominarlo “droga”, aunque esta palabra esté tan cargada de tintes peyorativos que genera en muchas personas un rechazo instantáneo. Los psicofármacos son siempre drogas en ese sentido, sustancias que producen multitud de efectos en el sistema nervioso (y otros sistemas), algunos de los cuales interesan especialmente. Llegados a este punto, podemos decir que Addyi es un fármaco (o droga) que produce una gran cantidad de efectos, entre ellos el de aumentar en algunas mujeres el deseo sexual (bastante poco, por cierto: un aumento de 0’5 a 1 encuentros sexuales satisfactorios más frente al aumento de 0’3 a 0’4 que se relaciona con el placebo).

El problema es que el bajo deseo sexual no es una enfermedad en sentido médico. No es un “síntoma” de una alteración biológica, sino una respuesta que en muchos casos (salvo una enfermedad real o el consumo de un fármaco que reduzca el deseo sexual, como ocurre frecuentemente con los antidepresivos) aparece ante la falta de reforzadores en la vida de la persona, ya sean sexuales o de otro tipo. Los problemas de pareja, las malas experiencias en las relaciones sexuales, la falta de una estimulación adecuada y suficiente, pero también la pérdida del empleo, la muerte de un familiar cercano o un exceso de estrés derivado de una acumulación de tareas laborales y domésticas son causas habituales del bajo deseo sexual. El deseo sexual hipoactivo es consecuencia mayoritariamente de variables que encontramos en la interacción de la persona con el contexto, no de una enfermedad biológica subyacente que nunca ha sido encontrada.

 

¿No te apetece? Entonces estás enferma y necesitas tratamiento.

¿No te apetece? Entonces estás enferma y necesitas tratamiento.

 

EFECTOS COLATERALES DEL FÁRMACO NO CONTEMPLADOS

En este caso, un fármaco (por muy eficaz que fuera y muy pocos efectos secundarios provocara) no sería el tratamiento de elección salvo para unos pocos (aunque también importantes) casos en los que la causa del bajo deseo sexual ha sido identificada en el organismo de la mujer, como una enfermedad grave de cualquier tipo (oncológica, genital u hormonal, por ejemplo). En el resto de casos, la pastilla sería un tratamiento sintomático del problema que no incidiría en las causas, lo que podría retrasar que se abordaran eficazmente. La falta de deseo sexual puede ser indicador de un problema de pareja que hay que resolver, y su eliminación podría prolongarlo innecesariamente.

Creo hay bastantes razones con lo expuesto hasta ahora para dudar de que la “viagra femenina” sea algo tan revolucionario como nos lo están queriendo vender sus fabricantes. Más bien, parece una nueva campaña de marketing de la industria para recuperar la enorme inversión que supone sacar al mercado un nuevo producto. Pero no sólo podría estar dificultando y demorando el tratamiento efectivo de las causas del deseo sexual hipoactivo.

La mayoría de la gente comparte los modelos anatomopatológico y farmacológico de los trastornos mentales que se encuentra en la base de los trastornos mentales tal y como se conciben en los manuales DSM y CIE, y es a partir de estos esquemas como se entiende la salud y la “enfermedad” mental. La gente piensa (tal y como se transmite machaconamente) que se ha encontrado el tratamiento de una enfermedad como si se tratara de la cura del ébola o del cáncer de páncreas, algo que sufre la persona en su interior sin saber muy bien cómo y que es remediado por el fármaco.

Esto convierte a las mujeres con “trastorno del deseo sexual hipoactivo” en enfermas, es algo que les pasa a ellas y que hay que “curar” con el fármaco. Sería incluso una irresponsabilidad y una desconsideración hacia la pareja que no lo tomara si fuera realmente eficaz y seguro. Me estoy imaginando ya a un buen número de mujeres acudiendo a su médico de cabecera para que le receten el fármaco que “cura” su “enfermedad”. Creo que no es necesario explicar las terribles consecuencias de estas creencias en la vida de las mujeres. Mi experiencia (algo que sólo sirve como ejemplo) me dice que muchas mujeres se estarán riendo al escuchar hablar de un fármaco como este. Pero también que otras muchas verán en este fármaco una “solución” a uno de sus problemas sin tener que enfrentarse a la dolorosa tarea de actuar para cambiar sus causas.

NOTA: Para conocer en detalle en cómo funciona la flibanserina, su historia, los estudios al respecto y todo lo demás, no dejen de consultar este fabuloso artículo de Javier Padilla.

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