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No estamos locos

El pasado fin de semana se celebró el #Naukas15, el mayor evento de divulgación del año, donde se reunió a más de 70 divulgadores/as de disciplinas muy diferentes. Esta es la primera edición en la que participo y quise aprovecharla para hablar de un tema que me preocupa desde hace años por sus implicaciones para la salud y la lucha contra el sufrimiento de las personas: la consideración de los problemas psicológicos como trastornos mentales o enfermedades.

Las charlas tienen una duración máxima de 10 minutos bajo amenaza de ser expulsado del escenario por el gran (en todos los sentidos) Fernando de la Cuadra como ocurrió en ocasiones, así que hay que ir rápido y al grano. Este es el resultado.

 

Aunque el título de la charla es “No estamos locos”, al final es posible que sí estemos todos un poco locos y locas, y que por eso tengamos que defendernos de los que quieren etiquetar nuestra sana locura como enfermedad.

¿Homeopatía pública y gratuita? Entrevista en Galaxias y Centellas de RTVC

Hace unos días estuve en el programa “Galaxias y Centellas” explicando la propuesta del Ayuntamiento de La Matanza de poner en marcha un “consultorio social de homeopatía” y la campaña que hemos puesto en marcha para que no se apoye esta (ni ninguna) pseudoterapia desde las instituciones públicas. Hablamos de qué es la homeopatía y por qué ha resurgido después de estar a punto de desaparecer a principios del s. XX. A partir del minuto 46:55. Espero que les guste.

galaxias y centellas

 

La industria de la homeopatía: un ‘lobby’ de buen rollo

(Publicado el pasado 30 de marzo en Naukas.com)

No seamos ingenuos: en el mundo hay lobbies. A veces parece necesario recordar que todo lo que consumimos ha sido fabricado y comercializado por alguien, un particular o una empresa, que busca obtener un beneficio con ello. Casi todos los sectores cuentan con sus propios lobbies o financian a personas y organizaciones que pueden beneficiar directa o indirectamente sus intereses. La industria alimentaria, la armamentística, la farmacéutica; las empresas de telecomunicaciones, el sector de la automoción y los fabricantes de maquinaria: todos cuentan con lobbistas que se reúnen con los representantes públicos para influir en sus decisiones. Son estos grupos que cuentan con abundante financiación privada los que copan las reuniones con los políticos y no escatiman en fondos para contratar cabilderos, ya que el sentido de una decisión política puede ser determinante para sus beneficios.

Pero a veces también nos olvidamos que en el sector de la crítica a los lobbies hay otros lobbies con sus propios intereses empresariales y económicos. A diferencia de los primeros, estos últimos se suelen presentar como defensores de nuestros intereses y víctimas de las grandes industrias. Su objetivo es intentar atraer hacía sí a todos los que estamos preocupados porque las decisiones sobre cuestiones que afectan a la salud, la alimentación y la seguridad puedan estar siendo tomadas bajo criterios que no tienen en cuenta los intereses de la ciudadanía. Tenemos buenas razones para estar asustados, pero cuidado con los que prometen salvarnos mientras hacen caja con nuestro miedo.

El papel de los 'lobbies' está siendo fundamental en la elaboración del TTIP

El papel de los ‘lobbies’ está siendo fundamental en la elaboración del TTIP

EL LOBBY DE LA HOMEOPATÍA

Unos de esos lobbies del buen rollo es el de la homeopatía. No importa que la homeopatía no haya demostrado nunca tratar eficazmente ningún problema de salud, ni que sea un sistema médico precientífico, ni que la industria homeopática haya tenido que pagar millones de dólares para librarse de ir a juicio por la inefectividad de sus productos. La verdad no importa cuando lo que están en juego son los alrededor de mil millones de euros de facturación (según esta web prohomeopatía), que suman Boiron (sólo esta empresa facturó 617,73 millones en 2013), Heel, Dhu y otros fabricantes, a los que hay que sumar los beneficios que obtienen las farmacias y los médicos que han decidido ignorar los conocimientos obtenidos en su carrera para recetar este tipo de productos.

Si algún producto homeopático hubiera demostrado alguna vez curar algo, ya estaría integrado en el sistema sanitario, como ocurre con los medicamentos y las terapias no farmacológicas que sí han demostrado ser eficaces, como por ejemplo las psicológicas. Como no disponen de esas pruebas, los lobbies de la homeopatía han hecho lo que hace cualquier lobby: tratar de influir sobre los que toman las decisiones. ¿Quiénes son en este caso? Pues básicamente los políticos y los consumidores.

Sanidad admite que la homeopatía no cura, pero no pasará nada

Sanidad admite que la homeopatía no cura, pero no pasará nada

 

A falta de estudios y con centenares de informes en contra (el último fue publicado hace unos días por el Consejo de Investigación Biomédica del Gobierno de Australia), los lobbies homeopáticos han optado por una estrategia comunicativa basada en los siguientes argumentos:

La homeopatía es una terapia natural: se intenta convencer a los consumidores de que la homeopatía es algo “natural”, lo que para muchas personas significa “es bueno y no hace daño”. Evidentemente, la homeopatía no hace daño (salvo que esté mal preparada, como ha ocurrido en algunas ocasiones), pero tampoco es “buena” en el sentido de servir para algo, y mucho menos es natural. Como todo el mundo sabe, un producto homeopático no lleva nada o prácticamente nada del producto original debido a que este se diluye una y otra vez. En algunos casos, estas sustancias son plantas (como el Rush toxicodendron, la hiedra venenosa, muy natural pero también muy tóxica), pero en otros podemos encontrar algunas verdaderamente absurdas y nada naturales, como el Trinitrotoluenum (el explosivo TNT) o trocitos diluidos del Muro de Berlín (este contra la sensación de opresión, y no es una broma).

Los fármacos tienen efectos secundarios, pero la homeopatía no: por supuesto, porque todo lo que tiene efectos primarios, tiene efectos secundarios. Sacar un fármaco al mercado es un proceso muy costoso porque hay que demostrar que no sólo es eficaz sino seguro. Esto lleva una media de 10 años y supone un coste de más de 2.000 millones de euros. Muy pocas empresas tienen la capacidad de invertir esa cantidad, lo que provoca a su vez que la industria farmacéutica se convierta en un auténtico oligopolio, con todos los problemas que eso provoca (escasa investigación sobre enfermedades no rentables, presiones para que los tratamientos farmacológicos sean considerados de primera elección, problemas derivados de las patentes, etc.). Existe un miedo razonable en muchas personas a la hora de consumir fármacos, en parte por los abusos de las farmacéuticas y en parte por las campañas de de los lobbies vinculados a las llamadas “terapias alternativas”, que no han dudado en utilizar este miedo en sus propio beneficio. En el caso de los productos homeopáticos, no provocan efectos secundarios porque no hacen nada, ni para mal ni para bien.

Se debe garantizar el derecho de todo el mundo a acceder a la homeopatía: evidentemente todo el mundo tiene derecho a usar homeopatía, como tiene derecho a que le echen las cartas del tarot o a visitar a la Virgen de Lourdes. Nadie les va a quitar ese derecho, pero no se puede pretender que se destine financiación pública para ello o que las autoridades sanitarias la acepten sin que hay demostrado servir para nada. Quien quiera magia, estupendo, pero que se la pague de su bolsillo. A lo que todo el mundo tiene derecho es a contar con una Sanidad Pública donde se le trate con terapias que han demostrado curar. Afortunadamente en España tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios públicos del mundo, aunque en los últimos años se haya visto seriamente afectado por los recortes. Quizá sería mejor que defendiéramos la sanidad pública en lugar de jugar a los médicos con placebos.

La homeopatía es una terapia integral que no atiende a la enfermedad sino al paciente: a veces no valoramos lo que tenemos porque nos falta una referencia con la que compararlo. A muchas personas les parece deficiente la atención que reciben en el sistema público de salud, a pesar que de que cuenta con una cobertura enorme y es razonablemente rápido y eficaz. Habría que ver qué pasaría si hubiera que pagar por cada consulta, cada prueba diagnóstica y cada fármaco que tomáramos, como ocurre en países como EEUU. El lobby homeopático ha vendido la idea de que la homeopatía no atiende a la enfermedad sino al paciente, y en sus consultorios se dedica mucho tiempo a cada persona, a la que se realiza una supuesta evaluación que incluye toda su vida, no solamente su problema. Esto hace que resulte difícil diferenciar la calidez de una sesión con la eficacia de una terapia (algo más frecuente aún en la psicología clínica), y que se acabe pensando que la homeopatía funciona porque uno se siente comprendido cuando habla con su homeópata, que más que médico se convierte en un amigo (un amigo que nos cobra cada sesión, pero cada uno sabrá cómo concibe la amistad).

Es difícil encontrar una farmacia en la que no se venda homeopatía

Es difícil encontrar una farmacia en la que no se venda homeopatía

La homeopatía está muy extendida: se utiliza en muchos países, es recetada por médicos, se vende en farmacias y la consume mucha gente: ¿Cómo es posible que la homeopatía esté tan extendida? Décadas de campañas por parte de una industria que se ha hecho multimillonaria a base de vender pastillas de azúcar han tenido que dar sus frutos. La verdadera pregunta es cómo es posible que los médicos, farmacéuticos y la sanidad pública de algunos países financie la homeopatía. Este es un asunto espinoso, pero que vale la pena analizar con detenimiento.

¿Por qué la homeopatía está reconocida como un “acto médico” a pesar de que no cura nada?

En el mundo del derecho, se suele utilizar la locución latina “Qui prodest?” para indicar que una buena forma de encontrar las causas de un acontecimiento es descubrir a quién beneficia. Que la homeopatía esté declarada como “acto médico” sólo se entiende como una acción corporativa por parte de los Colegios de Médicos, cuya función es la defender los intereses de sus colegiados. Si hay muchos médicos que receten esta terapia, habrá que darles el aval del Colegio Profesional y asumir que lo que hacen es un acto médico, porque si no podría pensarse que los homeópatas titulados en medicina están haciendo algo diferente a lo que se les supone, más cercano al curanderismo que a su profesión, y eso podría dañar la imagen de los médicos en general. Es la misma razón por la que en los Colegios de Psicología no se reprueba a quien hace psicoanálisis o Psicología Transpersonal, por más que su práctica profesional viole varios principios del propio Código Deontológico del Psicólogo. Por cierto, no hace falta ser médico para recomendar homeopatía porque no es un medicamento.

¿Por qué la homeopatía se vende en farmacias a pesar de que no cura nada?

No hace falta recordar que las farmacias también son un negocio y que obtienen sus beneficios de vender cosas. Cada vez encontramos en ellas más productos que no son fármacos, desde chupetes para niños a cortauñas, cremas antiarrugas (también de dudosa eficacia), preservativos y otras cosas. La homeopatía se vende en farmacias por una sola razón: porque es un negocio para los farmacéuticos. En lugar de denunciar este hecho, la mayoría de farmacias se han apuntado a vender homeopatía, y las pocas veces que algún farmacéutico ha levantado la voz y se ha opuesto públicamente a esto ha generado una polémica enorme, como le ocurrió a Jesús Fernández de la Farmacia Rialto en Madrid.

¿Por qué la homeopatía es financiada en algunos países por la sanidad pública? 

Este es el asunto más espinoso. Algunos países europeos decidieron hace años financiar la homeopatía con fondos públicos. Así ha ocurrido en Francia, Suiza, Reino Unido y Alemania, donde la homeopatía tiene una gran aceptación por parte de los consumidores. Lo primero que llama la atención es que las principales industrias de homeopatía se encuentran en estos países (Boiron y Lehning son francesas y Heel y Dhu son alemanas). Es difícil que un gobierno de un país legisle en contra de sus propias industrias, y mucho menos cuando hay un importante sector de la población a favor del uso de estos productos. ¿Significa eso que a los alemanes, franceses y suizos la homeopatía sí les funciona a pesar de los estudios o que las campañas publicitarias a favor de la homeopatía han tenido efecto? Decidan ustedes.

¿En qué gasta Boiron sus ingresos? Fuente: quemalpuedehacer.es

¿En qué gasta Boiron sus ingresos? Fuente: quemalpuedehacer.es

A pesar de esto, se empiezan a levantar voces críticas que piden que la homeopatía deje de estar financiada con fondos públicos. En el Reino Unido se ha retirado la financiación a raíz de un  informe del Parlamento Británico que se denuncia la ineficacia de estos productos, a pesar de que la potente industria ha contado con el apoyo del mismísimo Príncipe Carlos, creyente en esta terapia. En Francia cada vez hay más voces críticas con esta financiación, desde la Academia Nacional de Medicina hasta el Partido Pirata, que recuerda la falta de apoyo científico a estos productos y señala a los intereses de la millonaria industria homeopática como responsable de la situación. Como veremos ahora, los partidos políticos españoles no son tan responsables con este tema.

EL LOBBY DE LA HOMEOPATÍA EN ESPAÑA

El lobby de la homeopatía también es muy activo en nuestro país, donde ha conseguido algunos éxitos. Entre ellos, encontramos la financiación pública de la reforma de un Instituto y Hospital homeopático gracias a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; la compra de una cátedra en la Universidad de Zaragoza por parte de la empresa Boiron; la declaración por parte de todos los grupos políticos del Parlamento de Canarias (Coalición Canaria, Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español) a favor de la homeopatía y su inclusión en la sanidad pública y la inclusión de la Sociedad Española de Medicina Homeopática entre las sociedad científicas de la web del Ministerio de Sanidad.

También encontramos la organización de cursos por parte de universidades (La Laguna, León, Murcia, Barcelona y Navarra, entre otras) y Colegios Oficiales (Colegios de Farmacéuticos de Valencia y Pontevedra, Colegios Oficiales de Médicos de Madrid y Zaragoza, y muchos otros). Los artículos en periódicos de tirada nacional y revistas son incontables.

El Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo está promoviendo un consultorio social homeopático.

Y no podían faltar los partidos políticos. En España, el lobby homeopático se ha llevado a su terreno a prácticamente todo el arco parlamentario. Ya hemos visto el apoyo de PP, PSOE y CC  en Canarias, pero no queda ahí. Hemos visto al PSOE hablar en el Congreso de los Diputados de “medicina oficial”, un término habitual de los amigos de las falsas terapias. También hemos visto al PP intentando regularizar la homeopatía y a ERC recomendando al rey su uso para las hemorroides. Cabe recordar que IU ha sido la primera organización política en rechazar la inclusión de la homeopatía y otras pseudoterapias en la Sanidad Pública.

La última estrategia de este potente lobby es buscar su apoyo por parte de los ayuntamientos, y ya han comenzado en el municipio de La Matanza de Acentejo (Tenerife), donde se han propuesto que el ayuntamiento promueva un consultorio social homeopático. Pero como este tema es largo y tengo mucho que contar sobre ello, lo dejaré para un próximo artículo.

JM Mulet sin engaños

Cuando las sorpresas son agradables, es que han tocado un deseo. Eso fue lo que ocurrió el día que conocí un libro llamado “Los productos naturales, ¡vaya timo!” (Ed. Laetoli). Algunos ya estábamos con la mosca detrás de la oreja desde hacía tiempo, y no me podía creer que alguien se hubiera atrevido a poner en duda los sacrosantos beneficios de lo ecológico y lo natural.

 

Su autor era un bioquímico valenciano que, ni corto ni perezoso, abordaba el tema como un elefante entrando en una cacharrería. Por aquel entonces, ya me empezaba a parecer que se estaba abusando de la palabra “natural”, pero mi tímido escepticismo no fue suficiente para evitar que el libro me resultara un escándalo. Un escándalo necesario. Por primera vez comencé a plantearme lo que por aquel entonces eran verdades incontestables, como los supuestos peligros de los transgénicos y los (también supuestos) beneficios de los productos ecológicos. Aunque no compartía la opinión del autor al cien por cien, me hizo pensar con buenos argumentos y, sobre todo, con muchos y buenos datos.

 

Unos cuantos años después, yo también acabé publicando en esa colección y pude conocer en persona a Jose Miguel Mulet. Su segundo y esperado libro, Comer sin miedo (Ed. Destino) tardó en llegar, y tampoco dejó a nadie indiferente. A lo largo de sus 256 páginas aborda asuntos tan esenciales como la desmitificación de la agricultura, la alimentación natural y todo lo relacionado con ella: los productos ecológicos, los conservantes, la química que hay en la gastronomía y las dietas milagro, entre otros, y siempre desde una óptica crítica no exenta de ironía. Un libro imprescindible para sentarnos a la mesa mucho más tranquilos y ahorramos un montón de dinero en tonterías que no sirven para nada.

 

Comer sin miedo

Comer sin miedo

PROVOCADOR CON CAUSA

Mulet es un provocador al que le encanta serlo. Su mensaje es uno: no te creas nada, y para ello utiliza todas las herramientas posibles (incluso fingir un desmayo en una charla, como pudimos ver atónitos los que seguimos el pasado encuentro de Naukas 2014). Su estilo es sencillo y directo, sarcástico y sin concesiones. Escribe como habla, no deja títere con cabeza y es fácil pensar que va de sobrado si sólo lo sigues en Twitter. Pero hay que ver a Mulet en un debate y leer sus libros. A JM nadie le tose porque, cuando se pone a argumentar, lo hace siempre aportando pruebas. Él no habla para crédulos; él se dirige a los que empiezan a dudar para decirles “sí, esas dudas que tienes son razonables”. O, como repite en su nuevo libro, “si algo parece una tontería, lo es”.

 

Su último libro es un proyecto arriesgado llamado Medicina sin Engaños (Ed. Destino), en el que por primera vez se sale de los temas que más controla para abordar el peliagudo asunto de las psuedoterapias. Él no es médico (lo deja claro desde el prinicipio), ni psicólogo, ni fisioterapeuta; y sabía desde el principio que con un libro así iba a recibir críticas desde los frentes más variados. A pesar de ello, se embarcó en la labor de escribir un manual de referencia sobre el asunto en castellano. Y, en mi opinión, lo ha conseguido.

 

LO QUE MÁS ME HA GUSTADO

Si les soy sincero, esperaba encontrar a Mulet repartiendo hostias como panes desde la primera página. En lugar de eso, dedica una tercera parte de libro a explicar qué es y qué no es medicina, cómo empezó a ser científica y cómo se puede saber si una terapia es o no eficaz. Pero no sólo se queda aquí. Tampoco esquiva los temas conflictivos y se lanza explicar por qué las farmacéuticas tienen tan mala prensa, cómo funciona el tema de las patentes y qué barbaridades se han hecho en su nombre. Incluso se moja en la defensa de la Sanidad Pública y ofrece datos a favor de ello. Les confieso que esta parte me ha gustado tanto que si el libro hubiera acabado aquí, yo me habría dado por satisfecho.

 

En la segunda parte es donde empieza a analizar y desenmascarar algunas de las más famosas pseudoterapias. Cuando hay que ser moderado, como ocurre con la fitoterapia, sabe ser moderado. Pero cuando habla de “terapias” absurdas hasta la extenuación como la homeopatía, la naturopatía, la reflexoterapia y el reiki, ahí sálvese quien pueda. Es casi imposible leer sobre ellas y seguir creyendo que pueden servir para algo sin tener un grave problema de contacto con la realidad.

Con JM Mulet en Tenerife tras un #EEEP

Con JM Mulet en Tenerife tras un #EEEP

 

LO QUE MÁS HE ECHADO DE MENOS

A decir verdad, el capítulo con el que menos he disfrutado ha sido precisamente el que habla de la pseudociencia que hay en torno a la psicología y la psiquiatría, que además ha sido el que ha contado con mi colaboración. Tengo la impresión de que ha intentado tocar muchos temas en muy poco espacio y eso le ha llevado a resumir y simplificar demasiado. Estoy seguro de que hay una buena explicación para ello: se trata de mi disciplina, y mis conocimientos sobre cada uno de los asuntos que aborda en este capítulo son mucho mayores que respecto a los que aparecen en el resto del libro. Pero es que si nos ponemos de hablar de la pseudociencia que hay en torno a la psicología y la psiquiatría, tendríamos para un libro entero.

 

A pesar de todo, hay que reconocerle el esfuerzo y el valor de analizar con rigor el psicoanálisis, la hipnosis y otras cuestiones que no pertenecen a su campo de estudio. Me alegra mucho comprobar que los especialistas en las ciencias “duras” empiezan a tomarse en serio a las ciencias que estudian el comportamiento humano.

 

EN CONCLUSIÓN

Medicina sin engaños no sólo es un manual contra las pseudomedicinas: es una guía para aprender a desconfiar de todo lo que nos venden. Escribir un libro como este requiere una gran dosis de valentía, y JM tiene de sobra. Le agradezco enormemente que haya contado con mi colaboración y que me haya citado en más de un capítulo. No todos los días tiene uno la suerte de participar en un proyecto que puede ayudar a proteger el bolsillo y, en ocasiones, hasta la vida de la gente; pero más difícil es contar con la amistad y el asesoramiento constante de un monstruo de la divulgación como JM. Si no lo conocen aún, están tardando.

Esto sí es encontrarte a ti mismo con un libro, y no lo que hace la autoayuda

Esto sí es encontrarte a ti mismo con un libro, y no lo que hace la autoayuda

Terapias alternativas: ni terapias, ni alternativas. Entrevista en Doble Hélice de RNE.

Hace algunos días estuve en el programa de RNE 5 “Doble hélice” charlando con Juanjo Martín acerca de las llamadas “terapias alternativas”, qué son y por qué tienen tanta difusión a pesar del espectacular avance que las ciencias de la salud han realizado en las últimas décadas. Vamos a intentar responder a estas y otras preguntas que surgen al abordar este tipo de terapias: ¿sirven para algo? ¿están pensadas para problemas “leves”? Al final acabamos hablando de los libros de autoayuda, que de alguna forma tienen mucho que ver con estas terapias. Espero que les guste.

Este es el panfleto del que hablo en la entrevista. Seguro que alguna vez te has encontrado con otros parecidos.

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