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¿Si no consigo empleo es que tengo un problema de actitud?

Si eres uno de los millones de españoles que siguen en desempleo es que tienes un problema de actitud. Supongo que esto es lo que deben pensar los responsables de las agencias de empleo y servicios sociales en este país, a la vista del auge de los talleres de coaching, desarrollo personal y motivación que se han puesto en marcha en los últimos años.

 

La ideología del “buenrollismo” que pone toda la responsabilidad en el individuo ha calado hondo entre los responsables de las políticas de empleo a todos los niveles; desde la Ministra de Empleo, que ha prologado un libro donde se nos explica que lo importante es un cambio de actitud y aprender a venderse como una “marca personal”, hasta los ayuntamientos más pequeños, que ante el fracaso de sus políticas se han lanzado a organizar y promocionar talleres siguiendo la pauta marcada por el insigne Paulo Coelho: Cuando quieres realmente una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla.

Si piensas que hay condicionantes sociales, enconómicos y biológicos es que no tienes una actitud positiva.

Si piensas que hay condicionantes sociales, enconómicos y biológicos es que no tienes una actitud positiva.

 

Todo vale mientras se venda como un medio para “reinventarte” y “desarrollar tus potencialidades”. Lo más habitual es contratar a un coach y realizar un taller que prometa sacar el Superman que llevas dentro con un método estupendo que no se enseña en los planes de estudio de las universidades porque está reservado para aquellos que van más allá de la “ciencia oficial”. O para los que están dispuestos a pagar miles de euros por un curso de técnicas sin ningún aval científico, como ustedes prefieran. Y en este asunto da igual el color político: la ideología del pensamiento positivo no es de izquierdas ni de derechas.

 

El rey de la casa es el coaching, que se extiende como una mancha de aceite por todas partes, desde Santander hasta Cádiz. Estos coaches se afanan por enseñarte a descubrir que “todo empieza y todo acaba en ti”, como diría Ismael Serrano, y no dudan en utilizar cualquier procedimiento con tal de convencerte que, si te lo propones, podrás superar las auténticas barreras que te impiden alcanzar el éxito laboral: tus propios pensamientos y emociones.

 

Taller de coaching organizado con la colaboración del Ayuntamiento de Córdoba

Taller de coaching organizado con la colaboración del Ayuntamiento de Córdoba

 

El coaching no le hace ascos a ningún método. Podemos encontrar talleres de Programación Neuro Lingüística (PNL), una pseudociencia con marca registrada que ha sido desmontada por muchos estudios pero que no pierde actualidad gracias a la cantidad de coaches (entre los que hay también algunos psicólogos, hay que decirlo) que han pagado una pasta por el título y que, lógicamente, quieren sacarle rendimiento. Tenemos ejemplos de ello en este taller organizado por el Ayuntamiento de Tres Cantos o en este otro, realizado Las Rozas, ambos en Madrid.

 

También son reclamos habituales la Inteligencia Emocional y la Psicología Positiva, un movimiento reciente nacido en el seno de la psicología que no deja de crecer a pesar de las duras críticas que ha recibido y de haber sufrido duros golpes en su corta existencia, como ha ocurrido recientemente con el famoso “ratio de positividad” de la investigadora Barbara Fredrickson, que ha sido desmantelado por un aficionado. A este carro se han sumado, entre otros, los ayuntamientos de Ribarroja del Turia (Comunidad Valenciana) y Santa Lucía (Las Palmas de Gran Canaria).

 

En Ribarroja del Turia han optado por un gurú del pensamiento positivo (pincha en la imagen para agrandar)

En Ribarroja del Turia han optado por un gurú del pensamiento positivo (pincha en la imagen para agrandar)

 

REINVENTARSE, LA PALABRA MÁGICA

Hoy en día, quien no se reinventa es porque no sabe. Esto es lo que debe pensar esa legión de concejales de empleo, técnicos de agencias de desarrollo local, supuestos expertos y hasta presentadores de televisión, que se están dedicando a publicar libros y organizar talleres para explicarnos cómo llevar a cabo el gran cometido de la REINVENCIÓN. Desde Galapagar (Madrid) hasta Camargo (Cantabria), incluyendo a algún sindicato. Reinventarse ya no es una opción: es una obligación.

 

Todo este asunto empieza a volverse grotesco cuando se trata de personas sin recursos que tienen que recurrir a los servicios sociales porque no tienen ni para comer. Esto es lo que ha ocurrido estos días en el Ayuntamiento de La Orotava (Tenerife), donde se ha organizado un taller denominado “Nuevas masculinidades: reinventándose ante las dificultades” con hombres que perciben la Prestación Canaria de Inserción (PCI). Se trata una medida para conseguir la inserción social, económica y laboral de aquel sector de la población con especiales dificultades de integración. Lo que antes eran talleres educativos para la lucha contra la desigualdad de género, ahora se hacen pasar por métodos para “descubrirse como seres íntegros, libres, comprometidos y responsables de sus vidas” donde “se concibe a la persona desde la integración de sus dimensiones corporal, emocional, mental, sexual, espiritual y social”. Y publicando la foto de los participantes en la página web del ayuntamiento, lo que podría constituir incluso una violación de la Ley Orgánica de Protección de Datos. Pero todo de buen rollo.

 

ESTO SOLO LO ARREGLAMOS ENTRE TODOS

La religión del “buenrollismo” va ganando adeptos. Detrás de esos mensajes positivos se esconde una ideología que iguala a los que sufren la crisis y a los que la han causado. Hasta hace unos años, el pensamiento positivo como solución a los problemas de la vida estaba relegado a los libros de autoayuda. Pero ahora encontramos a supuestos expertos pagados con fondos públicos que pretenden buscar soluciones individuales a los problemas sociales. Nos quieren convencer de que el problema y la solución está en nosotros mismos, y lo hacen con nuestro propio dinero. Y encima esperan que les demos las gracias.

Campaña lanzada por la Fundación Confianza, formada por un grupo de empresarios españoles

Campaña lanzada por la Fundación Confianza, formada por un grupo de empresarios españoles

 

NOTA FINAL: El pasado domingo 31 de agosto, el Periódico de Extremadura publicaba un artículo titulado: “El ‘coaching’ crece como último recurso contra el desempleo”. Si este es el último recurso, estamos apañados.

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A barriga llena, corazón contento

¿Qué es lo que desearías para tus hijos/as? Aunque cada familia tiene sus valores, la mayoría estaríamos de acuerdo en lo básico: que nuestros hijos/as crezcan sanos, que sepan resolver las dificultades que se encuentren en la vida, que sean buenas personas y, en definitiva, que sean felices. Cualquiera que lea el preámbulo de la LOMCE (Ley Orgánica 8/2013 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa) puede compartir su espíritu en gran medida. Yo también pienso que “el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”, que “el sistema educativo debe contar con los mecanismos necesarios para reconocer [el talento] y potenciarlo” y que “el reto de la una sociedad democrática es crear las condiciones para que los alumnos y alumnas puedan adquirir y expresar sus talentos”. ¿Cómo iba a ser de otra forma?

 

Esta semana he conocido por la prensa que “los colegios canarios podrán impartir “Educación Emocional” desde el curso 2014-2015”. La asignatura, denominada EMOCREA (Educación Emocional y para la Creatividad), pretende valorar los aspectos emocionales y creativos en la educación integral del alumno, lo que resulta realmente interesante. Muchas personas pensamos que la educación no debe estar enfocada solamente a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que también debe enseñar al alumnado valores democráticos, herramientas para enfrentarse a los problemas de la vida cotidiana y aprendizajes dirigidos a aumentar su bienestar y la gestión de los conflictos. En ese sentido, la incorporación de una asignatura como EMOCREA puede ser un buen paso.

Soy una criatura emocional. ¿Qué significa esto?

Soy una criatura emocional. ¿Qué significa esto?

 

¿A QUÉ BIENESTAR ASPIRAMOS?

No creo que la mayoría pueda sostener hoy en día que eso que llamamos felicidad o bienestar se pueda reducir al consumo de bienes materiales, pero tampoco parece asumible que pensemos que se puede (y se debe) buscar el bienestar emocional sin cubrir al menos las necesidades básicas. Ni felices por tener un coche más grande ni bienestar desde la precariedad y la pobreza. En ese sentido, antes de introducir una asignatura como EMOCREA en el currículum académico, sería lógico saber si la inmensa mayoría del alumnado tienen sus necesidades materiales cubiertas. Es ahí cuando la hipocresía sale a la luz.

 

Este país tiene el dudoso honor de ser el segundo de la Unión Europea con mayor tasa de pobreza infantil, sólo superado por Rumanía. Hablamos de unos 2.500.000 de niños/as en riesgo de pobreza, de un 40% de niños/as de entre 11 y 17 años que no desayunan o sólo toman un vaso de leche o una pieza de fruta de lunes a viernes, una tasa de pobreza que alcanza ya al 29,9% de los/as menores. Vivimos en una país en el que la Defensora del Pueblo ha tenido que hacer un llamamiento a las comunidades autónomas para que abran los comedores escolares en verano y así evitar que un elevado número de niños y niñas pase HAMBRE durante las vacaciones. En Canarias, la tasa de pobreza alcanza a más de uno de cada cuatro hogares, donde más de la mitad de las familias tienen “mucha dificultad” para llegar a fin de mes, una situación de emergencia social que afecta principalmente a menores, jóvenes y personas mayores.

 

¿De qué estamos hablando cuando usamos la palabra “bienestar”? No cabe duda de que las intenciones de los autores de la propuesta son de lo más loable cuando nos dicen que “la asignatura pretende que los niños conozcan sus propias emociones y aprendan a ajustarlas para que no les desorienten y para poder dar una respuesta responsable a lo que sucede a su alrededor”. La cuestión es si resulta legítimo e incluso aceptable que nos dispongamos a enseñar a los niños y niñas a a regular sus emociones cuando se les niegan las necesidades más básicas.

 

El malestar de la pobreza y la precariedad no entiende de gestión emocional

El malestar de la pobreza y la precariedad no entiende de gestión emocional

 

LA FELICIDAD NO ES NEUTRAL

La propuesta de la asignatura de EMOCREA sería fantástica en una realidad en la que cualquier alumno/a supiera que puede aspirar a tener un futuro porque se ha garantizado la igualdad de oportunidades, donde no faltara la alimentación, la ropa y el calzado necesarios, el transporte y la posibilidad de acceder a una beca de estudios para que no se pierda ese talento. Una sociedad que garantizara que todo ese esfuerzo se verá recompensado en el futuro con un empleo digno y unas condiciones de vida mínimamente decentes. Una sociedad que entendiera que el bienestar no puede separarse de unas adecuadas condiciones de vida. De otra manera, estaremos creando un país de precarios felices y satisfechos, de personas en situación de exclusión social a pesar de tener empleo (los nuevos “trabajadores pobres”) más preocupadas por sentirse bien que por vivir en condiciones dignas. Y lo peor es que parece ese es el objetivo de esa asignatura y de la propia LOMCE.

 

El texto de la ley nos deja claro cuál es el camino: encauzar ese talento hacia trayectorias que faciliten la empleabilidad y estimulen el espíritu emprendedor (es decir, aumentar la capacidad de los/as trabajadores/as para adaptarse a las circunstancias que demande el mercado laboral en cada momento y encauzarles hacia la puesta en marcha de su propio negocio). Los ideólogos de la asignatura EMOCREA nos explican que se trata de una “revolución” para que “los alumnos afronten los nuevos retos del aprendizaje y se adapten a las demandas de una sociedad compleja y convulsa”, en un mercado en el que “las empresas requieren a sus trabajadores seguridad en sí mismos, autonomía, capacidad de trabajo en equipo y ven en estas cualidades una relación directa con la productividad”.

 

Lo siento mucho, pero muchas personas aspiramos a otro sistema educativo, con otros valores y otros fines. No queremos un sistema educativo que enseñe a nuestros/as hijos/as a ser más “adaptables” a la precariedad y a controlar sus emociones en cualquier situación, sino todo lo contrario. Hace falta cambiar el sistema educativo para poner en marcha una educación que transmita valores democráticos, que enseñe a los/as niños/as a identificar que una parte de su enfado y su frustración provienen de un sistema que les impide desarrollar su talento en igualdad de condiciones con otros niños/as de familias más pudientes, que enseñe pensamiento crítico para que no sean engañados por el bombardeo de la publicidad y los informativos, para que elijan su propio camino e identifiquen a los que los condenan a la pobreza y a formar parte de esa “juventud sin futuro”. Si queremos hacer una revolución en la educación, tomemos las medidas necesarias para que Canarias salga de la lista de las comunidades con mayor tasa de abandono escolar y que España deje de un de ser el país de la UE con mayor tasa de fracaso escolar.

 

Sin esos requisitos, una asignatura que pretenda enseñar a nuestros/as hijos/as que existe el bienestar al margen de la realidad sólo estará creando una nueva generación de personas más preocupadas de sentirse bien que de cambiar las circunstancias que les condenan al sufrimiento. Si queremos niños/as y adultos más felices, pongamos primero las condiciones para que lo puedan ser.

 

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La medida más importante hasta la fecha contra el fraude farmacéutico

Si hay un libro fundamental para introducirse en el mundo de las luchas contra la charlatanerías, ese es Mala Ciencia, de Ben Goldacre. A lo largo de sus 16 capítulos, el autor nos explica cómo saber si un tratamiento es eficaz, los errores que cometen muchos periodistas al comunicar los resultados científicos y hace un repaso por las más variopintas supercherías, desde las cremas antienvejecimiento a la “gimnasia cerebral” (Brain Gym®) y la homeopatía. Sin duda alguna, uno de los libros imprescindibles que todo el mundo debería leer.

Mala ciencia, por Ben Goldacre

Mala ciencia, por Ben Goldacre

 

Tras el enorme éxito de Mala Ciencia, Goldacre se lazó a por otro de los asuntos fundamentales en lo que a la salud de las personas se refiere: el funcionamiento de industria farmacéutica. En 2013 vio la luz Mala Farma, un libro más denso y menos entretenido que el anterior pero en la misma senda de rigor y combatividad. Mala Farma es un repaso exhaustivo a los abusos de la industria, que fueron recogidos por su momento por Antonio Martínez Ron en este fabuloso artículo en forma de decálogo:

  1. El 90% de los ensayos clínicos publicados son patrocinados por la industria farmacéutica
  2. Los resultados negativos se ocultan sistemáticamente a la sociedad
  3. Las farmacéuticas manipulan o maquillan los resultados de los ensayos
  4. Los resultados no son replicables
  5. Los comités de ética y reguladores nos han fallado
  6. Se prescriben a niños medicamentos que sólo tienen autorización para adultos
  7. Se realizan ensayos clínicos con los grupos más desfavorecidos
  8. Se producen conflictos de intereses
  9. La industria distorsiona las creencias de los médicos y sustituyen las pruebas por el marketing
  10. Los criterios para aprobar medicamentos son un coladero
Mala farma

Mala farma

 

¿PODEMOS FIARNOS DE LO QUE COMPRAMOS EN LA FARMACIA?

 

Si uno lee sin prejuicios el libro Mala Farma, entiende que lo que plantea Goldacre no tiene nada que ver con ese planteamiento falaz y maniqueo tan defendido por los amantes de las pseudomedicinas de que “la industria farmacéutica es mala, por tanto hay que defender las terapias alternativas”. Tanto en el primer libro como en el segundo, el autor deja bien claro que la sanidad debe apoyarse en la ciencia, y que todo lo que pretenda pasar por científico sin serlo es simple y llanamente un fraude. En ese sentido, no deja duda de su rechazo a las terapias pseudocientíficas. Sin embargo, defender una sanidad que se apoye en las pruebas científicas implica denunciar sin tapujos los abusos que se cometen desde la industria, que ponen en peligro la salud de las personas y que minan la confianza de los pacientes y profesionales sanitarios con respecto a los medicamentos y las terapias basadas en la evidencia.

 

Para poder fiarnos de lo que compramos en la farmacia, necesitamos tener la garantía de que todo lo que allí se vende ha demostrado ser eficaz para tratar nuestros problemas de salud, y que los posibles efectos adversos de cada producto sean conocidos y estén muy por debajo de sus beneficios terapéuticos. En esta línea, el autor reivindica como tesis principal del libro que todos los ensayos clínicos deben ser estar publicados y ser públicos. Si se ocultan los resultados negativos o se maquillan los datos, se puede hacer creer a los profesionales que un determinado fármaco es eficaz cuando no lo es. Imaginen que tiro una moneda al aire pero sólo la muestro cuando sale cara. Eso podría hacer pensar que la probabilidad de que salga cara es mucho mayor que su reverso, cuando realmente no es así. Ocultar información supone un fraude de dimensiones colosales que mina la confianza de la gente ante la medicina científica y supone un argumento muy fácil para los charlatanes que pretenden hacer pasar sus procedimientos por remedios eficaces.

 

Pero es que, además, la no publicación de ciertos estudios no sólo distorsiona la información sobre su supuesta eficacia, sino que puede limitar el conocimiento sobre los efectos adversos de un fármaco y poner en peligro la salud de muchas personas. Queremos confiar en la medicina y, en general, en las profesiones sanitarias, porque sabemos que lo que no cuenta con pruebas, no va a ninguna parte. Pero para ello necesitamos transparencia. Por supuesto, esta no es la única medida necesaria para regular a la industria farmacéutica, pero es un paso imprescindible.

¿Sabemos realmente qué eficacia tiene todo lo que se vende en una farmacia?

¿Sabemos realmente qué eficacia tiene todo lo que se vende en una farmacia?

 

LA CAMPAÑA “ALL TRIALS” Y LA GRAN NOTICIA

 

A raíz de la publicación de Mala Farma, se puso en marcha la plataforma “All Trials”, encabezada por Ben Goldacre. Su objetivo principal se explica claramente en la portada de su web:

 

Ha llegado el momento de que todos los ensayos clínicos sean publicados. Los pacientes, investigadores, farmacéuticos, doctores y entidades reguladoras de todo el mundo se verán beneficiados con la publicación de resultados de los ensayos clínicos. Estés dónde estés, por favor, firma la petición.

Existen miles de ensayos clínicos cuyos resultados aún no se conocen, muchos de los cuáles ni siquiera han sido registrados.

La información sobre qué se ha hecho y qué se ha encontrado en estos ensayos podría perderse para siempre para los médicos e investigadores, lo que conllevará decisiones equivocadas sobre tratamientos, la pérdida de oportunidades para mejorar la medicina actual, y la repetición de ensayos de forma innecesaria.

Todos los ensayos pasados y presentes deben registrarse, dando a conocer de forma completa los métodos llevados a cabo así como los resultados obtenidos.

Hacemos un llamamiento a todos los gobiernos, entidades reguladoras y grupos de investigación para que tomen medidas que permitan alcanzar este objetivo.

All Trials: Todos los ensayos registrados, todos los resultados informados

All Trials: Todos los ensayos registrados, todos los resultados informados

Pues bien. Esta semana hemos conocido una gran noticia: el Parlamento Europeo, siguiendo el modelo de clinicaltrials.gov, dispondrá de una web pública con toda la información sobre los informes clínicos sobre las investigaciones, independientemente de que sirvan como apoyo a la comercialización de un fármaco o cuando el ensayo ya sido retirado.

 

El alcance de esta resolución dependerá de cómo se desarrolle, de la cuantía de las multas previstas (recordemos, por ejemplo, que muchas veces la publicidad engañosa resulta un buen negocio para sus promotores porque las sanciones son ridículas en comparación con sus beneficios, como ocurrió con la famosa Power Balance) y de lo diligentes que sean las autoridades europeas a la hora de hacerlo cumplir. Tal y como ha sido aprobada, tampoco acaba de raíz con el problema de la ocultación de información: sólo se aplica a los ensayos clínicos realizados en la UE y no obliga a publicar los estudios realizados hasta la fecha, lo que supone una limitación importante.

 

Pero, a pesar de estas limitaciones,  la aprobación de esta resolución es un gran paso. Por fin, tanto los pacientes como los profesionales sanitarios podremos contar a partir de ahora con una información mucho más completa sobre los fármacos que salgan al mercado, lo que supone un gran avance en materia sanitaria. Gracias a la iniciativa “All Trials”, a la que nos hemos sumado organizaciones sanitarias, organismos públicos de salud, revistas científicas, profesionales sanitarios y personas independientes, se ha dado un paso necesario para acabar con las dudas que puedan surgir sobre la eficacia y la seguridad de los medicamentos. Todvía faltan mucho, como podemos comprobar siguiendo el decálogo anterior, pero vamos en la buena dirección.

 

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La reforma de la ley del aborto también te afecta si eres hombre

Desde que el pasado viernes el Consejo de Ministros aprobara la reforma de la ley el aborto, he comprobado de forma preocupante que el debate ha tendido hacia una discusión de “hombres” contra “mujeres”. Defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo es una exigencia democrática, y esto hay quien no lo quiere entender. Pero es que, encima, hay quien no comprende que esta reforma nos afecta a todas y a todos. Y hago un esfuerzo por explicitar los géneros para aclarar que yo, como hombre, también pierdo derechos con la nueva ley —que de nueva, por cierto, tiene muy poco—.

 

Imagina que ahora tú, si eres hombre, o yo mismo quisiéramos ser padres. Pensarás que, si lo has decidido con tu pareja y se van a poner a ello, no te encontrarás con las consecuencias de la reforma de la ley del aborto. Déjame decirte que estás muy equivocado. La ley del aborto también te incumbe porque y, a la hora de tomar la decisión, deberías tener en cuenta algunas consideraciones.

 

 

Si la vida de tu pareja corre peligro, o su salud psíquica puede verse gravemente en peligro a causa del embarazo, sólo podrá abortar legalmente con dos informes motivados, elaborados por dos médicos independientes que no desarrollen su actividad profesional en el centro donde va a llevarse a cabo el aborto (Punto Tres. Modificación del Art. 135 bis, a). En un país donde las listas de espera para las especialidades son de semanas, acogerte a este supuesto no va a ser tarea fácil, a menos que dispongas de los medios suficientes para pagar a dos informes de dos ginecólogos privados distintos. No pensemos en lo que pasaría si la mala suerte te lleva a dar con alguno de estos médicos que anteponen sus creencias religiosas a su labor profesional, que los hay.

 

Si esto no te parece una razón de peso para replantearte la paternidad (algo que, por cierto, me daría mucho miedo), también deberías saber que tu pareja sólo podrá abortar en caso de que el feto sufra alguna anomalía incompatible con la vida, es decir, “aquella que, previsible y habitualmente, en el momento del diagnóstico, se asocie con la muerte del feto o del recién nacido durante el periodo neonatal, aunque en condiciones excepcionales la supervivencia pueda ser mayor”. En definitiva, solamente si se sabe que el feto no podrá sobrevivir y si la muerte se produce tras el parto. Por lo tanto, si el feto sufre una anomalía incompatible con la vida que conlleva que no prospere antes del nacimiento, tampoco podrá abortar legalmente. No me imagino tomando la decisión de concebir un hijo sabiendo que ahora mi pareja no podrá abortar aunque se sepa que el feto no va a llegar a nacer. Por cierto, ambos supuestos sólo se aplican en las primeras veintidós semanas de gestación. Después, no hay nada que hacer, salvo que el diagnóstico no hubiera sido posible antes de las veintidós semanas y que además exista un informe emitido con anterioridad que así lo indique, o que la vida de la mujer corra peligro. Y siempre pidiendo autorización a un juez. O sea, casi nada.

Decidir nos hace libres.

Decidir nos hace libres.

 

El otro supuesto, es de la violación, también tiene tela que cortar (Punto Tres. Modificación del Artículo 135 bis. b) Sólo será legal si la violación ha sido denunciada y si se realiza durante las primeras doce semanas de la gestación. En caso de que la mujer sea menor de edad y de que los padres se nieguen —por ejemplo, porque sus creencias religiosas se lo impiden—, la decisión vuelve a quedar en manos del juez. Un defensor de esta ley podría indicar que este supuesto es garantista, ya que se supone que si una mujer no denuncia es porque realmente no ha habido violación, y por lo tanto el sexo ha sido consentido y la culpa es de la mujer por no tomar las medidas oportunas.

 

En un mundo perfecto, en el que los métodos anticonceptivos funcionan el 100% de las veces, donde toda la población tiene acceso gratuito y fácil a estos medios y donde, además, todo el mundo cuenta con la información necesaria para entender la necesidad de usarlos, esto sería hasta razonable. Razonable, siempre y cuando asumamos que para ese defensor de la reforma, el derecho a la mujer a disponer de su cuerpo como le plazca no tiene cabida. Pero no sólo habría que obviar los derechos de las mujeres, sino además implica asumir que denunciar una violación es fácil. Quien piense que eso es así debería conocer un poco mejor que muchas violaciones se producen por parte de la propia pareja, que existen situaciones —como la prostitución— donde una denuncia de este tipo puede resultar imposible para una mujer por encontrarse privada de libertad, o simplemente, que denunciar una violación sigue provocando un estigma social difícil de asumir. Esta ley favorece indirectamente a los violadores, y no creo que usted sea uno de ellos.

Un último aspecto a señalar es que, si tu pareja y tú deciden abortar por cualquier razón y no cuentas con el dinero suficiente para irte a Londres, sólo se considera legal un aborto si se hubiera producido por imprudencia —como una caída, un accidente o la ingestión de alguna sustancia abortiva, y no quiero seguir que no me gustaría dar ideas a nadie—, como señala el Punto Cuatro, Modificación del Artículo 146, 2.

 

La modificación de la ley es más amplia, y habría que explicar también lo que afecta a las mujeres menores de edad, donde se les incita a no tener relaciones sexuales a menos que estén dispuestas a asumir el riesgo de quedarse embarazada (Capítulo III bis, Art. 768 bis) endureciendo los requisitos para el aborto. También habría que hablar del insoslayable papel de la iglesia católica en este y otros temas, de la pseudociencia que se esconde tras muchos de los argumentos, como el del Síndrome Post Aborto (SPA), y también de la responsabilidad a la hora de ir a votar. Sin embargo, con lo visto hasta ahora, creo que queda bien claro, al menos, que esta ley nos atañe a todos y todas y que no se trata de un asunto exclusivo de las mujeres.

 

Pero también quiero dejar claro que, aunque así fuera, la reforma de la ley del aborto es una de las aberraciones democráticas más brutales que ha realizado el actual gobierno de Mariano Rajoy, lo que no es decir poco. No sólo se trata de una cuestión de salud: es una cuestión de derechos. Aunque si perteneces a ese grupo de hombres que no es capaz de entender que la ley del aborto también le afecta, no creo que pueda sorprender a nadie que pienses que tienes el derecho a decidir sobre el cuerpo de la mujer por una serie de creencias feudales, francamente.

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#NoSinEvidencia

Desde aquí quiero sumarme a la campaña #NoSinEvidencia desarrollada por varios médicos de familia, preocupados por las implicaciones del proceso de regularización de los productos homeopáticos iniciado por la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios.

MANIFIESTO #NOSINEVIDENCIA

 

La evidencia científica es uno de los pilares sobre los que se asienta la medicina moderna. Esto no siempre ha sido así: durante años, se aplicaron tratamientos médicos sin comprobar previamente su eficacia y seguridad. Algunos fueron efectivos, aunque muchos tuvieron resultados desastrosos.

Sin embargo, en la época en la que más conocimientos científicos se acumulan de la historia de la humanidad, existen todavía pseudo-ciencias que pretenden, sin demostrar ninguna efectividad ni seguridad, pasar por disciplinas cercanas a la medicina y llegar a los pacientes.

Los firmantes de este manifiesto, profesionales sanitarios y de otras ramas de la ciencia, periodistas y otros, somos conscientes de que nuestra responsabilidad, tanto legal como ética, consiste en aportar el mejor tratamiento posible a los pacientes y velar por su salud. Por ello, la aparición en los medios de comunicación de noticias sobre la apertura de un proceso de regulación y aprobación de medicamentos homeopáticos nos preocupa como sanitarios, científicos y ciudadanos, y creemos que debemos actuar al respecto. Las declaraciones de la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) asegurando que “no todos los medicamentos homeopáticos tienen que demostrar su eficacia” y que “la seguridad no se tiene que demostrar con ensayos clínicos específicos” no hacen sino aumentar nuestra preocupación.

Por lo tanto, solicitamos:

  1. Que no se apruebe ningún tratamiento que no haya demostrado, mediante ensayos clínicos reproducibles, unas condiciones de eficacia y seguridad al menos superiores a placebo. La regulación de unos supuestos medicamentos homeopáticos sin indicación terapéutica es una grave contradicción en sí misma y debe ser rechazada. Si no está indicado para nada ¿para qué hay que darlo?.
  2. Que la AEMPS retire de la comercialización aquellos fármacos, de cualquier tipo, que pese a haber sido aprobados, no hayan demostrado una eficacia mayor que el placebo o que presenten unos efectos adversos desproporcionados.
  3. Que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el resto de autoridades sanitarias persigan a aquellas empresas que atribuyen cualidades curativas o beneficiosas para la salud a sus productos sin haberlo demostrado científicamente.
  4. Que el Consejo General de Colegios de Médicos de España / Organización Médica Colegial, en cumplimiento del artículo 26 del Código de Deontología Médica, desapruebe a los facultativos que prescriban tratamientos sin evidencia científica demostrada.

Y aquí va el video creado para la ocasión por Project Guaraná:

 

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