La complicada tarea de identificar a policías infiltrados en una manifestación

El pasado sábado 23 de enero me ocurrió algo sorprendente. Fui a La Laguna a participar en la manifestación convocada a raíz de la visita del Ministro de Educación y Cultura, Jose Ignacio Wert, que había sido invitado por las autoridades eclesiásticas y políticas para inaugurar las obras de la Catedral, un buen ejemplo de que la supuesta aconfesionalidad del estado nos es más que una broma pesada. Al llegar al punto de encuentro, me puse a sacar algunas fotos de la multitud para publicarlas en Twitter, y entonces una señora que estaba a mi lado le dijo a la otra en voz alta: “¡Ese que está sacando fotos es de la policía secreta!”.

 

La foto del conflicto

La foto del conflicto

 

En los años que llevo acudiendo a manifestaciones jamás me había pasado nada parecido. Mis amigos, preocupados por la posibilidad de que a alguien se le ocurriera tomarse esa suposición en serio, se apresuraron a ofrecerme sus consejos: “Con esa cazadora y esas gafas de sol, es normal que piensen que eres un infiltrado. Mejor que dejes de sacar fotos”. Durante el recorrido de la protesta, pude comprobar que la misma escena se repetía al menos en dos ocasiones, llegando incluso a provocar que un señor eligiera marcharse visiblemente asustado ante los gritos de varios jóvenes que le señalaban furiosamente gritando: “¡Es un secreta, es un secreta!”. Ante estos graves acontecimientos, he decido escribir una serie de artículos para explicar por qué no debemos confiar en nuestros juicios intuitivos, sobre todo cuando estos pueden llevar a algunas personas a coartar el derecho de manifestación de otras (por ejemplo, impidiéndoles participar en una manifestación) o incluso a poner en peligro su seguridad. Este es el primero de ellos.

¿REALMENTE SOMOS CAPACES DE IDENTIFICAR A UN INFILTRADO EN UNA MANIFESTACIÓN?

Supongamos que en la manifestación del pasado sábado había un total de 5.000 personas y que nos han pasado el soplo de que podría haber hasta un centenar de policías infiltrados. Si elegimos a una persona al azar, ¿cuál es la probabilidad de que sea policía? Ante esta pregunta, la mayoría de las personas no tenemos ninguna dificultad para determinar que lo más seguro es que esa persona sea manifestante, y nuestra estimación estaría muy cerca de la realidad (en este caso, la probabilidad de que sea un secreta es de 1 entre 50). Sin embargo, a la hora de hacer estimaciones no somos tan racionales como creemos, ni siquiera cuando manejamos los datos reales. En estas ocasiones —y en otras tantas— obviamos la realidad y hacemos nuestras juicios a partir de los llamados heurísticos, unos atajos mentales que nos permiten tomar decisiones en contextos de incertidumbre de manera rápida y, en general, eficaz.

 

Haciendo juicios somos malos, pero diseñando pancartas somos unos cracks.

Haciendo juicios somos malos, pero diseñando pancartas somos unos cracks.

 

Estos heurísticos resultan muy útiles en la vida cotidiana y los usamos con más frecuencia de lo que pensamos. Por ejemplo, cuando vamos al cine y nos colocamos frente a la cartelera, no contamos habitualmente con toda la información necesaria sobre cada una de las películas, y sin embargo somos capaces de tomar una decisión en muy poco tiempo a partir de muy pocos datos. Enseguida descartamos una cuantas por el director, los actores o incluso por las sensaciones surgen al ver el cartel, y optamos por una u otra sin saber muy bien por qué. En realidad, estos datos no nos dicen nada acerca de la película en cuestión, como podemos comprobar cuando vemos una película que habíamos desechado en un principio y resulta que nos gusta más de lo que habíamos previsto.

EL TEMIBLE HEURÍSTICO DE REPRESENTATIVIDAD

En los años 70 del pasado siglo, los psicólogos Kahneman y Tversky propusieron una serie de heurísticos y demostraron mediante estudios experimentales que la mayoría de las personas los utilizamos con mayor frecuencia de lo que podríamos imaginar. Uno de ellos es el heurístico de representatividad, que nos lleva a juzgar que un elemento A es más probable que pertenezca a una categoría B por el grado de semejanza que hay entre ellos. De manera sencilla, podemos decir que cuando una persona nos parece prototípica de una grupo, tendemos a pensar que es más probable que pertenezca a ese grupo de lo que nos dice la probabilidad real. Vamos a utilizar un ejemplo clásico que estos autores utilizaron para demostrar la existencia de este atajo mental. Para ello te voy a pedir que, antes de continuar”, cojas un lápiz y un papel y lo realices por ti mismo/a. ¿Preparado/a?

 

Tom W. es un estudiante de la principal universidad de nuestro estado. Ordene los siguientes nueve campos de especialización según la probabilidad de que Tom W. sea ahora un estudiante de alguno de estos campos. Utilice 1 para el más probable y 9 para el menos probable:

 

Administración de empresas

Informática

Ingeniería

Humanidades y Educación

Derecho

Medicina

Biblioteconomía

Ciencias físicas y biológicas

Ciencias sociales y asistencia social

 

¿Lo tienes? Perfecto. Como habrás podido comprobar, adscribir a Tom W. a una de estas categorías es una tarea sencilla si tenemos alguna noción de la cantidad de alumnos/as que pueden estar matriculados en cada una de esos estudios. Sabemos que Humanidades y Educación cuenta con un mayor número de matriculados/as, con lo que concluiremos — de manera muy acertada— que lo más probable es que Tom W. curse alguna de las carreras de este grupo. Ahora bien, ¿qué pasa si antes de tomar la decisión tenemos la siguiente información?

 

Tom W. tiene una inteligencia superior, aunque carece de auténtica creatividad. Tiene necesidad de orden y claridad, y prefiere los sistemas ordenados y bien pensados en los que cada detalle tenga su lugar apropiado. Su redacción es más bien insulsa y mecánica, ocasionalmente animada por algunos tópicos y destellos de imaginación propios de la ciencia ficción. Tiene un fuerte impulso a la competencia. Parece tener poco interés y poca simpatía por los demás, y no disfruta del trato con los otros. Centrado en sí mismo, tiene sin embargo un profundo sentimiento moral.

 

Antes de continuar, te voy a pedir que ordenes de nuevo el listado de especializaciones por la similitud de la descripción de Tom W. con el estudiante tipo de cada una de ellas. Te sugiero que no continúes leyendo hasta que lo tengas.

 

Una pìsta: ninguno de estos es Tom W.

Una pìsta: ninguno de estos es Tom W.

 

Si has realizado el ejercicio siguiendo las indicaciones, lo más probable es que tus respuestas se parezcan mucho a las que obtuvieron Kahneman y Tversky cuando realizaron el experimento a principios de los años 70. La ordenación media que surgió fue la siguiente:

 

Informática

Ingeniería

Administración de empresas

Ciencias físicas y biológicas

Biblioteconomía

Derecho

Medicina

Humanidades y Educación

Ciencias Sociales y Asistencia Social

 

¿Qué nos dice este juego? Pues que a la hora de determinar si una persona pertenece a un grupo (en nuestro caso, que un participante en la manifestación sea un policía infiltrado) no hacemos un cálculo de probabilidades real, sino que nos dejamos llevar por la semejanza entre el aspecto y el comportamiento de aquella. El día de la manifestación yo llevaba una cazadora, unas gafas de sol y estaba sacando fotos. Con esa información, algunas personas determinaron que era más probable que yo fuera un infiltrado que un manifestante, aunque lo más razonable habría sido pensar que era uno más de los que acudimos a La Laguna para recibir al ministro. Lo mismo le ocurrió al señor que decidió marcharse y a otro chico que, al ser increpado por un grupo de manifestantes, empezó a gritar diciéndoles que estaban locos.

 

¿Realmente serías capaz de identificar a un infiltrado sólo por su aspecto?

¿Realmente serías capaz de identificar a un infiltrado sólo por su aspecto?

 

En conclusión: es importante que a la hora de hacer juicios, tengamos en cuenta que el heurístico de representatividad nos puede jugar malas pasadas. Si vemos a alguien en una manifestación que viste de forma “sospechosa” y se comporta de manera extraña, es casi seguro que no vamos a poder evitar pensar que se trata de un infiltrado. Sin embargo, ante la posibilidad de cometer una injusticia con esa persona, podemos pararnos un momento y desconfiar de nuestro juicio intuitivo. ¿Qué puede pasar si nos equivocamos? Pues lo peor es que nos tome una foto, aunque si nos fijamos bien, comprobaremos que habitualmente los propios policías de uniforme ya se ocupan de esa tarea, y eso sin tener en cuenta las miles de fotos que se cuelgan  en los blogs y redes sociales después de cada manifestación. También es posible que provoque un altercado, pero siempre he pensado que cualquiera que realiza un acto de este tipo en una concentración a la que acuden miles de personas está poniendo en peligro a los demás y debe ser denunciado públicamente, alejándose de él y señalándolo —como recomiendan los manuales de seguridad para las manifestaciones, aunque estos mismos animen equivocadamente a identificar a posibles infiltrados—, ya se trate de un manifestante o de un policía encubierto.

 

Espero que este pequeño artículo les sirva para desconfiar de la intuición en la próximas manifestaciones, que tal y como vienen las cosas serán muchas y muy multitudinarias. ¡Nos vemos en las calles!

 

NOTA: Si te ha gustado, puedes ayudar a difundirlo aquí.

 

REFERENCIAS

Kahneman, D. (2011). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Debate.

Squillace, M. (2011). La influencia de los heurísticos en la toma de decisiones. Disponible aquí.

Morris, C.G. & Maisto, A.A. (2005). Introducción a la psicología. Mexico: Pearson Educación.


2 Respuestas a “La complicada tarea de identificar a policías infiltrados en una manifestación”

  1. Manuel marzo 18, 2017 a 12:38 #

    Hola,
    Estoy un poco en desacuerdo con esta entrada (puede que equivocadamente). Aquí te dejo lo que pienso.
    En el párrafo que comienza por “¿Qué nos dice este juego..?” Me parece que das a entender que la gente debería tener en cuenta a la hora de juzgar si eres o no un policía que las probabilidades son de 1/50; de modo que al basarse en tu aspecto, caen en el sesgo de representatividad y piensan que las probabilidades son, por ejemplo, de un 60%, cuando deberian andar en un + realista “1/50”. ¿Es esto así?
    En tal caso, esto sería erróneo. Aplicando la probabilidad condicionada, podrían tener razón. P ej.,1/50 son secretas. Ahora, imaginemos que el 1/60 de los manifestantes sacan fotos, llevan chupa, gafas de sol Y son secretas (es decir, el 83% -(1/60/(1/50)-de entre los secretas llevan gafas de sol,etc y el 17% no). Luego, pongamos que el 1/40 manifestantes llevan chupas y gafas de sol. En tal caso, la probabilidad de que tú fueses un policía, con la información de tu aspecto, es de (1/60)/(1/40)=2/3. Es decir: si tuviesen que apostar, habrían hecho bien diciendo que eres secreta! En cualquier caso, todo esto depende de las probabilidades que he supuesto; lo que no depende es que la probabilidad condicionada es el modo de pensar correcto y “la probabilidad a priori (-1/50-) solo juega un papel en tanto que necesaria para calcular la probabilidad condicionada”; por sí misma, no nos dice qué probabilidiades hay de que seas o no un policía (con la información que saemos de ti)! Otro tema es que efecitvamente la gente DEBERÍA USAR (no lo hacen) esta probabilidad a priori DENTRO del engranaje de la p. condicionada” y caiga puramente en el sesgo de representatividad, que es lo que entiendo que dicen Kahneman en el artículo echándole un ojo: “Insituations, REPRESENTATIVE OUTCOMES ARE MORE LIKELY THAN OTHER. But, this is not always the case, because there’re factors (THE PRIOR PROBABILITY…)
    (Perdón por los gritos es que es lo q quiero enfatizar y no hay negrita)

  2. Manuel marzo 18, 2017 a 12:40 #

    Por cierto, me gusta mucho tu blog, es por esto que ando viendo entradas tan tardías jajaja. No me cabía en el anterior comentarios (no hace falta que lo publiques). Saludo!

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