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Un análisis crítico sobre el ‘Mindfulness’, la meditación de moda

He tardado mucho tiempo en elaborar este artículo ya que el ‘Mindfulness’ no es un tema fácil de abordar, como se puede comprobar en las discusiones que sus defensores y detractores mantienen sobre de este asunto. Los primeros esgrimen como principal argumento que existe evidencia empírica que justifique su uso, mientras que entre sus detractores encontramos dos grupos: los psicólogos que defienden que la evidencia no es tanta como se pretende y que no existe ninguna diferencia entre el ‘Mindfulness’ y otras técnicas que se vienen usando desde hace tiempo en la Terapia Cognitivo-Conductual, y escépticos que piensan que no se trata sino de otro procedimiento extraído de las religiones orientales que sólo sirve para sacar dinero a los incautos mientras se les vende esoterismo. ¿Quién tiene razón? Pues posiblemente todos, al menos en parte.

 

¿Está justificado tanto bombo con el 'Mindfulness'? Veamos la evidencia disponible

¿Está justificado tanto bombo con el ‘Mindfulness’? Veamos la evidencia disponible

 

EL ‘MINDFULNESS’ ESTÁ DE MODA

Por si todavía queda alguien que no haya oído hablar del famoso ‘Mindfulness’, vamos a dar la definición que hace el autor que llevó la técnica a la fama en occidente (Kabat-Zinn, 1994): “Prestar atención de manera particular, como propósito, en el momento presente y sin juicios morales”. Según algunos autores, el ‘Mindfulness’ no es sino la palabra que se ha utilizado para nombrar en inglés a la antigua meditación vipassana, que significa “ver las cosas tal y como son en realidad”. Este tipo de meditación busca el conocimiento de la verdad a través de la experiencia directa, que tiene que ver con la observación de la respiración y de los pensamientos, sentimientos y acciones para llegar a conocer la verdadera naturaleza de la realidad. Según esta tradición, se trata de comprender la verdadera naturaleza de la impermanencia (todo está en estado de flujo), de la insatisfacción (dado que todas las cosas son cambiantes, ninguna puede ofrecernos una satisfacción duradera) y de la insubstancialidad (la no existencia del ego o del alma; somos parte de un todo). Como podemos comprobar, la meditación vipassana se asienta en la filosofía budista.

 

El ‘Mindfulness’ tal y como se presenta actualmente se aleja (al menos, en apariencia) de esos planteamientos filosóficos para convertirse principalmente en una técnica útil en el tratamiento de problemas psicopatológicos, aunque también se utiliza con otros fines por las llamadas “Terapias Contextuales”, una evolución reciente de la Terapia de Conducta. Desde que Jon Kabat-Zinn creara en 1979 el sistema de Reducción del Estrés Basado en el Mindfulness –conocido popularmente por sus siglas en inglés, MBSR– se ha realizado una creciente cantidad de estudios sobre la utilidad real del ‘Midnfulness’, poniéndose de moda a partir de la primera década del siglo XXI. Hoy en día encontramos cursos en Colegios de Psicología, expertos universitarios como este de la Universidad de Almería y psicólogos que se ofrecen como expertos en la técnica.

 

Jon Kabat-Zinn, principal responsable del auge del "Mindfulness' en occidente

Jon Kabat-Zinn, principal responsable del auge del “Mindfulness’ en occidente

 

EVIDENCIA A FAVOR DEL ‘MINDFULNESS’

¿Podemos decir que el ‘mindfulness’ cuenta con evidencia científica a su favor? Sí, y eso es innegable. Por esa razón, no se la puede tachar de ser una pseudoterapia o meterla en el mismo saco que otras técnicas “orientales” (o supuestamente orientales), como el reiki o la reflexología podal, que no tienen base científica ni han demostrado suficientemente servir para algo. El principal cuerpo de evidencia señala que el Mindfulness’ permite reducir los niveles de depresión, ansiedad y estrés, mejora de la salud mental en pacientes de cáncer de mama (1,2) y personas con enfermedades crónicas, reduce las respuestas de depresión y ansiedad en pacientes con cáncer y personas que lo han superado y disminuye de los síntomas de depresión en personas que han sufrido tres o más episodios (1,2), además de prevenir las recaídas. No hay evidencia clara acerca de su utilidad para la reducción del dolor en pacientes con dolor crónico (1,2) Se pueden encontrar miles de estudios, pero los resultados de los metaanálisis son más contundentes, siempre que estén bien hechos.

 

Como hemos visto, existe sin duda un cuerpo creciente de estudios que hablan de los efectos beneficiosos del ‘Mindfulness’, aunque cuesta encontrar pruebas de que sirva para algo más que reducir la ansiedad y la depresión. La mayoría de personas que acuden a una consulta de psicología presentan este tipo de reacciones, y no siempre la reducción de ambas supone el tratamiento de las causas del problema: si tengo un problema en mi relación de pareja, es posible que aumenten mis reacciones de ansiedad y/o depresión, pero que estas se reduzcan no significa que mi problema de pareja esté arreglado. Lo mismo ocurre con la persona desempleada que sufre de ansiedad y hace ejercicio físico para sentirse mejor. Además, estas reacciones de pueden reducir temporalmente por muchos procedimientos, como bailar, o escuchar música antes de una intervención médica.

 

También hay que tener en cuenta que muchos de estos metaanálisis ofrecen resultados significativos pero modestos, y avisan en sus conclusiones de que los estudios utilizados sufren deficiencias metodológicas y usan muestras de poco tamaño.

 

Reducir las respuestas de ansiedad, depresión y estrés, los principales beneficios del ‘Mindfulness’, aunque con cautela

Reducir las respuestas de ansiedad, depresión y estrés, los principales beneficios del ‘Mindfulness’, aunque con cautela

 

Una de mis sorpresas ha sido no encontrar ningún estudio de metaanálisis que encuentre efectos significativos sobre la atención. ¿Por qué digo esto? Porque ‘Mindfulness’ se suele traducir al español como “Atención plena” (también como “Atención consciente” o “Conciencia plena”), y suele pensarse que tiene efectos demostrados sobre ella, posiblemente a partir de un estudio que encontró que ciertas áreas cerebrales relacionadas con la atención eran más gruesas en personas que practicaban esta técnica (lo que no necesariamente implica que hayan sido causadas por el ejercicio de meditar). Es una pena, pues sería un uso realmente interesante.

 

¿Qué podemos decir por ahora? Pues que utilizar el ‘Mindfulness’ para reducir las respuestas de ansiedad, depresión y estrés percibido es adecuado, con las limitaciones ya planteadas. También puede utilizarse la técnica para exponer a la persona a pensamientos e imágenes que le provocan ansiedad y tomar distancia de ellos, con el fin de llevarla a actuar a pesar de estas reacciones. Esta es la forma en que se suele utilizar por parte de personas que realizan ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso, por sus siglas en inglés, la Terapia Contextuales más desarrollada), que no buscan la reducción del malestar, sino su aceptación. Más allá de esto, las promesas de resultados del ‘Mindfulness’ hay que ponerlas por ahora en suspenso hasta que haya evidencia suficiente a favor.

 

LA INNEGABLE E INNECESARIA RELACIÓN DEL ‘MINDFULNESS’ CON EL BUDISMO

Como hemos visto, el planteamiento del ‘Mindfulness’ para entrar en el mundo de la salud es el siguiente: más allá de sus raíces budistas, ha demostrado ser eficaz cuando se utiliza para reducir las reacciones de depresión, ansiedad y estrés, y por ello debe incluirse en el bagaje de técnicas del profesional de la psicología (algunos dicen que como terapia en sí misma y otros que como técnica, pero no entraremos en esa discusión). Sin embargo, son sus raíces lo que suscita el interés por parte de muchos profesionales de la salud, empezando por Jon Kabat-Zinn, aficionado al Zen y al yoga que descubrió la técnica estudiando con maestros budistas, y siguiendo por muchos autores que confiesan que ya hacían meditación antes de que se pusiera de moda y aparecieran estos estudios, como Ronald D. Siegel, autor de “La solución Mindfulness” (Desclée De Brouwer, 2012)

 

De hecho, creo que es precisamente su orientalismo lo que provoca tanto el rechazo de los detractores de la Nueva Era como la defensa de los fans de algún tipo de budismo y, en general, de toda terapia que suene a “oriental”. Normalmente le digo a los primeros que nos se dejen llevar por sus prejuicios, recordándoles que ese no es un argumento para estar a favor o en contra de algo. Pero también pienso que sería interesante que sus defensores hicieran una reflexión: ¿es necesario seguir relacionando al ‘Mindfulness’ con el budismo y sus explicaciones o debería presentarse de una vez como una técnica de focalización de la atención, sin tener que mentar una y otra vez al budismo, su lenguaje, sus planteamientos y demás? Al fin y al cabo, si los meditadores budistas descubrieron que esta técnica es útil para encontrar la “paz interior” (o vivir con menos ansiedad, que es de lo que posiblemente se trate eso), no implica que tenga que ser eficaz por los motivos que ellos indican. Es como si cuando suelto un bolígrafo y cae, yo digo que ocurre porque un duende invisible tira de él hacia abajo, y que el hecho de que caiga es la prueba de la existencia del duende. A este razonamiento se le conoce con el raro nombre de falacia “post hoc ergo, propter hoc” (después de esto, luego a consecuencia de esto).

 

¿Mantener la unión del ‘Mindfulness’ con el budismo beneficia o perjudica su uso?

¿Mantener la unión del ‘Mindfulness’ con el budismo beneficia o perjudica su uso?

 

Quizá a muchas personas les atraiga la técnica precisamente por su relación con el budismo, pero a otros nos echa para atrás tener que asumir que para utilizarla casi que debemos convertirnos a esta religión y aceptar sus planteamientos filosóficos (y su estética, y la pasión por el Dalai Lama, y las noticias del monje más feliz de mundo, y toda esa cultura que consumimos en occidente y que gusta tanto a ciertas personas). Imagínense por un momento que el ‘Mindfulness’ no fuera un procedimiento relacionado con el budismo sino con el cristianismo. ¿Se imaginan a monjes benedictinos formando a psicólogos en los colegios oficiales? Si la meditación cristiana hubiera demostrado ser efectiva, yo esperaría de los investigadores que estudiaran por qué funciona y lo explicaran sin necesidad de relacionarlo con creencias religiosas, y que incluso mejoraran la técnica original separando lo que funciona de lo que es accesorio. Eso mismo es lo que me gustaría que ocurriera con el ‘Mindfulness’: que podamos saber a ciencia cierta para qué funciona y cómo ocurre, y poder utilizarlo sin necesidad de que se relacione las técnica con unos planteamientos religiosos determinados. A grandes rasgos, es lo que se está haciendo hoy en día por parte de muchos profesionales que utilizan el ‘Mindfulness’ en sus consultas y hospitales, aunque otros no ocultan su interés en ella precisamente por la relación que tiene con el budismo.

 

LAS CRÍTICAS AL ‘MINDFULNESS’

La psicología, quizá por ser una disciplina joven y tener pocas certezas, da lugar cada cierto tiempo a modas. La propia aparición de las diferentes escuelas en psicología (psicología experimental, psicoanálisis, conductismo, cognitivismo y demás) nos habla de que con frecuencia surgen propuestas teóricas, terapias y técnicas que se ponen de moda durante algunos años o décadas, pasando de la euforia inicial a unas aportaciones reales más modestas con el paso del tiempo. Todos recordarán lo que ocurrió a mitad de los noventa con la Inteligencia Emocional, que hoy en día sigue vigente pero con menos intensidad que en el pasado. Al fin y al cabo, no se puede obviar que existe un mercado para la psicología, y que es este mercado el que busca novedades continuas, como ocurre con los teléfonos móviles, la ropa y la mayoría de bienes y servicios que compramos.

 

Como dijimos antes, el ‘Mindfulness” está de moda. Aparece en muchos medios de comunicación en los últimos años (1,2,3,4,5,6,7 y no pongo más para no aburrir), y probablemente sea esta la razón de que mucha gente se esté interesando por él, aunque las pruebas de su eficacia sean muy limitadas si las comparamos con el creciente número de estudios (2226 entradas sólo en PubMed a 2 de noviembre de 2014).

Los talleres de 'Mindfulness' se multiplican como setas. En muchos se hace de todo y para todo.

Los talleres de ‘Mindfulness’ se multiplican como setas. En muchos se hace de todo y para todo.

 

a. Nada nuevo bajo el sol

A pesar de ello, al ‘Mindfulness’ no le han faltado críticas, y no sólo porque para formarte en la técnica o beneficiarte de ella en un taller haya que acabar aceptando en muchos casos ideas más religiosas que científicas. Se ha planteado, por ejemplo, que el ‘Mindfulness’ no aporta nada nuevo: Técnicas como la exposición en imaginación o interoceptiva, típicas de la Terapia de Conducta; la Terapia Metacognitiva de Wells y los procedimientos de autocontrol son muy similares. De alguna manera, el ‘Mindfulness’ sería casi lo mismo pero con un halo de novedad y orientalismo que permite venderlo como algo nuevo y atrayente.

b. No sirve para todo

Otra de las críticas que suele recibir el ‘Mindfulness” es que parece que sirviera para todo. Basta hacer una pequeña búsqueda para encontrar que, supuestamente, permite “beneficiar al vínculo que establece [la madre] con su bebé”, enseña a los/as niños/as a “afrontar la vida”, puede disminuir “el absentismo y el número de accidentes laborales, los conflictos en el trabajo, la fuga de talentos y profesionales más cualificados” e incluso permite “volver a la vida”, como si la capacidad de pensar en situaciones que no están ocurriendo en el aquí y el ahora fueran algo malo en sí mismo.

c. Posibles efectos no deseados

Por último, se ha planteado que el ‘Mindfulness’ y otros tipos de meditación pueden tener consecuencias indeseadas. Así se expone en un reciente artículo aparecido en The Guardian, Según este artículo, el psiquiatra Florian Ruths, partidario del uso de la técnica, ha descubierto que en algunos casos provoca despersonalización (la sensación por parte de la persona de verse a sí misma como en una película), y en el llamado Proyecto Noche Oscura de la Universidad de Brown se ha encontrado que algunos meditadores son asaltados por recuerdos traumáticos. A pesar de ser casos aislados, habría que hacer mayor hincapié en estudiar la técnica y sus consecuencias en profundidad en lugar de limitarse a buscar sus potenciales beneficios.

Al margen de estos casos poco frecuentes, algunos profesionales comentan que se puede estar dando la impresión de que se trata de una “píldora mágica que se puede aplicar sin esfuerzo” y que para algunas personas, puede resultar “intimidante” el ser consciente de sus propios pensamientos y emociones, por lo que debería ser practicada solamente con profesionales experimentados y que sepan cómo manejar posibles reacciones indeseables.

 

Típico juego de palabras: ¿mente llena o conciencia plena?

Típico juego de palabras: ¿mente llena o conciencia plena?

 

MINDFULNESS: NI TANTO NI TAN POCO

A pesar de la revisión que he realizado para este artículo, estoy seguro de que se me han quedado cosas por el camino. He intentado ser lo más riguroso posible, ya que si me planteo utilizar esta técnica en consulta, debo saber a qué atenerme. Como resultado de lo expuesto anteriormente, voy a concluir con algunas consideraciones que creo que deben tenerse en cuenta al abordar esta cuestión:

 

  • El ‘Mindfulness’ es una herramienta más que puede ser útil para la reducción de la ansiedad y el estrés, por lo que su inclusión en talleres o cursos que persigan este fin está justificada, sin olvidar que contamos con otras técnicas que cumplen la misma función perfectamente.
  • Sería útil saber si es más eficaz con determinado tipo de problemas o de pacientes, para seleccionarla en lugar de otras en cada caso, pero hoy por hoy no contamos con esta información.
  • Alejar al ‘Mindfulness’ de planteamientos relacionados con el orientalismo (algo que sé que le resultará aberrante a muchos de sus defensores) podría convertirlo en un procedimiento más “neutro” que llegara a una mayor cantidad de personas.
  • Ante la posibilidad de que pueda provocar consecuencias indeseables, y hasta que se descarten, su uso con fines terapéuticos debería estar supervisado por profesionales con formación en psicopatología, debido a la posible aparición de reacciones adversas, y con formación en la técnica, las teorías sobre su funcionamiento y sus efectos iatrogénicos (algo que no gustará a los entrenadores en ‘Mindfulness’ que no son profesionales sanitarios).
  • Sería útil transmitir información realista sobre las evidencias actuales en relación al ‘Mindfulness’ y denunciar a aquellas personas, sean o no profesionales de la salud, que promuevan beneficios del mismo aún no probados, así como su inclusión en programas educativos, empresas y talleres dirigidos a la población en general con fines distintos a los que han sido comprobados.

 

No hay pruebas científicas de que el ‘Minfulness’ permita alcanzar la iluminación mejor que pulsar un interruptor

No hay pruebas científicas de que el ‘Minfulness’ permita alcanzar la iluminación mejor que pulsar un interruptor

 

Lo siento por el tostón. Intentaré ser más escueto la próxima vez.

 

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NOTA DEL 16 DE DICIEMBRE DE 2014: Ante la gran cantidad de comentarios en el blog, me gustaría responder a un argumento que se repite varias veces, y lo haré con un texto que no es mío:

“Los términos que describen los hechos privados son necesariamente inexactos. No todas las contingencias se pueden sustituir por reglas, y algunos comportamientos moldeados por contingencias están más allá del alcance de la descripción verbal. De igual manera, la descripción más precisa de un estado de sentimiento no puede corresponder exactamente al estado sentido. Los sentimientos del místico o del esteta son “inefables”, y hay otros sentimientos que solamente se pueden conocer pasando a través de las historia apropiada. Solamente quien ha vivido en un campo de concentración puede saber realmente “cómo se siente”, porque no hay nada igual que genere sentimientos comparables en las otras personas. Si es cierto que solamente quienes han pasado por el psicoanálisis pueden saber “cómo se siente”, entonces posiblemente no exista nada que se sienta de la misma manera”.

B.F. Skinner. Sobre el conductismo. (1974)

 

Uno de los argumentos que leo constantemente para justificar todo tipo de pseudoterapias es que lo verdaderamente importante es lo que se siente cuando se pasa por ella, y que ese sentimiento no es comparable con ninguna otra cosa. Claro, si no hay otra situación que provoque esa respuesta de forma similar, entonces es único. Pero eso no significa que sea mejor, ni que tenga alguna utilidad más allá del agrado de sentir lo que se siente al realizar las técnicas o ejercicio que le son propios. Yo les puedo asegurar que lo que se siente cuando uno baila tango (o lo intenta, como ha sido mi caso), lo que se siente al subirse a tocar a un escenario y lo que se siente al pasear por los palacios imperiales de Pekín son experiencias agradables únicas, incomparables y hasta cierto punto, indescriptibles. Probablemente lo que se siente al practicar ‘Mindfulness’ sea una experiencia fantástica, pero para afirmar que tiene un efecto más allá de su práctica, hay que demostrarlo. La técnica ya cuenta, como hemos visto, con cierta cantidad de pruebas a favor, y eso es lo que podemos decir sobre su eficacia actualmente. Es resto queda en el plano de cada uno, y es respetable, como cualquier otra acción en la vida que no afecte negativamente a los demás. Obvia decirlo, pero hablar del término “espíritu” se me hace demasiado dualista, y por tanto metafísico. Ya tengo bastante con debatir sobre la existencia de eso a lo que llamamos “mente”.

Si quieres que algo te resulte más difícil, piensa en positivo

La idea de que pensar en positivo es necesario e incluso suficiente para alcanzar nuestras metas empieza a tener los días contados. A medida que se investiga más sobre la relación entre los pensamientos “positivos” y sus consecuencias, van apareciendo resultados que contradicen una idea que tiene más de mágica que de científica.

 

Los pensamientos “positivos” son aquellos relacionados con obtener lo que deseamos y/o superar una situación difícil, y que además provocan emociones agradables como alegría o relajación. “Voy a sacarme la lotería” y “esta enfermedad no podrá conmigo” son dos ejemplos de pensamientos positivos. Muchos de los libros de autoayuda, talleres motivacionales y supuestas terapias ofrecidas por todo tipo de charlatanes, coaches y psicólogos “positivos” se apoyan en la premisa de que generar expectativas positivas (“yo puedo lograrlo”), desear con fuerza que algo ocurra o intentar desarrollar una interpretación positiva de una situación es el camino para el éxito, la salud y la felicidad (felicidad que, por cierto, nunca se ha logrado definir).

 

Actitud Mental Positiva, la píldora mágica para lograr lo que te propongas.

Actitud Mental Positiva, la píldora mágica para lograr lo que te propongas.

 

Sin embargo, los estudios que analizan las consecuencias del pensamiento “positivo” y “negativo” comienzan a ofrecer resultados que contradicen la máxima de que el pensamiento positivo es algo intrínsecamente bueno y el pensamiento negativo, algo malo. Un buen ejemplo de ello son las investigaciones de la profesora de psicología de la Universidad de Nueva York, Gabriele Oettingen, de las que habla en un reciente artículo Oliver Burkeman, autor de “El antídoto: felicidad para la gente que no soporta el pensamiento positivo”, del que hablaré en un próximo artículo.

 

Los estudios de Oettinger indican que las fantasías positivas permiten a las personas disfrutar en el presente de un futuro deseado. Pensar en positivo produce emociones agradables en el momento, pero se relaciona con con un peor rendimiento. Lo que viene a decir es que los pensamientos positivos puede permitir a la persona disfrutar de la experiencia deseada como si ya se hubiera conseguido, lo que reduce la motivación para seguir luchando por ella en la realidad. Los resultados de los experimentos indican que los pensamientos “positivos” provocaron menos energía (medida a través de indicadores fisiológicos y conductuales) que los que cuestionaban el futuro deseado, las fantasías “negativas” e incluso las neutras.

 

Las investigaciones de Gabriele Oettingen cuestionan las bondades del "pensamiento positivo"

Las investigaciones de Gabriele Oettingen cuestionan las bondades del “pensamiento positivo”

 

Pensar en positivo es agradable, bien porque provoca emociones o sentimientos deseables (alegría, diversión, etc.) o porque sustituye a otros que resultan aversivos (ansiedad, tristeza, etc.). El problema es que, como indican los resultados de estas investigaciones, esto puede provocar que la persona consiga a corto plazo lo que se propone (aumento del bienestar o reducción del malestar), y esté menos motivada para, a continuación, actuar para alcanzar un objetivo o poner en marcha soluciones reales al problema.

 

Para un psicólogo que trabaje en consulta, esto no debería resultar demasiado sorprendente. Cada día nos encontramos con personas que dedican una gran parte de su tiempo a tratar de eliminar sus pensamientos “negativos” sin hacer nada por solucionar su problema real, o incluso provocando nuevos problemas. Pero las consecuencias van más allá del ámbito clínico, ya que también en los cursos para desempleados o los talleres que se ofrecen a las empresas se parte de la máxima de que “todo depende de tu actitud”. Sin lugar a dudas, el pensamiento positivo tiene su lado negativo, y el “pensamiento negativo” también provoca consecuencias positivas. Como siempre, depende del contexto.

 

Al final, como ya suponíamos, la magia no existe.

 

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Grafopsicología, la pseudociencia de mejorar tu equilibro a través de la escritura

Muchas veces he comentado que el mundo de la empresa es un caldo de cultivo ideal para todo tipo de charlatenerías. No resulta extraño que, en medio de una crisis económica como la actual, haya grandes corporaciones dispuestas a pagar miles de euros una conferencia de un coach para aumentar la moral de sus empleados, aunque el efecto de una de estas charlas motivadoras no supere en el mejor de los casos el de ver una buena obra de teatro.

Pero la pseudociencia no sólo se da cita en las empresas y en los centros de terapias ‘naturales’. Allí donde haya alguien dispuesto a poner dinero por conseguir algún objetivo de forma sencilla y rápida, habrá alguien dispuesto a venderle su método maravillloso. Esta semana he conocido una de estas tonterías de nuevo cuño. Se llama “grafopsicología”, y pretende ser una disciplina que permite interpretar el comportamiento y/o conducta (¿?) de las personas mediante el análisis de la escritura y las variaciones sobre el modelo caligráfico aprendido. Hasta aquí, poca novedad. Hace siglos que existe la llamada grafología, una disciplina pseudocientífica según la cuál podemos conocer la personalidad, el ‘equilibrio’ de la persona, su inteligencia y no sé cuántas cosas más solamente a través de un análisis de su escritura.

La grafología es una pseudociencia. No confundir con el análisis caligráfico.

La grafología es una pseudociencia. No confundir con el análisis caligráfico.

 

DIME CÓMO ESCRIBES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

La grafología es una pseudociencia que nunca ha conseguido probar sus hipótesis. No debemos confundir la grafología con el peritaje caligráfico, que permite determinar si un texto o una firma han sido escritos por una persona concreta, y que tan de moda se ha puesto con el caso Bárcenas. No hay ninguna prueba de que se pueda conocer nada de una persona por su forma de escribir, pero eso no ha impedido que se utilice de forma común en los Departamentos de Recursos Humanos, que no se caracterizan precisamente por ser las cunas del rigor científico a la hora de acometer su labor, o que la propia Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) cuente con un Máster en Grafoanálisis, en el que se atreven a hablar sin tapujos de “grafología científica”.

Si las hipótesis de la grafología son extrañas y sin fundamento, lo que pretende la llamada ‘grafopsicología’ no tiene parangón. Hasta ahora, la grafología sostenía que la caligrafía es un reflejo de la personalidad del invidivuo, por lo que sus técnicas se dirigen principalmente a la evaluación y el diagnóstico. Pero con la llegada de la grafopsicología, ahora la escritura es un procedimiento que nos permite intervenir sobre la persona para provocar cambios. ¿Cómo funciona esto?

Ten cuidado con lo que escribes, que puedo saber cómo eres

Ten cuidado con lo que escribes, que puedo saber cómo eres

CÁMBIATE A TI MISMO ESCRIBIENDO

Hace unas semanas conocía a través de algunos artículos a un señor llamado Andrés Sanfiel. Este palmero ha creado una aplicación que “mejora los aspectos mentales del deportista a través de la reeducación gráfica”. Como lo oyen. El inventor, que presume de haber “aplicado su metodología” en la Escuela Lorenzo Competición de Chicho Lorenzo (padre de Jorge Lorenzo, bicampeón del mundo de Moto GP), y que según cuenta el artículo, colabora actualmente en una investigación de la Interpol, explica que su propuesta ha llegado como finalista al V Foro Tenerife Invierte, donde ha conseguido el tercer premio.

Se supone que el procedimiento permite obtener información sobre “sobre el nivel del deportista en aspectos como capacidad de lucha, sacrificio, autocontrol  e incluso la capacidad de frustración”. A partir de ahí, se pauta la realización de unos “ejercicios grafológicos” que permiten ir modificando la forma de escribir de deportistas, lo que supuestamente provoca mejoras en la concentración. En uno de los artículos publicados estos días sobre el tema, se habla incluso de un estudio que encontró que “los niños que hacían cada día los ejercicios de grafología [consiguieron] tiempos más regulares, su concentración había mejorado, podían aislarse mejor del entorno y centrarse más en lo que estaban haciendo”.

Impresionante, ¿verdad? Mejorar la concentración realizando solamente unos ejercicios de escritura. La verdad es que esto suena a pura magia, pero como es posible que haya personas que estén dispuestas a comprar esta moto (además del padre de Jorge Lorenzo), vamos a echar un vistazo a ver qué pruebas hay de este procedimiento pueda ser eficaz.

Ponte a escribir para convertirte en una persona más "equilibrada"

Ponte a escribir para convertirte en una persona más “equilibrada”

¿PRUEBAS CIENTÍFICAS?

Lo bueno de estas pseudociencias de nuevo cuño es que no hay que moverse mucho para descubrir que el rey va desnudo. Si vamos a un buscador general de artículos como Google Scholar, no encontraremos ni un sólo estudio para “graphopsychology” (si hubiera algún estudio, lo más habitual es que, independientemente del idioma en que haya sido publicado, tenga un resumen o abstract en inglés. Por si les queda alguna duda, también lo he buscado infructuosamente en español). Lo mismo ocucurre en PubMed.

Tampoco encontramos nada en estos buscadores introduciendo el nombre del autor de los supuestos estudios, lo que implica que estos no han sido publicados (si estoy en un error, ruego que me lo hagan saber). De lo que no cabe ninguna duda es de que, aunque este estudio hubiera sido publicado, no es prueba suficiente de que se pueda conocer la personalidad de alguien a través de su firma o su escritura, y mucho menos de que a través de ejercicios de escritura se pueda mejorar otra cosa que no sea la caligrafía.

La pseudociencia es rentable

La pseudociencia es rentable

GRAFOPSICOLOGÍA: UN BUEN EJEMPLO DE PSEUDOCIENCIA

La grafopsicología puede ser utilizada para explicar claramente lo que es una pseudociencia. Habitualmente se denomina psedocientífica a aquellas disciplinas que pretenden pasar por ser científicas sin serlo realmente, y la ausencia de pruebas que avalen las afirmaciones de los grafopsicólogos es suficiente para etiquetarla como tal. Pero, por si fuera poco, cumple con algunas características habituales de las pseudociencias:

  • No interactúa con ninguna otra disciplina científica (por más que utilice la palabra psicología, no recibe ni aporta ningún conocimiento a esta).
  • Es fácil, hasta el punto que cualquier persona puede hacerse grafopsicólogo. De hecho, el creador de la aplicación presume de contar con un “equipo multidisciplinar de 12 personas en el que hay psicólogos, psicopedagogos, pedagogos, abogados, coach de empresas, licenciados en Económicas, personal docente, ex dirigentes de empresas multinacionales, etc. Todos tenemos en común que somos grafopsicólogos.” Como era de suponer, cualquiera puede hacerse “grafopsicólogo” independiente de tener una titulación universitaria o no. Hasta mi vecina la panadera puede ir por ahí diciendo que es grafopsicóloga porque ha hecho un curso o se ha leído un libro.
  • Sólo le interesa lo que pueda tener de uso práctico: la grafopsicología no pretende conocer en qué consiste realmente la personalidad o cómo se relacionan los procesos cognitivos con ciertas funciones motrices como la escritura. ¿Y por qué sólo le interesa lo que tenga de uso práctico? Pues porque nadie pagaría para que otros hicieran investigación básica, pero desarrollar un sistema fantástico que sirve para todo es un reclamo empresarial para el que se pueden conseguir inversores y por el que muchas personas podrían estar dispuestas a pagar. Por ahora, ya pueden ir pasando por caja para descargarse la aplicación informática.
  • Sirve para todo: La fabulosa técnica (escribir) sirve para todo y tiene aplicaciones en todos los campos, puede mejorar una gran cantidad de funciones, no conlleva esfuerzo y sus resultados son espectaculares. Si no estás dispuesto a pagar por algo así, es que debes ser tonto. O escéptico.

Para rematar la faena, el autor presume de que el mismísimo Eduard Punset se ha interesado por sus trabajos, algo que tampoco resulta demasiado extraño para cualquiera que conozca la deriva hacia la autoayuda que ha dado el veterano divulgador en los últimos tiempos.

Supongo que a estas alturas, nadie se escandaliza por descubrir una nueva pseudociencia, por encontrar a supuestos profesionales poniendo su titulación al servicio de supercherías como esta (saltándose, por cierto, el Código Deontológico, al menos en el caso de los/as titulados/as en psicología) o por descubrir que las empresas y los entrenadores deportivos están dispuestos a pagar por conseguir magia. Lo que resulta escandaloso es que una vez más los medios de comunicación vuelvan a hacer gala de su desprecio por la ciencia dando cobertura a un señor que ha decidido ir por el mundo vendiendo su magia simpática. Y no será la última.

Actualización del 21 de mayo de 2014

Hace un rato, una persona que se identifica como “involucrada” en esta edición del V Foro Tenerife Invierte, ha realizado este comentario en el muro de Facebook de un amigo que compartió mi artículo. Como puede leerse, el PCTT (Parque Científico y Tecnológico de Tenerife, organismo dependiente del Cabildo Insular de Tenerife responsable de este Foro) no se entra a valorar “el rigor científico de esta metodología”, sino lo que se valora es que sea “un proyecto empresarial que ha resultado novedoso”. ¿Cómo es posible que una Administración Pública dirigida a “impulsar, fortalecer y desarrollar el sistema de ciencia-tecnología-empresa de Tenerife” –como podemos leer en su página web– no tenga en cuenta el rigor científico de los proyectos a la hora de aceptarlos en el concurso? Por si quedara alguna duda, afirma que si se propusiera una herramienta para ser utilizada por el mercado de usuarios de productos homeopáticos”, tendría muy probablemente su apoyo.

Todas las administraciones públicas, independientemente del ámbito que gestionen, deben ocuparse de velar porque las acciones que desarrollan y los proyectos que gestionan y/o financian estén avalados científicamente. Si no es así, podemos encontramos a ayuntamientos, cabildos y ministerios financiando productos o servicios que supongan un engaño al consumidor, en la medida que aseguran servir para algo sin ningún tipo de prueba. Francamente, no me imagino al Parque Científico y Tecnológico de Tenerife otorgando un premio a una plataforma virtual para hacer magia blanca, echar las cartas del tarot o equilibrar el qi. Sin embargo, cuando se trata de cuestiones psicológicas, no parece que importe que la propuesta se apoye en teorías pseudocientíficas y que no haya demostrado su utilidad previamente.

Al final, prevalece lo de siempre: la posibilidad conseguir beneficios económicos a costa de la ignorancia de los consumidores. No es de recibo que ningún organismo público otorgue un premio a un proyecto como este, pero que además lo haga uno cuyos objetivos son el fomento de la innovación y la ciencia resulta totalmente inaceptable. Espero que, para la próxima convocatoria, el PCTT rectifique e incluya la exigencia de que el proyecto a financiar haya demostrado servir para lo que dice que sirve, que lo mínimo que se le puede pedir a una Administración Pública es responsabilidad.

 

Comentario de una persona del V Foro Tenerife Invierte

Comentario de una persona del V Foro Tenerife Invierte

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EFT®, la pseudoterapia de la monja Forcades

No hay nada como tener varios artículos en marcha y que aparezca algo tan escandaloso que no pueda pasar sin comentarlo. Ayer por la tarde, Carlos Nz me contaba que en la edición del Telediario de las 15 horas aparecía una información un poco extraña. La noticia hablaba de que algunas compañías aéreas ofrecen cursos para superar el miedo a volar en avión. En este reportaje, aparecía un presunto psicólogo explicando que utiliza una “terapia” (ver a partir del minuto 32:04) que consiste en dar unos golpecitos en ciertas zonas del cuerpo del paciente. Supuestamente, estos golpecitos liberan las “energías” y permiten que los síntomas desaparezcan (en este caso, el miedo a viajar en avión). Todo esto suena un poco raro. ¿Quieren saber de qué se trata?

 

 

LA EFT® O TERAPIA DE LIBERACIÓN EMOCIONAL

 

Lo que este psicólogo estaba enseñando es una terapia pseudocientífica denominada EFT®, por sus siglas en inglés. Esta terapia, que parte de los mismos supuestos que otras pseudoterapias como la acupuntura y la digitopuntura, consiste en ir golpeando o masajeando ciertos puntos del paciente mientras se centra en un recuerdo traumático concreto.

 

Al igual que la acupuntura, la EFT® supone que existen unos meridianos a lo largo del cuerpo por los que fluye una especie de flujo etéreo al que llaman energía. Cuando esa energía está equilibrada, eso provoca un estado de bienestar, pero cuando existe un exceso, un bloqueo o una deficiencia de energía, aparecen síntomas somáticos y emocionales. Al golpear o masajear ciertos puntos que se encuentran a lo largo de esos meridianos, la energía se vuelve a equilibrar, desapareciendo los síntomas.

 

Según sus defensores, la EFT® pertenece a las llamadas Terapias Psicoenergéticas, que no es más que una rama pseudocientífica de la psicología sin ninguna evidencia. Aunque ellos insisten en su eficacia (hasta un 80% de pruebas clínicas, dicen), no hay evidencia de que existan esos meridianos ni de que sirva para tratar ningún problema de salud física o mental. Por si fuera poco, se la considera una técnica de autoayuda, aunque hasta donde yo sé, lo habitual es que te golpee otra persona. Es importante señalar que el procedimiento consiste en que la persona hable de su trauma mientras recibe la intervención, como veremos más adelante.

La EFT@ consiste en golpear ciertos puntos, al igual que en la acupuntura se clavan agujas

La EFT@ consiste en golpear ciertos puntos, al igual que en la acupuntura se clavan agujas

 

¿USOS EN TERAPIA PSICOLÓGICA?

 

En alguna página web he encontrado a “profesionales” de la EFT® que afirman que es utilizada en terapia psicológica. Incluso llegan a afirmar que

 

Muchos profesionales incorporan fácilmente EFT en sus respectivas modalidades de sanación: Enfermeras, médicos alópatas y alternativos, psicólogos, masajistas psiquiatras, dentistas, terapeutas, quiroprácticos, nutricionistas, consejeros de salud, trabajadores sociales, educadores y maestros, hipnoterapistas, reflexólogos, maestros de Reiki, sanadores espirituales y energéticos, ministros y sacerdotes.

 

Atención a la lista. Este señor junta a psicólogos, dentistas y psiquiatras (entre otros) con reflexólogos, maestros de Reiki y sacerdotes. Por la parte que me toca como psicólogo, algo estaremos haciendo mal para que se nos asocie con toda esa charlatanería.

No es ciencia. Es magia.

No es ciencia. Es magia.

 

La EFT® no se utiliza en terapia psicológica. El Código Deontológico del Psicólogo exige al menos en 6 artículos (Artículos 6, 14, 18, 21, 22 y 33) que la práctica de los profesionales de la psicología debe guiarse por la evidencia científica disponible. Utilizar la EFT® en la práctica clínica supone una violación fragante de varios de estos artículos y el profesional debería ser sancionado. No hay vuelta de hoja. No vale con decir que “hay que utilizar cualquier cosa que le pueda servir a la persona”, llevando la práctica profesional a un eclecticismo mal entendido. Si no seguimos una praxis basada en la evidencia, entonces todo vale: desde la homeopatía a la brujería (valga la redundancia). Podríamos decirle a alguien que se compre una amatista o que utilice ropa de color rojo cuando se sienta deprimido. Lo peor es que estas cosas pasan, y más habitualmente de lo que se piensa.

 

Muchos profesionales de la psicología practican pseudociencias, esto es un hecho. Es fácil encontrar a psicólogos/as que utilizan Flores de Bach, Constelaciones familiares (que explico en esta charla), Grafología, PNL y otras pseudoterapias (esta clínica que hace PNL presume, además, de haber aparecido en algunos de los medios de comunicación más grandes de este país). Y eso por no hablar de los que ofrecen técnicas que sí han demostrado ser eficaces para ciertos problemas, como ocurre con el llamado mindfulness y la EMDR® (de la que hablaré más detenidamente próximamente), pero ofertándolas como avaladas para todo tipo de problemas físicos y psicológicos. Creo que es obligación de los profesionales de la psicología denunciar estas prácticas que desvirtúan nuestro trabajo para defender a rigurosidad con la que cuentan las intervenciones psicológicas recogidas en las guías de tratamientos eficaces. Si no lo hacemos, no nos quejemos luego cuando ciertas personas dicen que la psicología es una pseudociencia.

 

PERO… ¿PODRÍA FUNCIONAL LA EFT®?

 

Desde que conocemos fenómenos como el efecto placebo y la regresión a la media y entendemos mejor la ilusión de causalidad, sabemos que el “a mí me funciona” no es un criterio válido para decidir realmente si una intervención dirigida a tratar un problema de salud es eficaz. Porque es posible que una personas se sienta mejor al acudir a una terapia o tomar un supuesto medicamento y que no se deba a la terapia, sino a que el problema ha desaparecido por sí sólo como lo habría hecho igualmente y/o a que la persona ha hecho otras cosas que son lo que realmente le ha mejorado. E incluso puede ser que se deba a la sugestión, sobre todo cuando hablamos de problemas emocionales. Por cierto, no estoy en contra de utilizar la sugestión, pero siempre informando al paciente que va a ser sugestión y no otra cosa, y que esta no ha demostrado por sí misma ser eficaz para ningún problema psicológico. Por esta razón, la hipnoterapia es una pseudociencia, pero no así el uso de la hipnosis clínica acompañando algunas terapias psicológicas o para la reducción del dolor (más información sobre hipnosis clínica aquí)

 

¿Neurolingüística? ¿Alergias? ¿¿CÁNCER?? NO. Simplemente ESTAFA.

¿Neurolingüística? ¿Alergias? ¿¿CÁNCER?? NO. Simplemente ESTAFA.

 

Pero a lo que íbamos. Resulta que la EFT® sí que podría funcionar porque exige al paciente exponerse al relato de sus propios recuerdos traumáticos o aquellas situaciones que le están haciendo sufrir. Como ya sabemos, la exposición a las situaciones temidas, que incluyen el propio relato del acontecimiento, es una técnica de elección para tratar los pensamientos intrusivos, los flashbacks, los miedos asociados al trauma, pánico y evitaciones y la ansiedad general. Ese elemento de exposición es el que se da también en la EFT® y podría explicar que muchos casos pudieran mejorar sus síntomas.

 

Con esta última consideración, cualquier podría pensar: “Pues bien, si funciona se puede utilizar, aunque no sea por los golpecitos sino por la exposición”. Este argumento parece razonable, pero no lo es por varios motivos. En primer lugar, porque esta terapia puede ser utilizada por cualquiera sin formación en psicología, mientras que un psicólogo no puede (o no debería si sigue el Código Dentológico), lo que expone al paciente a una persona sin la capacitación profesional adecuada para tratar problemas de salud. En segundo lugar, porque nada garantiza que en la aplicación de la EFT® ser realice una exposición correcta, algo fundamental para que sea verdaderamente eficaz. Es posible que en unos casos sea así y en otros no. En tercer lugar, porque no tiene sentido seguir dando golpecitos a la persona, ya que estos no aportan nada a la intervención. Y en cuarto lugar, porque estoy en contra de la utilización de terapias, por más que tengan evidencias, que sean marca registrada. Hablaré de esto en el artículo sobre la EMDR®.

 

PSEUDOCIENCIA EN LOS MEDIOS

No se puede hacer nada con el hecho de que ciertas figuras públicas utilicen la EFT®, como ocurre con la famosa monja Teresa Forcades, que oferta talleres al precio de 155 € por persona. No es de recibo que los medios den cobertura a “informaciones” como estaesta y esta, y que continuamente encontremos todo tipo de charlatanerías en las grandes cadenas de televisión y radio (hay programas como “Las mañanas de la 1” de TVE que son reincidentes). Debemos exigir a estos medios que sean rigurosos en sus informaciones sobre salud (realmente tenemos que exigir que exista ese rigor cuando hablen de cualquier tema, pero ya se sabe), porque pueden estar poniendo en riesgo a las personas que crean en su eficacia “porque salió en el Telediario”. Y luego, a ver quien paga las consecuencias.

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Te cambio tu ilusión por una guitarra eléctrica

Recuerdo perfectamente la primera vez que me dispuse a montar una banda de rock. En 1995, mi compañero Nazario y yo no sólo compartíamos el mismo espacio en el laboratorio de química del instituto: también nos unía la pasión por el grunge y el metal y dedicábamos gran parte del tiempo de los recreos a intercambiar casetes grabados con los últimos discos de Green Day, The Offspring y Sepultura. Ya habíamos barajado la posibilidad de crear una banda y teníamos a resto de componentes apalabrados, un chico de mi barrio que tocaba la batería y otro compañero del instituto que tocaba el bajo, pero nos faltaban las guitarras eléctricas.

Por aquella época yo aún no sabía tocar ni un sólo acorde, pero Nazario se defendía con los mayores y algunos menores. Nuestro objetivo era comprar uno de esos packs que incluyen una guitarra con su funda, un amplificador de 10W, un cable y una correa para tocar de pie. Para cualquier chico con posibilidades económicas, esa guitarra era sólo una apaño para ir a clases de música y practicar en casa, pero para nosotros era la puerta de entrada a otra dimensión, como en Dragones y Mazmorras. El pack completo costaba unas 30.000 pesetas, una cantidad excesiva para nuestros padres e impensable para la maltrecha economía de unos estudiantes de bachillerato. Casi habíamos tirado la toalla cuando esa mañana se nos ocurrió una idea genial y disparatada: íbamos a conseguir el dinero de la guitarra vendiendo rifas.

Lo primero era pensar en algo que pudiera ser suficientemente atractivo para que la gente decidiera comprar las participaciones. Después de darle muchas vueltas, nos decantamos por una minicadena compacta con doble pletina y CD, un lujazo de equipo que costaba unas 20.000 pesetas por aquel entonces. Ni siquiera hacía falta comprarla por adelantado: si vendíamos todas las rifas, tendríamos el dinero suficiente para ir a la tienda y adquirirla para entregársela al ganador. Si finalmente la rifa premiada no estaba entre las vendidas, la recaudación íntegra iría destinada a comprar unas flamantes guitarras baratas, con sus cajas de fósforos (nombre por el que se conocía popularmente a esos amplificadores pequeños) y sus correas con llamaradas. El precio de cada boleto sería de 100 pesetas, y la tirada iba a ser de 1000 números. Sólo había que contar con los gastos de imprenta, pero entre los dos podíamos asumir ese coste.

UN CAMBIO NADA FAVORABLE

Antes de contarles cómo acabó la historia, me gustaría detenerme en un asunto relevante. A pesar de que por aquellos días sólo teníamos 15 años, ya intuíamos que la gente pagaría 100 pesetas para conseguir un premio que costaba unas 20.000 y para el que la probabilidad de alcanzarlo era de 1 entre 1000. Con una simple operación se podía calcular el precio justo a pagar para una rifa como esa. Sólo había que multiplicar la probabilidad (0,001) por el coste de la minicadena (20.000), de tal manera que

0,001 x 20.000 = 20 pesetas

Nuestro plan tenía un considerable riesgo: si los potenciales compradores de nuestras rifas hacían ese cálculo, no habrían estado dispuestos a pagar más 20 pesetas por una rifa, 5 veces menos del precio al que habíamos decidido venderlas, y el proyecto se saldaría con pérdidas y sin guitarras. Pero ya entonces algo nos decía que, cuando la gente compra una de estas rifas, no se detiene a calcular las probabilidades reales de obtener el premio. ¿Cuáles podían ser la razones de ese comportamiento tan contraproducente?

 

¿De verdad te creías que tener un puesto de trabajo era un derecho?

¿De verdad te creías que tener un puesto de trabajo era un derecho?

  • La compra de boletos es un comportamiento social frecuente y aceptable: que levante la mano quien no ha sucumbido alguna vez ante un niño que le asaltaba diciendo “señor, ¿me compra una rifa?”. No importa demasiado si los beneficios irán para el equipaje del club de fútbol, un viaje de fin de curso o una iniciativa solidaria; igualmente estamos dispuestos a pagar más de lo que sería razonable por ella aunque sepamos que la probabilidad de que nos toque es muy baja. En muchos casos, no nos planteamos ni siquiera cuál es el premio.

Ambas explicaciones podrían servirnos para entender el comportamiento de quien compra una rifa como la nuestra. Pero hay una tercera posible causa que nos permite explicar por qué hay tanta gente que compra lotería, juega al bingo o echa la “primitiva” (¿se han parado a pensar alguna vez en ese extraño nombre?) cada semana.

 

Todas las navidades, la misma escena en la puerta de Doña Manolita (Madrid)

Todas las navidades, la misma escena en la puerta de Doña Manolita (Madrid)

 

COMPRAR UNA PROBABILIDAD vs COMPRAR UNA POSIBILIDAD

Cuando compramos una rifa o un décimo de lotería, no estamos pagando por las probabilidades reales de obtener el premio, que lógicamente siempre están por debajo del coste de cada participación. Lo que realmente estamos comprando es la posibilidad de obtener ese premio, y estamos dispuestos a pagar más de lo razonable por ella (por más que cuantitativamente la probabilidad que estamos comprando sea muy baja). Este fenómeno fue denominado efecto de posibilidad por los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky.

Gracias a la teoría de las perspectivas elaborada por estos psicólogos, sabemos por qué la mayoría de las personas compran una rifa, pero no 3 o 4. Si fuéramos completamente racionales, nos daría igual comprar una papeleta cuando no tenemos ninguna o comprarla teniendo ya tres boletos. Sin embargo, la estimación de las ganancias cuando pasamos de 0 a 0,001% es mayor que cuando pasamos de un 0,003% a un 0,004%. En otras palabras: estimamos que una rifa aporta más probabilidades cuando no tenemos ninguna que cuando ya tenemos tres. Es de locos, ¿verdad?

Pero es que, además, la simple posibilidad nos lleva a centrarnos en ella y no en el resto de posibilidades de no obtener el premio. En el año 1995, el CD estaba de moda y todo el mundo quería tener en casa un reproductor para disfrutar de sus canciones favoritas en calidad digital (me pregunto si en una prueba a ciegas, la mayoría de nosotros sabría diferenciar el sonido de un CD de una cinta bien grabada, pero ese es otro tema). La simple imagen de la minicadena en un lugar privilegiado de la casa con el disco compacto de nuestro grupo favorito ofreciéndonos innumerables horas de disfrute musical resultaba lo suficientemente agradable para muchas personas, que estaban dispuestas a pagar cinco veces más de lo razonable por una papeleta.

La doble pletina era la auténtica puerta a la libertad

La doble pletina era la auténtica puerta a la libertad

 

UNA GUITARRA A CAMBIO DE VENDER ILUSIÓN

Una ilusión es una esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo, según la RAE. Lo que nosotros hicimos fue aprovechar esa tendencia automática del ser humano a pagar por la esperanza más de lo que realmente vale para comprar unas guitarras. Al fin y al cabo, nuestra oferta era similar a la de los tarotistas, los vendedores de humo y los charlatanes de toda calaña cuando ofrecen supuestos remedios y técnicas para aumentar el bienestar, sabiendo que la mayoría de las personas está dispuesta a invertir su dinero a quien le ofrezca una respuesta, por más que sea completamente falsa. Quizá sea esta una de las razones por las que los libros de autoayuda tienen tanto predicamento.

¿Qué ocurrió al final? Pues después de varias semanas de intenso trabajo, conseguimos vender la mitad de las rifas. No les voy a contar lo que ocurrió cuando mis padres se enteraron de lo que habíamos hecho, y del miedo que pasamos cuando supimos que no se podían hacer algo así sin una organización detrás que respondiera por el sorteo y que garantizara que se hacía sin fines de lucro. Nosotros no queríamos estafar a la gente: sólo queríamos unas guitarras para montar una banda de rock, pero nuestro pecado era no tener unos padres ricos y dispuestos a darnos ese capricho.

El día del sorteo estábamos temblando. En cuanto salió el número de la ONCE, corrimos a comprobar los boletos que nos habían sobrado y descubrimos con alivio que la papeleta premiada estaba en nuestro poder. Fue una liberación para nuestros padres y una alegría enorme para nosotros (acabábamos de dejar de perder 20.000 pesetas, ya se pueden imaginar). Pocos días después, salimos de la tienda de música con uno de aquellos equipos. Los beneficios de las rifas no habían sido suficientes para adquirir dos guitarras, pero no importaba: acabábamos de comprar un billete de ida a un sueño de conciertos, giras y vida disoluta. Como para no estar euróficos.

 

I WANNA ROCK!

I WANNA ROCK!

Lo irónico de todo esto es que nosotros también sobreestimamos la probabilidad de que aquella banda funcionara. Sólo pudimos hacer unos pocos ensayos y nunca más volvimos a juntarnos. La realidad nos había enseñado que las cosas no son como uno piensa y como uno quiere. Han pasado ya 19 años de aquello, y a pesar de saber que hay que cuidarse mucho con eso del optimismo, me sigo juntando con unos amigos para tocar con cierta frecuencia, y por lo que veo, la gente sigue comprando lotería y rifas a mansalva. Ni siquiera el conocer los sesgos cognitivos me ha servido para caer una y otra vez en ellos.

Parece que no hay manera de librarse de la esperanza. Y menos mal.

 

 

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Actualización del 9 de febrero de 2014 23:03: El @doctormapache me ha enviado un artículo que responde a la pregunta de por qué la Lotería Primitiva se llama así. Muchas gracias por la aportación.

REFERENCIAS

C.E.S. Canarias (2002). El sistema educativo en Canarias. Una perspectiva socioeconómica. Las Palmas: Secretaría General del C.E.S. Canarias. Disponible aquí.

Gabucio, F. (2005). Psicología del pensamiento. Ed. UOC.

Kahneman, D. (2011). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Debate.

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