La medida más importante hasta la fecha contra el fraude farmacéutico

Si hay un libro fundamental para introducirse en el mundo de las luchas contra la charlatanerías, ese es Mala Ciencia, de Ben Goldacre. A lo largo de sus 16 capítulos, el autor nos explica cómo saber si un tratamiento es eficaz, los errores que cometen muchos periodistas al comunicar los resultados científicos y hace un repaso por las más variopintas supercherías, desde las cremas antienvejecimiento a la “gimnasia cerebral” (Brain Gym®) y la homeopatía. Sin duda alguna, uno de los libros imprescindibles que todo el mundo debería leer.

Mala ciencia, por Ben Goldacre

Mala ciencia, por Ben Goldacre

 

Tras el enorme éxito de Mala Ciencia, Goldacre se lazó a por otro de los asuntos fundamentales en lo que a la salud de las personas se refiere: el funcionamiento de industria farmacéutica. En 2013 vio la luz Mala Farma, un libro más denso y menos entretenido que el anterior pero en la misma senda de rigor y combatividad. Mala Farma es un repaso exhaustivo a los abusos de la industria, que fueron recogidos por su momento por Antonio Martínez Ron en este fabuloso artículo en forma de decálogo:

  1. El 90% de los ensayos clínicos publicados son patrocinados por la industria farmacéutica
  2. Los resultados negativos se ocultan sistemáticamente a la sociedad
  3. Las farmacéuticas manipulan o maquillan los resultados de los ensayos
  4. Los resultados no son replicables
  5. Los comités de ética y reguladores nos han fallado
  6. Se prescriben a niños medicamentos que sólo tienen autorización para adultos
  7. Se realizan ensayos clínicos con los grupos más desfavorecidos
  8. Se producen conflictos de intereses
  9. La industria distorsiona las creencias de los médicos y sustituyen las pruebas por el marketing
  10. Los criterios para aprobar medicamentos son un coladero
Mala farma

Mala farma

 

¿PODEMOS FIARNOS DE LO QUE COMPRAMOS EN LA FARMACIA?

 

Si uno lee sin prejuicios el libro Mala Farma, entiende que lo que plantea Goldacre no tiene nada que ver con ese planteamiento falaz y maniqueo tan defendido por los amantes de las pseudomedicinas de que “la industria farmacéutica es mala, por tanto hay que defender las terapias alternativas”. Tanto en el primer libro como en el segundo, el autor deja bien claro que la sanidad debe apoyarse en la ciencia, y que todo lo que pretenda pasar por científico sin serlo es simple y llanamente un fraude. En ese sentido, no deja duda de su rechazo a las terapias pseudocientíficas. Sin embargo, defender una sanidad que se apoye en las pruebas científicas implica denunciar sin tapujos los abusos que se cometen desde la industria, que ponen en peligro la salud de las personas y que minan la confianza de los pacientes y profesionales sanitarios con respecto a los medicamentos y las terapias basadas en la evidencia.

 

Para poder fiarnos de lo que compramos en la farmacia, necesitamos tener la garantía de que todo lo que allí se vende ha demostrado ser eficaz para tratar nuestros problemas de salud, y que los posibles efectos adversos de cada producto sean conocidos y estén muy por debajo de sus beneficios terapéuticos. En esta línea, el autor reivindica como tesis principal del libro que todos los ensayos clínicos deben ser estar publicados y ser públicos. Si se ocultan los resultados negativos o se maquillan los datos, se puede hacer creer a los profesionales que un determinado fármaco es eficaz cuando no lo es. Imaginen que tiro una moneda al aire pero sólo la muestro cuando sale cara. Eso podría hacer pensar que la probabilidad de que salga cara es mucho mayor que su reverso, cuando realmente no es así. Ocultar información supone un fraude de dimensiones colosales que mina la confianza de la gente ante la medicina científica y supone un argumento muy fácil para los charlatanes que pretenden hacer pasar sus procedimientos por remedios eficaces.

 

Pero es que, además, la no publicación de ciertos estudios no sólo distorsiona la información sobre su supuesta eficacia, sino que puede limitar el conocimiento sobre los efectos adversos de un fármaco y poner en peligro la salud de muchas personas. Queremos confiar en la medicina y, en general, en las profesiones sanitarias, porque sabemos que lo que no cuenta con pruebas, no va a ninguna parte. Pero para ello necesitamos transparencia. Por supuesto, esta no es la única medida necesaria para regular a la industria farmacéutica, pero es un paso imprescindible.

¿Sabemos realmente qué eficacia tiene todo lo que se vende en una farmacia?

¿Sabemos realmente qué eficacia tiene todo lo que se vende en una farmacia?

 

LA CAMPAÑA “ALL TRIALS” Y LA GRAN NOTICIA

 

A raíz de la publicación de Mala Farma, se puso en marcha la plataforma “All Trials”, encabezada por Ben Goldacre. Su objetivo principal se explica claramente en la portada de su web:

 

Ha llegado el momento de que todos los ensayos clínicos sean publicados. Los pacientes, investigadores, farmacéuticos, doctores y entidades reguladoras de todo el mundo se verán beneficiados con la publicación de resultados de los ensayos clínicos. Estés dónde estés, por favor, firma la petición.

Existen miles de ensayos clínicos cuyos resultados aún no se conocen, muchos de los cuáles ni siquiera han sido registrados.

La información sobre qué se ha hecho y qué se ha encontrado en estos ensayos podría perderse para siempre para los médicos e investigadores, lo que conllevará decisiones equivocadas sobre tratamientos, la pérdida de oportunidades para mejorar la medicina actual, y la repetición de ensayos de forma innecesaria.

Todos los ensayos pasados y presentes deben registrarse, dando a conocer de forma completa los métodos llevados a cabo así como los resultados obtenidos.

Hacemos un llamamiento a todos los gobiernos, entidades reguladoras y grupos de investigación para que tomen medidas que permitan alcanzar este objetivo.

All Trials: Todos los ensayos registrados, todos los resultados informados

All Trials: Todos los ensayos registrados, todos los resultados informados

Pues bien. Esta semana hemos conocido una gran noticia: el Parlamento Europeo, siguiendo el modelo de clinicaltrials.gov, dispondrá de una web pública con toda la información sobre los informes clínicos sobre las investigaciones, independientemente de que sirvan como apoyo a la comercialización de un fármaco o cuando el ensayo ya sido retirado.

 

El alcance de esta resolución dependerá de cómo se desarrolle, de la cuantía de las multas previstas (recordemos, por ejemplo, que muchas veces la publicidad engañosa resulta un buen negocio para sus promotores porque las sanciones son ridículas en comparación con sus beneficios, como ocurrió con la famosa Power Balance) y de lo diligentes que sean las autoridades europeas a la hora de hacerlo cumplir. Tal y como ha sido aprobada, tampoco acaba de raíz con el problema de la ocultación de información: sólo se aplica a los ensayos clínicos realizados en la UE y no obliga a publicar los estudios realizados hasta la fecha, lo que supone una limitación importante.

 

Pero, a pesar de estas limitaciones,  la aprobación de esta resolución es un gran paso. Por fin, tanto los pacientes como los profesionales sanitarios podremos contar a partir de ahora con una información mucho más completa sobre los fármacos que salgan al mercado, lo que supone un gran avance en materia sanitaria. Gracias a la iniciativa “All Trials”, a la que nos hemos sumado organizaciones sanitarias, organismos públicos de salud, revistas científicas, profesionales sanitarios y personas independientes, se ha dado un paso necesario para acabar con las dudas que puedan surgir sobre la eficacia y la seguridad de los medicamentos. Todvía faltan mucho, como podemos comprobar siguiendo el decálogo anterior, pero vamos en la buena dirección.

 

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Vaya, está todo muy tranquilo aqui...

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