Los libros nos enseñan aunque no sean de autoayuda

Ha pasado ya más de un año desde que se publicó “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” A lo largo de este tiempo me han escrito muchas personas para contarme su satisfacción con él y para expresarme dudas y algunas críticas a las que me parece interesante responder. Publicar todas las respuestas en un mismo artículo es demasiado, así que iré publicando cada tema por separado. Me gustaría empezar por un asunto sobre el que he hablado con algunas personas que han leído el libro y que quiero aclarar, y es si los libros nos “enseñan”.

Los libros nos permiten volar con la imaginación

Los libros nos permiten volar con la imaginación

Una de las preguntas que más veces me han hecho es si pienso que ningún libro de autoayuda sirve realmente para ayudar a cambiar el comportamiento, como si eso no fuera posible porque los libros no tienen ese poder, esa capacidad de producir un cambio. Parece que no he sabido explicar este asunto con suficiente claridad. Por supuesto que los libros pueden hacer que cambiemos nuestra forma de actuar, pensar o sentir en relación a una circunstancia concreta o ante un tipo de circunstancias, pero esto hay que analizarlo cuidadosamente.

Está claro que leer permite aprender ideas y conceptos, cambiar nuestra forma de comportarnos ante determinadas situaciones y reforzar ciertas creencias por encima de otras. Los avances que se han realizado en el estudio de la conducta verbal, el seguimiento de reglas, las relaciones de equivalencia y la transformación de funciones, nos están permitiendo entender cómo se aprende y se va modificando una forma de estar en el mundo que es absolutamente individual. Eso no quiere decir que no compartamos con otras personas una forma de responder ante una situación o un estímulo, al contrario: la inmensa mayoría de esas conductas serán compartidas con otras personas, porque es interactuando con otras personas como  las aprendemos.

Ningún género literario promete cambiarte la vida, excepto la autoayuda

Ningún género literario promete cambiarte la vida, excepto la autoayuda

El problema es que los libros de autoayuda proponen una misma solución para todo el mundo, una forma de responder que es supuestamente útil o eficaz al margen de nuestra propia historia. ¿Es posible que a algunas personas les pueda servir la solución que proponen? Sí, para su problema concreto en unas circunstancias concretas, que pueden compartir con otras personas. Pero para eso, un libro de autoayuda debería escribirse bajo el conocimiento de cómo se comportan las personas que comparten una misma historia y un mismo contexto en alguna medida, y demostrar que su lectura o la puesta en práctica de las técnicas que nos propone han demostrado ser efectivas para lo que prometen. Si no es así –que es lo que ocurre siempre con estos libros– lo que se hace es “tirar barro a la pared a ver si pega”, como hace cualquier terapia alternativa sin aval científico. No son un timo porque no puedan cambiar a las personas, lo son porque no demuestran que sirven para lo que dicen que sirven.

Pero es que, además, los libros de autoayuda no sólo actúan sobre lo ya aprendido, sino que también construyen nuevos aprendizajes que condicionan el comportamiento, como ocurre con cualquier producto cultural. Incluso es posible que menos ya que cada vez leemos menos libros y dedicamos más tiempo a ver películas, escuchar canciones y leer en internet, lo que no es ni malo ni bueno en sí mismo. Es posible que esos aprendizajes ayuden a algunas personas a resolver problemas, y es posible que a otras no.

Los libros también pueden enseñarnos a responder de una forma ante un estímulo nuevo con el que no habíamos tenido contacto en el pasado, o a hacer que un estímulo que hasta ahora nos resultaba agradable se vuelva desagradable. El contacto directo con la realidad es más efectivo que un libro, no cabe duda, aunque los libros también “enseñan”.

¿Los libros pueden "cambiar a la gente"? Sí, en determinadas condiciones.

¿Los libros pueden “cambiar a la gente”? Sí, en determinadas condiciones.

Pero también ocurre con frecuencia que un libro no cambia nada relevante en la persona, bien porque choca frontalmente con sus creencias (aunque aún así podría persuadir, como expliqué en este artículo), bien porque sus “enseñanzas” no puedan ser llevadas a cabo en la realidad porque la historia de aprendizaje de la persona y las circunstancias no lo permiten. En ese caso, el libro pasa sin pena ni gloria, provocando en algunos casos un cierto alivio temporal que lo convierte en reforzante y aumenta la probabilidad de que la persona empiece a leer uno tras otro buscando más esa sensación que una solución real, algo que (por cierto) también ocurre en las consultas de psicología. Quizá la diferencia entre los libros de autoayuda y las terapias psicológicas estriba en que un psicólogo (o al menos el que se dedica a la psicología científica aplicada) realiza un análisis de las variables que causan la conducta de esa persona en concreto e interviene sobre sobre ellas con conocimiento de lo que hace.

De cualquiera de estas maneras, los libros provocan aprendizajes y lo hacen mediante el lenguaje, que permite una rápida transformación de funciones, aunque no siempre es efectiva ni siquiera “neutra”. Eso es un hecho innegable que debí explicar claramente en el libro. Eso sí: los libros de autoayuda ni son mejores que otros libros u otros productos culturales. Coelho no tiene nada que hacer si lo comparamos con “The Big Bang Theory” o “House of Cards”.

Espero haber clarificado este asunto. En el siguiente artículo hablaré de las alternativas a los libros de autoayuda.


3 Respuestas a “Los libros nos enseñan aunque no sean de autoayuda”

  1. Silvia julio 6, 2015 a 23:08 #

    Qué razón tienes, Eparquio.
    Todo nos enseña en la vida, y toda enseñanza es ayuda. Los malos y buenos momentos, los buenos y los malos libros.

    Te cuento algo y dime, ¿Es común recomendar libros de autoayuda en terapia?

    Hace unos meses decidí dar el paso y acudí a una psicóloga para tratar una serie de asuntos que arrastro desde hace tiempo. Después de un par de visitas me “recetó” un libro de autoayuda. Ya me costó tomar la decisión y por eso busqué un psicólogo con orientación cognitivo conductual, esta recomendación me dejó un poco descolocada. Se lo dije y ella me respondió que el libro también tenía esa orientación y que formaba parte de la terapia.
    Lo leí, no me aportó nada nuevo, casi todo ya lo sabía y yo buscaba un tratamiento especializado para los problemas que le planteaba.
    Después de un par de visitas me recomendó unos ejercicios de Mindfulness, aunque ella no lo llamó así. Ni a propósito…
    Desesperada porque no parecíamos abordar mi tema y las sesiones parecían monólogos, decidí no ir más. Han sido tres meses, pero tres meses perdidos en tiempo y dinero.
    Me encuentro mejor, pero no por la terapia. De hecho creo que no hemos hecho terapia. Cuando le manifesté mis inquietudes con este tema me dijo que tenía que seguir las recomendaciones del libro y los ejercicios de relajación. A mí eso me parecía una soberana tontería, sobre todo los ejercicios. Y cansada de esperar algo más que una escucha y recomendaciones triviales, abandoné.

    No se si este tipo de recomendaciones son comunes, nunca había ido a un psicólogo, pero me alegro mucho de haber leído sobre estos temas porque me así tomé la decisión de no acudir más.
    Creo que no son los libros de autoayuda lo que “ayuda” sino el conocimiento sobre los diferentes procesos cognitivos que puede aportarnos alguna lectura dependiendo del autor y del enfoque, claro está, aunque si se trata simplemente de sentirnos bien y no de solucionar un problema, yo también prefiero a Cortázar.

    • Paula Maldonado julio 24, 2015 a 22:00 #

      También disfruto mucho leyendo literatura. Y con los libros de autoayuda siento una especie de “puaj” parecido al que me provocan los “cuentitos con moraleja” o “pelis con mensaje” para niños. Una cosa son las fábulas tradicionales, otra cosa los modernos cuentos moralizantes donde la literatura se manosea para ser utilizada con fines ¿pedagógicos?.
      Me viene a la mente una crítica que leí a propósito del uso pedagogizante de la literatura en la escuela: ¿acaso por leer una novela policial estás aprendiendo a ser un mentor de asesinatos macabros?.
      En fin…
      Comparto Silvia tus recelos con la psicoterapia. He tenido tres intentos algo frustrantes. En uno, salí ahuyentada cuando me hablaron de vidas pasadas y la función que venimos a cumplir a este mundo.
      Y de las otras dos saqué la siguiente conclusión (fui por indicación médica a partir del diagnóstico de una enfermedad crónica):
      Cuando te proponen indagar el problema emocional no resuelto que te causó esa patología están aplicando una fórmula apta para un paciente modelo consumidor de autoayuda. Es decir, alguien que necesita una respuesta que le de sosiego y en parte le responda el “¿por qué a mí?”
      Mucha gente encuentra cierta tranquilidad al darse con una respuesta, aunque ésta no tenga nada de racional, aunque se basen en simbolismos, dogmas, fe, religión. Son respuestas al fin y te podrían liberar de la angustia, enojo, tristeza que te causan la enfermedad y/o la incertidumbre.
      Lástima que a vos no te funcionó (y a mí tampoco).
      Me gustaría saber qué opinás Eparquio sobre esta idea (con la que voy a ir a mi próxima consulta, je)
      Saludos,
      Paula M

  2. Amparo enero 7, 2016 a 11:30 #

    Yo también fui a una psicóloga y me dijo que comprara un libro de autoayuda…Me pareció fatal, porque yo no podía ni concentrarme para leerlo porque había ido por un tema urgente que me tenía preocupada

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