¿Cómo se inventa un nuevo trastorno mental? La historia de la Erebosis

 

Año 2030. Aquella mañana el Dr. Smith, reputado profesor de una reputada universidad, tuvo la oportuna intuición de que la sombra humana era algo que podía ser considerado como patológico. Al igual que ocurriera anteriormente con la ansiedad o la tristeza, el Dr. Smith pensó que la sombra, que hasta el momento había sido considerada normal, podía ser el principal síntoma de un trastorno, al que denominó Erebosis, tomando su nombre de Érebo, dios griego de la sombra y la oscuridad.

 

Sus primeros estudios, en colaboración otros reputados profesores de reputadas universidades en reputados países de diferentes continentes, evidenciaban que la erobosis aparecía en todas las culturas, aunque con diferencias en la incidencia en función del país – parecía que en los países más cercanos al ecuador la frecuencia y duración de la sombra era significativamente más elevada que en Finlandia. La conclusión era evidente: la proyección de la sombra se convirtió en un síntoma que compartimos con el resto de animales, pero cuyo tamaño, duración, frecuencia e intensidad pueden estar mediados por factores que ya se explicarían más adelante.

 

El hallazgo era fascinante: no se había encontrado nada parecido desde los estudios transculturales sobre el reconocimiento de la expresión facial de la emoción desarrollados por Tomkins, Ekman e Izard en los años sesenta del siglo XX, y las pocas voces críticas, procedentes fundamentalmente del mundo de la física, la sociología de la cultura y un pequeño sector dentro de la salud mental, no pudieron evitar que tamaño descubrimiento se convirtiera en un fenómeno de alcance planetario.

 

En poco tiempo, varios grupos de investigación descubrieron que elegir la erebosis como tema de investigación era una buena opción: algunos laboratorios farmacéuticos estaban dispuestos a financiarlos con abundantes fondos, anticipando que los beneficios que les reportaría un nuevo fármaco o la prescripción de uno ya conocido para ese nuevo trastorno podrían ser millonarios. Al fin y al cabo, todo el mundo proyectaba su sombra en algún momento de su vida.

 

Al mismo tiempo, reputados investigadores del campo de la neurociencia con sus reputados aparatos (todavía se seguía usando la Tomografía por Emisión de Positrones y la Resonancia Magnética Funcional) consiguieron identificar las áreas cerebrales relacionadas con erebosis, y publicaron importantes estudios en los que se encontraba relación entre ciertos neurotransmisores y la conciencia de la propia sombra.

 

 

La industria “alternativa” también abrazó entusiasmada la idea: los fabricantes de homeopatía contaban de entrada con una gran cantidad de personas dispuestas a tomar sus pastillas de agua-y-nada-más para “curar” la erebosis sin exigir estudios de eficacia. Destacados coaches y gurús de la autoayuda escribieron best-sellers como Los doce pasos para superar la erobosis o Aprende a convivir con tu sombra. Las ponencias sobre los estudios del trastorno en los congresos de psiquiatría y psicología clínica se confundían con las “conferencias inspiracionales” de noventa minutos que los más avispados ofrecían por diez mil euros en jornadas organizadas por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad y en las TED Conferences, entre los que se encontraba por supuesto el Dr. Smith.

 

Como era de esperar, no se consiguió encontrar un tratamiento eficaz para eliminar la proyección de la sombra. Se probó con varias alternativas, pero la reclusión en lugares oscuros y llevar parasoles cosidos a la ropa no parecían generar una adecuada “adherencia al tratamiento”, y los pacientes terminaban dejándolos. Cuando las farmacéuticas consiguieron que la FDA autorizara el uso de la fluoxetina (antidepresivo) y el alprazolam (ansiolítico) para el tratamiento del sufrimiento que provocaba en las personas descubrir que no podían librarse de su propia sombra, la proliferación de psicólogos, psiquiatras y curanderos que ofrecían todo tipo de terapias para superar el malestar no dejaba lugar a dudas: las consecuencias emocionales de tener una sombra persistente era una enfermedad que debía ser curada de alguna manera.

Poco después, la Asociación Psiquiátrica Americana (APA por sus siglas en inglés) incluyó la erebosis como diagnóstico en su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su séptima edición (DSM-VII). La erobosis era ya una enfermedad por derecho propio.

 

La falta de éxito de los tratamiento llevó a considerar la erebosis como una enfermedad crónica. En algunos países se crearon asociaciones de afectados que exigían a los estados que la reconocieran como enfermedad incurable y que les financiaran para poder acceder a un tratamiento paliativo. Como muchos pacientes se resistían a tomar psicofármacos, y los que lo hacían necesitaban prescripción médica, algunas de estas asociaciones contrataron a maestros de reiki y naturópatas con remedios que atendían a la persona, no a la enfermedad. Las redes sociales se llenaron de vídeos en los que aparecían afectados promoviendo el uso de todo tipo de técnicas bajo el rótulo A mí me funciona. Las campañas publicadas por estas asociaciones y financiadas en parte con fondos públicos consiguieron que los medios de comunicación dejaran de hablar de “erebosíticos” para hablar de “personas con erebosis”, a lo que los becarios de las pocas redacciones de medios de comunicación que quedaban por ese entonces se sumaron fervientemente.

 

EPÍLOGO

 

Llegados a este punto, la erebosis se había convertido en una enfermedad legítima a los ojos de la sociedad. Los críticos nunca consiguieron convencer al grueso de la población de que la sombra era un fenómeno normal, no una enfermedad, y que la erebosis, al igual que la mayoría de los considerados trastornos mentales hasta el momento, no eran enfermedades con una base biológica sino una construcción histórico-cultural que sólo había servido para que una gran cantidad de personas venidas de todos los campos hicieran el agosto. Pero ya era tarde.

 

El Dr. Smith pasó el resto de su vida escribiendo libros acerca del Método Smith para la cura de la ficticia enfermedad. Hoy en día el Instituto Smith para el Erebosis ofrece cursos con marca registrada para aquellos que quieren convertirse en terapeutas, siguiendo el ejemplo de los fundadores de la Programación Neuro Lingüística (PNL). Si usted se encuentra desempleado y sin una profesión con futuro, podría reinventarse como Experto en el Método Smith y dedicarse a tratar a estos pacientes. Recuerde que, al menos en España, sigue siendo legal.


15 Respuestas a “¿Cómo se inventa un nuevo trastorno mental? La historia de la Erebosis”

  1. Blas septiembre 2, 2012 a 14:33 #

    Buenísimo

  2. Norma septiembre 2, 2012 a 19:19 #

    Todo parecido con la realidad, NO es mera coincidencia…. muy buen

  3. Mario Dehter septiembre 3, 2012 a 13:14 #

    Lectura para leer con buena luz y pensar sin sombras. Excelente!

  4. Efrain septiembre 3, 2012 a 15:04 #

    Sí , muy interesante, es una historia que de una manera u otra refleja el movimiento anti – DSM que existe actualmente y que es bueno que exista como contrapeso de lo que pretende la APA,pero de pasada, creo que refuerza la crítica a todos los “new age” y técnicos afines distantes de la psicología, psiquiatría y áreas cercanas en los que incluyo a todos aquellos no científicos de la salud mental que suelen sacar provecho de este tipo de fenómenos para ganar dinero aunque hayan hecho cursos breves y con tan poco se sienten “dueños del campo psi”, ese tipo de irresponsabilidades creo que también es denunciado (implícitamente) por este excelente artículo

    • Victoria septiembre 3, 2012 a 22:51 #

      Un artículo excelente, es una pena que se comercialice con el sufrimiento, la enfermedad y las miserias del ser humano. Hoy en día el marketing y el hacer negocio parece que está por encima de todo.

  5. Natalia septiembre 5, 2012 a 17:13 #

    Bravo. Excelente.
    Gracias por abrir “el melón” del que algunos hablamos, y que muchos no tenemos el don de expresarlo tan claro.

  6. Jorge Campo septiembre 10, 2012 a 16:23 #

    Aunque el artículo es interesante me temo que el uso de la sombra no estaría del todo bien llevado:
    Ocurre para todas las personas y para todas las cosas (no distinguiría “normales” de “anormales”) y además es “objetivable” de uno u otro modo. Entiendo que Eparquio se refiere a la percepción de la sombra, porque si no no tendría sentido hablar del objeto sin sujeto.

    Las denominadas enfermedades mentales corresponden a etiquetas dadas a conceptos obtenidos mediante terceros datos, esto es, determinados comportamientos.
    Con ello, cualquiera de las enfermedades mentales son siempre inferidas, nunca preclaras y medibles.

    Los principales problemas de las enfermedades mentales tienen que ver con su circularismo pseudoexplicativo, el salto imposible de unos niveles de análisis a otros o la mera concepción de la denominada “enfermedad mental”.

    Es interesante en el artículo la mención a los TACs y demás herramientas de visionado del cerebro, porque efectivamente son utilizadas para dar razón de ser a la enfermedad mental. Lo curioso de estas imágenes es que se toman ante tal o cual actividad de un organismo y sus resultados pasan a ser considerados la causa de esa actividad (esto no lo indica el artículo).

    Este cerebrocentrismo, tan en boga en nuestros días, sigue la tradicción esencialista que siempre nos acompañó y que tuvo tantos y diferentes nombres hasta nuestros días.
    Esto nos llevaría a los errores de posicionamientos localizacionistas y en definitiva a ese pensar que hay un sitio y una causa para todo. Craso error.

    Ya, me he liado un poco “hacia adelante” pero esto no deja de ser un comentario.

    Con todo, celebro el intento y las reflexiones de Eparquio por, por lo menos, hacer pensar un poco más a todos.

    • Marta octubre 12, 2012 a 11:40 #

      Chico, no has entendido nada, a ver si no captar las ironías también va a ser un trastorno mental…

      • Jorge Campo octubre 31, 2012 a 10:45 #

        Marta, la ironía del artículo es muy clara, no así la intención de mi comentario que en realidad tiene dos partes:
        La primera, referida al artículo, en la que toco el uso de la sombra como ejemplo y la segunda parte, ya ajena al artículo en la que indico mi planteamiento en cuanto a la enfermedad mental. Esta parte no iría referida al artículo y no sería por parte una “contestación a”. Mea culpa por no separarlo más claramente.

        Sí que le rogaría un poco de respeto y no sugiriera tan alegremente trastornos mentales a alguien que hace un comentario, el cual parece no resultar de su agrado.

        Gracias por su comprensión a este respecto.

  7. Jesús septiembre 30, 2012 a 16:52 #

    Qué bueno!!!

    • José Avelino octubre 13, 2012 a 8:40 #

      Muy bueno, Eparquio. Estoy de acuerdo contigo en las críticas que planteas de manera tan irónica y elegante. Gracias.

  8. Eshoren noviembre 3, 2012 a 2:38 #

    Una entrada de ficción, que no podría reflejar mejor la triste realidad.
    Lo que me choca después de haberme dado una vuelta por tu blog es tu defensa de una psicología y una psiquiatría científicas, con su horda de profesionales que respetan códigos deontológicos, hacen másters, expertos y especialidades, llevan a cabo terapias específicas para problemas específicos y en definitiva, se desmarcan de la superstición y la insensatez. Ahí sí que hay ficción. Desgraciadamente esa línea que marcas entre el buen profesional y el charlatán es una línea imaginaria (me duele decirlo, pero después de 11 años en la sanidad publica, te aseguro que apenas he encontrado profesionales que se cuestionen la mediocridad imperante o basen sus intervenciones en algo más que cuatro ideas deslabazadas que no piensan soltar no sea que les toque leer y estudiar y se queden sin viaje a Brasil).
    Como destino al que llegar comparto tus opiniones. Pero no como trazo de un paisaje.

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    […] La paradoja de esto es que la psicopatía no es motivo de inimputabilidad en el estado español, debido a que se considera que no altera la “consciencia” ni la “voluntad” de la persona, dos parámetros que utiliza el sistema judicial para determinar si se puede culpar a alguien de un crimen. Es aún más contradictorio cuando sabemos que esta falta de remordimientos y la búsqueda de la satisfacción de los propios deseos por encima de los códigos sociales del psicópata se considera un rasgo estable en la persona, resistente a la modificación y que aparece desde edades muy tempranas. Y por supuesto, no contamos con ningún indicador objetivo de esta psicopatía: no hay escáneres o resonancias que aporten ninguna prueba de la existencia de este trastorno, al igual que ocurre con el resto de trastornos psiquiátricos. Esto no debería sorprendernos si entendemos que lo que llamamos trastornos no nacen de hallazgos psicobiológicos, sino de consensos entre psiquiatras que deciden que ciertas conductas, cuando se dan conjuntamente en una persona, pasan a constituir los síntomas de un trastorno, como ya expliqué en el artículo sobre la erebosis. […]

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