La homeopatía y el Principio de Hanlon

Según el llamado Principio de Hanlon, no deberíamos atribuir a la maldad lo que pueda ser explicado por la estupidez. No se sabe si el tal Hanlon existió realmente, pero la famosa frase puede resultar útil para analizar la última propuesta del Ministerio de Sanidad, dirigido por Ana Mato: regularizar la homeopatía, permitiendo que estos productos se vendan como medicamentos. Si no se ha quedado usted pasmado, solo puede deberse a que está mal informado o a que tiene algún interés en que una medida tan absurda pueda salir adelante. No hay mucho que hacer si pertenece al segundo grupo. Pero si se encuentra en el primero, quizá debería conocer algunas cuestiones sobre esta pseudomedicina.

El artículo completo en Principia – DA Ciencia

La deplorable situación de los servicios sociales en España

Siempre me ha llamado la atención que, cuando se habla de ‘lo público’, se menciona habitualmente la sanidad, la educación y las pensiones, pero no los servicios sociales. Quizá se debe a que la mayoría de las personas, incluso las de clase trabajadora, no han tenido la necesidad de acudir en su vida a los servicios sociales de su municipio. O quizá no saben que son estos servicios sociales los que garantizan el acceso a algunos derechos, como el de disponer de atención para personas dependientes o de acceder a una renta en caso de ser víctima de violencia de género.

 

La existencia de los servicios sociales lleva implícitas dos cuestiones fundamentales: la aceptación de que vivimos en un sistema que genera desigualdades y la consideración de que el estado está obligado a tomar medidas para reducirlas. En medio de las consecuencias de una crisis estafa como la que estamos viviendo desde 2008, los servicios sociales permiten que todas aquellas personas que agotan su prestación por desempleo, aquellas mujeres que tienen que huir de sus casas y no cuentan con recursos para empezar una nueva vida y aquellos que necesitan un apoyo psicosocial para salir de una situación de exclusión social, puedan contar con los apoyos necesarios para vivir y seguir ejerciendo sus derechos.

Los servicios sociales garantizan derechos fundamentales, al igual que la educación, la sanidad y las pensiones

Los servicios sociales garantizan derechos fundamentales, al igual que la educación, la sanidad y las pensiones

 

Los servicios sociales y la transformación social

 

Resulta difícil entender el papel que cumplen los servicios sociales si nunca has acudido a ellos o no has trabajado en ese ámbito. Por sus dependencias pasan todo tipo de personas que, por diferentes circunstancias vitales —la inmensa mayoría de ellas, relacionadas de una u otra forma con la economía— ejercen su derecho a contar con el apoyo de las administraciones públicas para tener una vida digna. Ese es un derecho conquistado que debemos defender entre todas las personas, tanto aquellas que actualmente utilizan los servicios sociales como todo las que no contamos con el privilegio de estar suficientemente lejos del umbral de la pobreza como permitirnos perder el llamado “cuarto pilar del estado del bienestar”.

Hay quien considera, sin embargo, que los servicios sociales suponen una manera de justificar la desigualdad: el sistema capitalista genera la pobreza, y si queremos transformarlo en otro más justo, no podemos permitir que desarrolle medidas para justificar el status quo. No puedo estar en absoluto de acuerdo con esta afirmación. Los servicios sociales no son un regalo de los poderes económicos para garantizar la pervivencia de un sistema desigual, sino una conquista de las luchas de la clase trabajadora como las cuarenta horas semanales o el salario mínimo. Si nos planteamos en serio que la construcción de un sistema más justo pasa por condenar a la indigencia más absoluta a la mayoría de la población, es que tenemos nuestro sistema de valores bastante afectado.

Comparto la idea de que este sistema hay que cambiarlo, que no hay espacio en el capitalismo para desarrollar una sociedad que aspire a la justicia social. Solamente con un sistema que garantice un desarrollo sostenible social y ecológicamente, que en lugar de crear desigualdades tienda a eliminarlas y que no necesite de un crecimiento permanente, podemos comenzar a plantearnos alcanzar esa justicia social. Quizá me equivoque, pero hasta el momento no encuentro alternativa razonable.

Pero también creo que en derechos no se debe ir nunca hacia atrás. No se puede renunciar a los conseguido para aspirar a algo mejor. En primer lugar, porque las consecuencias sociales de una medida como esa, y en segundo lugar, porque aumentar las coberturas sociales sólo será posible en un estado con una economía más justa, lo que implica, a mi entender, un cambio de sistema.

En la defensa de los servicios sociales, sólo se puede ir hacia adelante

En la defensa de los servicios sociales, sólo se puede ir hacia adelante

 

El Índice DEC y los resultados del informe de 2013

 

Recientemente, la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales ha publicado un informe con los datos de 2013 del Índice DEC, creado por esta asociación como un instrumento de medida del desarrollo de los servicios sociales en el estado español y en cada una de sus comunidades autónomas. Este índice es el resultado de analizar tres aspectos relacionados con los servicios sociales:

 

  • el de derechos y decisión política, que incluye la existencia de una ley que reconozca los derechos subjetivos y una cartera que desarrolle estos derechos publicada en el Boletín Oficial, entre otros;
  • el de relevancia económica, que evalúa el gasto por habitante, el porcentaje que representa con respecto al PIB regional y al gasto total ejecutado por la Comunidad Autónoma, y
  • el de cobertura, que valora la existencia de estructuras básicas (equipos profesionales e infraestructuras), el porcentaje de personas beneficiarias de las medidas de apoyo a la dependencia y la discapacidad, y otras.

 

Pues bien, los resultados obtenidos tanto por el estado como por las comunidades autónomas son deplorables. España obtiene una puntuación global de débil y solamente tres comunidades obtienen un nivel alto o medio: Navarra, País Vasco y La Rioja. El resto se encuentra en un nivel medio—bajo y débil, quedando Valencia, Canarias, Galicia, Madrid, Murcia y Andalucía en el calificado como irrelevante, lo que implica un claro déficit en el desarrollo de los servicios sociales en la mayoría de las comunidades, y sobre todo en estas últimas. Ninguna obtiene la calificación de excelente.

 

Las conclusiones principales del informe son demoledoras. Con respecto a los servicios sociales en el conjunto de las comunidades del estado español, se observa

 

  • un nivel débil de desarrollo,
  • un estancamiento del sistema,
  • una extraordinaria disparidad entre las comunidades autónomas,
  • la necesidad de mejorar la gestión y de apostar por aumentar el protagonismo local,
  • la falsedad de esa idea de que los servicios sociales son determinantes en el déficit de las comunidades autónomas y
  • los extraordinarios déficit de información que siguen existiendo en materia de servicios sociales.

 

Uno de los datos importantes que aporta el informe es el retroceso en servicios sociales debido a los recortes y el aumento de demanda relacionada con el desempleo, que se suma al tradicional atraso en esta materia por habernos incorporado de manera tardía a las estrategias de bienestar a causa de la dictadura franquista. Junto a este dato, yo incorporaría la extraordinaria implantación de organizaciones vinculadas a la iglesia católica. Hablo principalmente de Cáritas, que sumando todos sus ‘satélites’ ha sido desde siempre una de las mayores perceptoras de financiación pública del país.

 

La solidaridad se ejerce de igual a igual, la caridad se ejerce de arriba a abajo

La solidaridad se ejerce de igual a igual, la caridad se ejerce de arriba a abajo

 

La puntuación del conjunto de las comunidades autónomas sólo aumenta en dos décimas la de 2012, pasando de un 4,72 al actual 4,92, que no se puede imputar a un aumento de las partidas destinadas a este fin —que realmente se ha reducido en más de 478 millones de euros desde 2009 a 2012— sino a una mayor información por parte de la ciudadanía sobre estos recursos. Dicha puntuación no podría entenderse sin conocer que la escala va de 0 a 10, lo que sitúa a los servicios sociales aproximadamente en la media.

El informe incluye además un análisis por cada comunidad autónoma. En el siguiente artículo, analizaré los datos correspondientes a Canarias por resultarme más conocidos y por encontrarse esta comunidad entre las de puntuación más baja. Para acabar, el informe recoge las recomendaciones de los autores del informe, muchas de las cuáles contienen una importante denuncia sobre la situación actual de los servicios sociales en el conjunto del país y los recortes que acabar con nuestro derecho a la protección social.

 

¿De qué nos hablan realmente los resultados del Índice DEC?

 

Hasta el momento me he limitado a dar datos de forma aséptica, como si sólo se tratara de conceptos referidos a entidades abstractas, pero nada más lejos de mi intención. Los resultados del Índice DEC nos hablan del reconocimiento de derechos por ley y de personas cuyo trabajo consiste en garantizarlos; de otras personas que necesitan unos ingresos para poder, al menos, subsistir; de plazas residenciales para personas mayores y personas con discapacidad; de centros ocupacionales; de mujeres víctimas de violencia de género que no podrían salir de su situación sin apoyo y de personas sin hogar. Todas ellas, situaciones inaceptables para una sociedad que se pretenda medianamente democrática.

Los datos del informe nos hablan de personas reales que, por diferentes circunstancias, necesitan que entre todos y todas les permitamos ejercer los mismos derechos de los que disfrutamos los demás. Nada más y nada menos que eso. Tengamos eso en cuenta cuando se nos pase nombrar a los servicios sociales en nuestras conversaciones sobre ‘lo público’: sin los servicios sociales, la desigualdad se convierte en un sumidero de personas.

 

La pobreza es real y tiene nombres y apellidos

La pobreza es real y tiene nombres y apellidos

 

Recomendaciones del informe

 

Las recomendaciones que los autores del informe sobre el desarrollo de los servicios sociales en España son una alerta sobre la deplorable situación a la que están empujando a un recurso  que garantizan en último término que cualquier persona pueda ejercer sus derechos básicos, independientemente de su nivel educativo o de su renta. Las peticiones son claras:

 

  • Desarrollar una regulación que garantice el acceso de todos los españoles a las condiciones básicas que garanticen la igualdad, lo que implica un trabajo conjunto con las comunidades autónomas pero, sobre todo, mucha decisión política y mucho apoyo por parte de todos y todas.
  • Articular un sistema de información de servicios sociales, de manera que todas las personas puedan conocer y ejercer sus derechos.

 

Además, y con más urgencia que provoca la actual situación, deberían desarrollarse las siguientes medidas:

 

  • Comprometerse, al menos, en el mantenimiento del gasto en materia de servicios sociales, un gasto del que se afirma su retorno en un 43,2%. Personalmente, no creo que este deba ser un argumento a tener en cuenta para desarrollar esta medida.
  • Pasar de las llamadas Rentas Mínimas de Inserción, que obligan al usuario a iniciar un proceso de inserción laboral en medio de un desempleo que afecta a la cuarta parte de la población activa y que sigue en aumento, a una Garantía de Ingresos Mínimos, una prestación con carácter de derecho subjetivo que garantice los ingresos para cubrir la necesidades básicas, donde el apoyo para la inserción se ofrezca como un derecho y no como un deber.
  • Mantener del sistema de atención a la dependencia que garantiza la Ley 39/2006, lo que también produciría retornos sobre la economía y el empleo.
  • Mantener el llamado Plan Concertado, que permite mantener una red de 50.000 trabajadores y trabajadoras y que atiende a ocho millones de usuarios en estos momentos.
  • Corregir las previsiones de la Reforma de Régimen Local en materia de servicios sociales. Este tema es tan importante que merece un artículo aparte, espero poder escribirlo pronto.
(no comments)

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Política y servicios sociales en España

 

A partir de los datos, se puede afirmar que tanto el PSOE como el PP en casi todo el estado, como Coalición Canaria en las islas y CiU en Cataluña, donde ha gobernado durante siete legislaturas, comparten la responsabilidad de la actual situación de los servicios sociales en el estado español. Ambos partidos han gobernado en aquellas comunidades autónomas con la puntuaciones más bajas en el Índice DEC. Solamente pueden apuntarse un dato positivo en Navarra, la comunidad que más alto puntúa.

La pésima situación de los servicios sociales en España no podría entenderse sin el retraso histórico que provocó el régimen franquista, pero tampoco sin la dejadez de los sucesivos gobiernos estatales y regionales, con los citados partidos a la cabeza. Ellos son también responsables del subdesarrollo social de España, como diría el economista Vicenç Navarro (1), y las medidas que han desarrollado en las dos últimas legislaturas no han contribuido sino a aumentar esta lamentable situación.

La gravedad del asunto implica tomar medidas políticas urgentes y contundentes que no sólo mantengan, sino que aumenten la cobertura social con el fin de evitar una situación de crisis humanitaria, donde en lugar de refugiados por conflictos bélicos —la pobreza es una de las más deplorables formas de violencia, a mi entender— nos encontramos con personas sin hogar, hacinadas en viviendas familiares y sin recursos para sobrevivir. Y que se actúe en consecuencia a la hora de elegir a los representantes políticos si no desarrollan políticas en este sentido.

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1 Aquí tienen un fantástico artículo suyo sobre el desarrollo de los servicios sociales en España.

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El peligro de los adivinos, los videntes y otros magufos. Entrevista en Onda Cero

El pasado domingo 24 de noviembre de 2013 estuve hablando con Isabel Gemio en “Te doy mi palabra”, el programa matinal que dirige y presenta en Onda Cero, acerca de las personas que creen en videntes, tarotistas y adivinos, dejando claro que no se trata más que de un vulgar engaño que surge de errores de nuestro pensamiento y del uso de algunas técnicas psicológicas.

Isabel Gemio y su programa "Te doy mi palabra" en Onda Cero

Isabel Gemio y su programa “Te doy mi palabra” en Onda Cero

Aunque el programa iba a durar en principio una hora, fue bastante más corto debido a la gran introducción que hizo la presentadora y la extensión de la entrevista a una señora (que por cierto es de Tenerife y debe vivir muy cerca de mi pueblo) a la que un adivino estafó presuntamente más de sesenta mil euros. Por este motivo, al acabar la sección ella me emplazó para seguir con el tema en dos semanas. Por mi parte, estaré encantado de volver, aunque tenga que volver a explicarle que la adivinación es siempre y en todos los casos un engaño.

Puedes escuchar el programa haciendo clic aquí o en el reproductor que aparece más abajo. Espero que les guste.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

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Psicoterapia y pseudociencias: Entrevista en Ágora Luz Radio

Esta semana he participado en el programa de Gabriel Andrade para hablar de pseudociencia y psicología. Desgraciadamente el sonido no era muy bueno, por lo que hubo que quitar la parte donde explicaba la PNL. Notarán que, como además yo hablo poco (Modo Ironía ON), las intervenciones son un poco largas, pero es lo que tienen las entrevistas trasatlánticas. En esta ocasión hablamos sobre la terapia de constelaciones familiares, el eneagrama y las críticas al modelo biomédico de los trastornos mentales. Espero que les guste.

 

Ecologismo y transgénicos: una propuesta desde la izquierda

NOTA IMPORTANTE: Al igual que hace unos días veíamos cómo se censuraba un artículo por parte de Blogger ante una denuncia de Triodos Bank, hoy hemos comprobado que el artículo de Juan Segovia donde daba su opinión sobre los transgénicos ha desaparecido del Mundo Obrero, donde estaba publicado.

En este caso, la retirada del artículo me duele especialmente por tratarse del órgano de expresión del PCE en el que milito desde hace una década. Creo que un periódico como este debe recoger en su seno las diferentes ideas y propuestas para propiciar el debate y permitir que la afiliación pueda tener su propia opinión sobre cualquier asunto, sobre todo ahora que nos encontramos a escasas semanas del XIX Congreso del PCE. Considero que todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones siempre y cuando no difame a otras personas u organizaciones y que no se insulte o se difunda falsa información.

Como ocurrió con el artículo sobre las “Escuelas Waldorf”, la razón principal para republicarlo no es mi coincidencia con las opiniones de su autor, que las hay y muchas. La motivación principal es que no creo que se pueda admitir la censura de ninguna manera.

El artículo original puede leerse también en la caché de Google: xurl.es/rx8rd

ECOLOGISMO Y TRANSGÉNICOS: UNA PROPUESTA DESDE LA IZQUIERDA
Parece haber una guerra abierta del movimiento ecologista en general y de los partidarios de la “agricultura ecológica” en particular contra una tecnología conocida como ingeniería genética, y más concretamente contra los organismos genéticamente modificados, los famosos transgénicos. Los enemigos de esta tecnología sostienen que dichos organismos son potencialmente peligrosos para el medio ambiente y el consumo humano y que su producción lleva al agricultor a perder control sobre sus productos en favor de multinacionales como Monsanto.


En cambio los defensores de los organismos genéticamente modificados (entre los que me encuentro) sostenemos que no hay estudios que demuestren la supuesta peligrosidad de estos organismos (lo que no quita que pueda haber algún estudio concreto de algún organismo concreto, en situaciones experimentales muy concretas). A esta falta de pruebas sobre la peligrosidad se suman las numerosas pruebas en sentido contrario, como la que apuntan que estos organismos pueden contribuir a mejorar el medio ambiente, ya sea gracias a la capacidad de algunos para resistir a las plagas (lo que conlleva un menor uso de pesticidas), la menor necesidad de agua para su producción en otros casos y un largo etcétera de mejoras que hacen que los cultivos sean más resistentes y productivos. A estas ventajas medioambientales se suman también otras para la salud humana. Un buen ejemplo de ello es el arroz dorado, que de ser producido en grandes cantidades podría evitar más de un millón de casos de ceguera al año por déficit de beta-carotenos en Asia, o el trigo sin gluten que recientemente se ha desarrollado en la Universidad de Córdoba.


En cuanto al tema de la dependencia tecnológica de multinacionales, debemos recordar que la agricultura mundial ya dependía de estas mismas multinacionales antes de que existieran los transgénicos y por lo tanto estos no pueden ser nunca la causa de esta dependencia. No se trata de estar en contra de esta tecnología como forma de oponerse a las multinacionales, de la misma forma que nuestra lucha contra los abusos de Microsoft o Apple no nos llevan a estar en contra de la informática sino a apostar por el software libre y gratuito. De la misma forma, en agricultura deberíamos apostar por algo parecido, un sistema público de desarrollo de esta tecnología que permita al agricultor acceder a la misma libremente, reduciendo o eliminando la actual dependencia con las multinacionales. Un camino que ya han iniciado muchos países, como Cuba, donde el estado financia la investigación sobre semillas transgénicas que posteriormente llegarán a los agricultores a precio de semillas corrientes. Gracias a esta tecnología, Cuba ha comenzado a cultivar un maíz resistente a la principal plaga de la isla, reduciendo su dependencia del maíz de importación y por lo tanto mejorando su soberanía alimentaria.


Sin embargo, el análisis básico de los ecologistas sobre el modelo agrícola actual es sustancialmente correcto: El sistema de explotación capitalista de la agricultura es un modelo insostenible desde el punto de vista medioambiental que está generando numerosos problemas como la erosión y pérdida del suelo, la contaminación de ríos y acuíferos por culpa de los abonos nitrogenados inorgánicos y de pesticidas, pasando por la desecación de esos mismos acuíferos, la generación de residuos sólidos, la deforestación de grandes zonas de selva tropical para obtener tierras de labor, etc. A todo esto debemos sumar que el actual modelo agrícola es socialmente injusto por que dificulta la supervivencia a los pequeños agricultores y favorece que a las multinacionales acaparar cada vez mayor parte del pastel; haciendo que los pueblos sean cada vez más dependientes de estas compañías y convirtiendo la alimentación en un producto para especular en lugar de un Derecho Humano con el criminal resultado de que millones de personas mueran de hambre. no por la falta de producción de alimentos sino a causa de esa especulación que tan vilmente enriquece a unos pocos.


Frente a este modelo, la respuesta ha sido la agricultura mal llamada ecológica u orgánica, cuyos heterodoxos planteamientos pueden ir desde posturas más o menos basadas en propuestas racionales que se apoyan en investigaciones científicas serias hasta en las ideas metafísicos de ciertos grupos, amantes de concepciones esotéricas sobre “lo natural” que defienden la vuelta a un supuesto pasado idílico en el que vivíamos en “armonía con la naturaleza”. Si bien de los planteamientos de estos últimos poco se puede sacar de utilidad, lo cierto es que gracias a los primeros tenemos conceptos tan valiosos como el de lucha integrada contra las plagas, la combinación de cultivos para aumentar la resistencia frente a enfermedades, el compostaje, la protección del suelo mediante setos y/o técnicas de laboreo adecuadas y otras propuestas que suponen una valiosa contribución a un futuro modelo de agricultura sostenible que garantice el derecho de la humanidad a una alimentación sana y de calidad. Muchos de los defensores de la tecnología transgénica califican a la agricultura ecológica de anticientífica y a sus partidarios de tecnófobos radicales que rechazan irracionalmente el avance tecnológico. Postura esta última irracional, absurda e insostenible, ya que si bien es cierto que dentro de este movimiento hay mucho new age pasado de peyote; lo cierto es que, como reza el dicho, no todo el monte es orégano y agricultores ecológicos hay de muy diverso pelaje: desde luditas radicales a simples agricultores convencionales que ven una oportunidad de conseguir con la moda de “lo orgánico” mejores mercados y un precio más justo por su producto. No obstante, la mayoría de ellos comparten una preocupación genuina por el medio ambiente y la búsqueda de un modelo agrícola alternativo que sea medioambientalmente sostenible y que garantice la soberanía alimentaria de los pueblos. Algo con lo que desde un planteamiento de izquierdas difícilmente puede estarse en contra.


Desgraciadamente, hoy en día estas técnicas por si solas no pueden competir ni de lejos en producción con las de la agricultura tradicional. El producto ecológico es un producto caro que sólo tiene futuro gracias a un sector de la población que posee dos características muy específicas: un poder adquisitivo suficiente para poder hacer frente al sobreprecio que supone esta forma de explotación y la creencia de que estos productos son mejores para su salud personal o que dicho producto tiene ciertas cualidades organolépticas superiores (el consabido tomate “que sabe a tomate de los de antes”) que le lleva a pagar ese sobreprecio. Así, lo que en principio pretende ser una respuesta contra la agricultura capitalista, acaba siendo integrado en este sistema como (ironías de la vida) un producto de lujo. A esto ha contribuido enormemente el hecho de que para considerar a un producto como “ecológico” no tiene que probar que es ambientalmente sostenible, sino solamente que en su producción no se han utilizado productos químicos de síntesis. Es decir, que unos kiwis producidos en Nueva Zelanda sin productos químicos de síntesis y transportados a Europa por avión obtendrían su sello de orgánicos pese a que la huella ecológica debida a ese transporte por avión sea posiblemente muy superior a la de cualquier producto cultivado en las cercanías del lugar de consumo, sea o no orgánico. De la misma forma, será considerado ecológico un producto abonado con abonos orgánicos, aunque estos sean utilizados excesivamente y contaminen (que también pueden) un cauce de agua próximo.


Debemos entender que la actual agricultura ecológica no es hoy en día una alternativa, sino una parte más del modelo capitalista de explotación agrario, que con el marketing de la defensa de “lo natural” tiene como público objetivo a las clases más pudientes de dicho sistema. Plantear una batalla agricultura ecológica contra convencional carece de sentido pues ambas se encuentran integradas en el modelo de mercado capitalista, cada una dirigida a grupos de consumidores diferentes, uno más generalizado y el otro más especializado y pudiente. Frente a esto debemos plantearnos un modelo de producción agraria diferente que sea realmente sostenible para el planeta, que permita garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos y una buena calidad de vida al agricultor, y que al mismo tiempo proporcione alimentos de calidad a un coste asequible para cualquier persona. Un modelo así requiere tener en cuenta una gran cantidad de factores, desde los sociales y económicos relacionadas con los medios de producción y la propiedad de la tierra hasta los relacionados con los métodos de producción, como las técnicas de cultivo para emplear o la selección de plantas adecuadas. En este modelo sostenible los transgénicos son una herramienta agrícola más que contribuyen con semillas más resistentes tanto a enfermedades y plagas como a sequías o heladas. Desde esta perspectiva basada en el concepto de producción integrada sostenible, la soberanía alimentaria de los pueblos y la consideración del derecho a comer como un derecho humano fundamental que debe ser garantizado por los poderes públicos mundiales, los cultivos transgénicos son perfectamente compatibles con los planteamientos ecologistas, pudiendo convertirse en una tecnología extremadamente valiosa en la consecución de esos objetivos.


Juan Segovia. Militante del PCA e Izquierda Unida Andalucía y miembro del grupo promotor del Área de Ciencia en Izquierda Unida. Twitter: @juanillosegovia
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