Archivo - autoayuda RSS Feed

Lo que diferencia a la autoayuda de la narrativa

Cada cierto tiempo, alguien me escribe preguntándome por un autor en concreto para saber si yo lo considero un escritor de autoayuda. No creo que mi criterio sea mucho mejor que el de cualquier persona habituada a leer, y tampoco creo que identificar un libro como autoayuda tenga importancia para quien lo lee sin que le venga ya catalogado. Pero como es una pregunta frecuente, la voy a intentar responder en este artículo.

Todas las novelas y cuentos narran la historia de uno o más personajes, ya sea en primera o tercera persona (pocas veces se utiliza la segunda persona). Si las situaciones que relata son compartidas por la mayoría de los lectores y si utilizan un lenguaje cotidiano, es más probable que los lectores se sientan “identificados”, que encuentren coincidencias entre las cosas que le ocurren y las que le pasan a los personajes. Hace tiempo hablé sobre esto en otro artículo.

 

Hay un tipo de libros que se ha denominado “literatura inspiracional”, en los que se cuentan historias pretendiendo que el lector encuentre paralelismos consigo mismo de forma deliberada. El objetivo final es que realice un comportamiento equivalente en su vida que le permita obtener resultados equivalentes a los obtenidos por los personajes en el cuento o novela, que normalmente serán de carácter “terapéutico” y/o buscarán motivar a la gente para que actúe con mayor probabilidad de una forma determinada. La literatura inspiracional se considera un formato de autoayuda.

No sólo por reflejar la vida de la gente, una historia se convierte en autoayuda. Para considerarla de autoayuda, tiene que cumplir con los requisitos del apartado anterior, pero esto no siempre es algo fácil. Paulo Coelho o Jorge Bucay, por ejemplo, podrían argumentar que ellos escriben cuentos, no autoayuda, cuando publican “El alquimista” o “Cuentos para pensar”. En sentido estricto, no se podría decir lo contrario.

Sin embargo, estos autores actúan deliberadamente para dejar claro que su obra es una guía a seguir. Bucay, por ejemplo, nos dice que estas lecturas gustan porque tratan aspectos elementales de la vida que se suelen descuidar u olvidar, y se escriben de manera directa (El País, 2007). Coelho suele ser más directo y él mismo ofrece su visión del mundo y sus consejos para ser feliz en las entrevistas (por ejemplo, esta de Clarín).

 

Todas las historias pueden ser potencialmente de autoayuda. Muchas pueden tener, además, un carácter normativo, o lo que es lo mismo, pretenden fijar una regla que se debe seguir o a la que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc. Son novelas o cuentos que ofrecen a través de sus historias ejemplos de cómo debemos comportarnos. En ese sentido, hasta la Biblia podría ser un libro de autoayuda (hay muchos artículos de cristianos como este que se dedican a explicarnos que no esto es así). Yo tampoco creo que lo sea, aunque no anda lejos.

Sin embargo, el fin de la autoayuda es comúnmente el bienestar, la felicidad y/o la sanación, como si estos tres términos estuvieran bien definidos. Cuando un libro de historias pretende servir como guía a seguir para conseguir alguno de estos, es difícil que no podamos ponerles la etiqueta de autoayuda (yo prefiero catalogar como autoayuda a los libros en lugar de a los autores).

En resumen, una novela o cuento podrá considerarse dentro de la categoría “literatura inspiracional” cuando pretenda que el lector se identifique con los personajes y sus vivencias, con el fin de que realice un comportamiento equivalente al que realiza el personaje con el que se identifica para aumentar su bienestar, alcanzar la felicidad o provocar la sanación, aunque no quede claro qué significa cada uno de estos términos. Mientras no sea así, será una novela y punto. Que cada uno la use como quiera.

El lado oscuro de la felicidad. Entrevista en Radio Benavente – Cadena SER

Esta semana estuve con Esther Martín en Radio Buenamente (Cadena SER) hablando sobre la felicidad, la autoayuda y por qué este ‘boom’ del buenrollismo en los últimos tiempos. Espero que les guste.

cadena ser radio benavente

Lo que no aprendimos en el Club de los Poetas Muertos

La memoria no suele ponerse de mi lado, pero creo recordar bien el día que la maestra de lengua nos llevó a la sala de audiovisuales para ver el Club de los Poetas Muertos y nos pidió que apuntáramos las frases que más nos llamaran la atención. Se llamaba Carmen y adoraba su trabajo, pero su falta de autoridad y su facilidad para perder los papeles la encerraban en un círculo vicioso del que no sabía escapar.

Debía tener solamente unos once años, pero la película me fascinó. Aquella rebeldía del profesor que anima a sus estudiantes a enfrentarse a la norma, a poner en cuestión la forma en que se supone que deben ser las cosas, a utilizar la poesía como una vía de escape hacia mundos deseados; aquella actitud de subirse sobre la mesa para “cambiar la perspectiva”, para atreverse a mirar al mundo de otra manera: aquello era la libertad.

Sólo tenía once años, pero durante una época larga intenté vivir siguiendo sus enseñanzas, que llevaba apuntadas en un cuaderno grande de cuadros pequeños.

Carpe Diem. Aprovecha el momento.

No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos.

Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre así será.

Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.

El listado ocupaba más de dos páginas. La película me hizo pensar que transgredir los límites no sólo era posible sino deseable. Comencé a expresar lo que pensaba con metáforas y gestos extraños, sabiendo que estaban fuera de lugar, y a organizar una sociedad secreta con todos aquellos que sintieran la pasión por las frases grandilocuentes y la necesidad de respirar. No parecía difícil.

Oh, capitán, mi capitán...

Oh, capitán, mi capitán…

Los problemas empezaron pronto. Enseguida descubrí que a mis compañeros la película no les había dicho nada. No esperaba que la mayoría pensara como yo, pero no podía creer que no hubiera al menos una persona con la que compartir mi entusiasmo. Nos habían dicho que podíamos darle la vuelta a todo, pero los chicos seguían pensando en el fútbol y los coches y las chicas en los cromos y el brilé. Mi optimismo empezaba a tambalearse.

Empecé a interesarme por la poesía, pero en mi casa de padres obreros y sin estudios no había más que un puñado de libros religiosos y una novela de Torcuato Luca de Tena. Yo buscaba material fisionable y sólo encontraba carbón húmedo. La opción de encontrar a un señor Keating tampoco se materializaba. Mis maestros sabían que lo más lógico en un barrio como el mío era empujarnos para acabar la EGB y entrar en un módulo de FP. Todavía recuerdo aquella frase: no todo el mundo tiene que ir a la universidad: también necesitamos fontaneros y electricistas, y además cobran una pasta.

LO QUE NO APRENDIMOS EN EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

A lo largo de los años he podido conocer a muchas personas que sintieron la misma fascinación que yo al ver el Club de los Poetas Muertos. Cuando alguien nombra una frase de la película, las miradas cómplices no consiguen disimular una sombra de escepticismo. A muchos de nosotros la vida nos ha enseñado que esa pasión por cambiar los esquemas es un elemento necesario pero no suficiente para ser libres.

La libertad que aprendimos en la película era una libertad interior, como la que nos presentan los libros de autoayuda. Al fin y al cabo, la Welton Academy era un lugar para chicos que sabían bien que serían los líderes del futuro, niños con posibilidad de obtener elevados títulos académicos que el día de mañana se convertirían en altos cargos del gobierno de turno y dueños de grandes empresas, herederos de fortunas familiares. Para ellos, soñar y emocionarse proporcionaba un alivio sin consecuencias hasta que llegara el momento de saborear las mieles del éxito, una forma fácil y cómoda de canalizar la rebeldía adolescente.

En mi clase, prácticamente nadie conectó con ese mensaje. Nosotros, los chicos y chicas del barrio, sabíamos que no éramos los chicos de la Welton. No teníamos la posibilidad de rebelarnos, y la mayoría ni siquiera se lo planteaba. Cuatro años después, todos habían optado por la formación profesional a la que nos empujaban, excepto aquellos que tuvieron que ponerse a trabajar y un pequeño grupo de cinco que fuimos a hacer bachillerato. De este grupo, algunos empezamos pronto a compaginar trabajo y estudios.

Lo que no aprendimos en el Club de los Poetas Muertos es que no todo es posible con desearlo. De esta parte se encargó la realidad. Fue ella la que nos mostró que existían (y existen) limitaciones sociales, económicas y educativas que restringían nuestro margen de acción y que no desaparecían por más que leyéramos a Nietzsche y aprendiéramos a tocar la guitarra para componer canciones en las que volcábamos nuestras frustraciones. No fue la película sino la vida la que nos enseñó que una parte de nuestro malestar tiene que ver con la violencia de la desigualdad, con la posibilidad de quedarnos sin futuro y de no contar con los medios para elegir libremente nuestra propia realidad.

Al final, algunos aprendimos a aceptar que la esperanza y los sueños son una parte de cambio, pero que las condiciones materiales son una barrera titánica que sólo podemos aspirar a tambalear actuando directamente sobre la realidad, y a un precio en ocasiones muy alto. El propio suicidio de Robin Williams nos escupe a la cara que, desgraciadamente, no sólo vale con los sueños y aprovechar el momento. Existe la pobreza, existe el dolor crónico, existen las obsesiones, el desempleo, el frío, la economía financiera y el cáncer. Todos ellos se pueden aliviar pensando en positivo e ignorando la realidad, que tarde o temprano nos vuelve a golpear de nuevo y nos obliga a poner los pies sobre la tierra.

EL CLUB DE LOS PRESTIDIGITADORES VIVOS

Las cosas han cambiado poco con los años, y parece que a peor. Ahora la creencia de que todo-está-en-ti se ha convertido en una especie de religión, con profetas que nos venden falsas esperanzas en cualquier esquina. Después de tantos años de repetir las mismas ideas, estos prestidigitadores han conseguido que buena parte de la gente piense que cualquier cosa es posible si uno lo desea con todas sus fuerzas. Las víctimas llenan los despachos de los psicólogos y la caja fuerte de los fabricantes de psicofármacos.

Me pregunto si la señorita Carmen (sí, hubo una época en que llamábamos a las maestras “señorita” como si fuera un cumplido) sigue llevando a sus alumnos/as de colegio público a ver el Club de los Poetas Muertos sin avisarles de que las dificultades que se van a encontrar van a ser más grandes de lo que se pueden imaginar. Realmente no importa demasiado, ya que acabarán aprendiéndolo por sí mismos/as tarde o temprano. Sólo me queda el resquemor de pensar en aquellos/as que no consigan soportar el batacazo y acaben optando por el cinismo, por seguir buscando el alivio de las falsas esperanzas o, en el peor de los casos, por atajar el sufrimiento de una sola vez.

NOTA: Si te ha gustado, puedes ayudar a difundirlo aquí. Muchas gracias.

El ‘coaching’ de salud y de vida: los nuevos expertos en todo y para todo

Si has estado mínimamente atento a la actualidad social en los últimos años, seguro que te suena la palabra coach. Cuando hablo de coaches (no “coachs” ni “coachers”, como se escucha a veces por ahí), no me estoy refiriendo a esos famosos que preparan la puesta en escena de una canción en el programa La Voz de Telecinco, a los que quizá les viene mejor ese anglicismo que al elenco de profesionales del que vamos a hablar en este artículo.

 

ENTRENAR PARA GANAR MUCHO DINERO

 

Si nos ceñimos al significado estricto de la palabra, un coach (entrenador) es una persona cuya formación, experiencia y métodos didácticos le permiten preparar a una persona para la ejecución de una tarea, el ejercicio de un deporte o la práctica de una habilidad concreta. En este sentido, el coaching es una especie de tecnología que permite al entrenado (coachee) mejorar alguna destreza, o dicho de otra manera, hacer algo de manera más efectiva y eficiente.

 

El coaching, tal y como lo conocemos hoy en día, apareció en los años 80 del pasado siglo en el mundo empresarial. Casi de la noche a la mañana, los coaches surgieron de la nada enarbolando una disciplina que prometía aumentar los resultados empresariales (o lo que es lo mismo, los beneficios económicos) utilizando unos novedosos métodos desarrollados a partir de ciertas ideas provenientes de la filosofía, la psicología e incluso la física (cuántica, cómo no). Con esas credenciales, comenzaron a ofrecer talleres y cursos a grandes corporaciones que, emulando a los reyes de los cuentos, están siempre dispuestas a pagar copiosas sumas a cualquiera que prometa contar con la piedra filosofal que convierta su entidad en una fábrica de oro.

¿Quién dijo que la alquimia había muerto?

¿Quién dijo que la alquimia había muerto?

 

En principio, como no existe ningún método universal que haya demostrado que pueda mejorar los beneficios económicos de una empresa, el coaching no necesita demostrar ser eficaz ni mejor que otro procedimiento para venderse. Al igual que el consumidor de homeopatía no necesita pruebas científicas de su eficacia, el coach sólo necesita que el comprador de su servicio crea que va a funcionar. En algunos casos, puede creerlo así porque ha dado la coincidencia de que los beneficios han aumentado tras una entretenida conferencia, porque los directivos se han sentido muy motivados en un taller o porque alguien le ha dicho que a su empresa le ha funcionado. Todos ellos, criterios absolutamente insuficientes para afirmar nada con rigor, pero sí para convencer a un incauto de que tiene delante al mismísimo rey Midas.

 

NUEVAS MODAS: EL HEALTH COACHING Y EL LIFE COACHING

 

Se ha dicho alguna vez que la lotería es el impuesto que pagan lo que no saben de matemáticas. Aunque no estoy totalmente de acuerdo con esta idea (se puede saber de matemáticas y caer casi inevitablemente en las trampas que tienden los sesgos cognitivos), podemos hacer un paralelismo entre este fenómeno y el de las empresas que pagan por sesiones de coaching. Es probable que esta idea le guste por igual a los darwinistas sociales y a los que ven en el coach a una especie de Robin Hood que le quita el dinero a los ricos, aunque luego se lo quede para sí mismo: si un empresario tiene tan pocas luces para gastar miles de euros en una charla motivadora o unas sesiones de “gestión emocional”, quizá sea el precio que deba pagar por creer en la magia.

 

El problema comienza cuando el coaching pasa del mundo empresarial al mundo de la salud, ya sea mental o física (nunca me ha gustado esta diferenciación, pero la mantendré por su popularidad). Una cosa es que un coach prometa que las cuentas de resultados de una empresa se vayan a disparar gracias a que dispone de un método que sólo los iniciados como él conocen (y que hasta el momento ha escapado a los estudios de los economistas, los psicólogos de las organizaciones y todos los demás científicos, excepto algunos iluminados) y otra es que se dediquen a ofrecer intervenciones dirigidas a “mejorar tu trabajo, tu relación de pareja, tu salud, tu desarrollo personal y tomar el control de tu vida”, como podemos leer en la página de una de estas coaches de vida o life coaches.

 

Si han decidido meterse en la salud de las personas, debemos comprobar con detenimiento qué formación tienen estos “profesionales”, en qué se basan sus técnicas y qué estudios hay sobre la eficacia de las mismas, no vaya a ser que nos estén vendiendo gato por liebre, que estén cometiendo un delito de intrusismo profesional y, lo que es más importante, que puedan poner en peligro la salud de quienes recurren a ellos. Para ejemplificarlo bien, veremos algunos de los pasos que debes seguir si te estás planteando sumarte a este sector.

Hacerte coach es muy fácil, sólo tienes que seguir unos sencillos consejos

Hacerte coach es muy fácil, sólo tienes que seguir unos sencillos consejos

 

CINCO PASOS SENCILLOS PARA CONVERTIRTE EN COACH DE SALUD O COACH DE VIDA

 

Como suelen decir algunos coaches, en estos tiempos difíciles es importante que cada uno desarrolle todo su potencial y aprenda a sacar el mayor partido a sus capacidades para superar el bache. Aunque en España aún no son muy conocidos, o quizá precisamente por ello, una opción puede ser convertirte en health coach o life coach. El primero viene a ser una persona que sabe todo lo necesario en temas de salud (alimentación, ansiedad, estrés, embarazo, sexo, etc.) como para asesorarte y ayudarte a conseguir que todos esos aspectos de tu vida funcionen estupendamente. El segundo (el coach de vida o life coach) se trata más bien de alguien que te ayuda a clarificar tus metas en cualquier área de tu vida (trabajo, pareja, salud, desarrollo personal, etc.). ¿Suena bien, verdad? Pues con muy poco esfuerzo y unos cuantos miles de euros, tú mismo puedes convertirte también es un experto del coaching. Solamente tienes que seguir los siguientes pasos:

 

1. Consigue un título que te acredite como experto en coaching

 

Para empezar, lo primero es conseguir un título que suene bien, preferentemente en inglés. Si tu familia se lo puede permitir, consigue que te pague una estancia en EEUU para obtenerlo. A la gente le encantan los títulos obtenidos en Boston o Nueva York, no me pregunten por qué. Pagando unos pocos miles de dólares, y sin necesidad de conocimientos previos, podrás convertirte en coach aunque hayas estudiado cosas tan variadas como física, derecho o filología anglo-germánica. Por supuesto, no necesitas haber cursado años de psicología, medicina, enfermería, fisioterapia, nutrición o cualquier otra formación sanitaria, y en algunos casos podrás obtener un título acreditado por las grandes organizaciones de coaching sin que te exijan una formación mínima.  Eso sí, no olvides que tu título no tendrá ninguna validez oficial en España, ni siquiera si lo has realizado aquí (algunas universidades ofrecen ya títulos de coaching en forma de títulos no oficiales, como la USAL o la UNED). Pero eso a la gente de a pie no le importa demasiado.

 

2. Aprende a hablar como un coach

 

Para ser coach, no sólo vale querer serlo, sino también parecerlo. Una buena forma de conseguir el respeto y la confianza de tus futuros clientes es utilizar de forma habitual las siguientes palabras y frases, que nadie saben realmente lo que significan pero que dará un empaque tremendo a lo que dices: desarrollo personal, crecimiento, potencial, superar los límites, crear una nueva visión, despertar, desarrollo espiritual, plenitud, transformación personal, nueva perspectiva, proceso creativo, reinventarte, conectar con tu yo, conciencia, inspiración, energía positiva, bienestar, felicidad, talento, gestionar las emociones, holística. Hay muchas más, pero con esto ya tienes para ir tirando. Ahora sólo tienes que armar frases como “Aprovechar todo tu talento para superar los límites y alcanzar la transformación personal que te lleve a un estado de plenitud y felicidad mediante un enfoque holístico”. No falla.

 

Aprende a hablar como un coach

Aprende a hablar como un coach

3. Procura tener explicaciones para todo

 

Un coach debe tener respuestas para todo. Para eso te contratan. No vale decir que “no todo es blanco ni negro”, salvo si eso sirve para decir una cosa y la contraria sin que parezca que te estás contradiciendo. Recuerda que una de las máximas del coaching es que no se le dice al cliente lo que tiene que hacer, sino que se le pregunta y facilita que obtenga las respuestas por sí mismo (la mejor manera de que una persona acepte una idea es que parezca que la ha generado por sí misma). Si te quieres convertir en coach de salud, debes saber explicar de manera sencilla cuáles son los alimentos sanadores y purificadores [sic], qué son los OGM o cuál es el mejor remedio para los sofocos y los cambios de humor. Por supuesto, sencillo no quiere decir riguroso, sino fácil de entender y, por tanto, más creíble. No necesitas tener verdades, sino respuestas. Eso sí, intenta mezclar información rigurosa con ideas populares (como que muchas enfermedades físicas están causadas por las emociones). Nos encanta que nos den la razón aunque estemos equivocados.

 

Si te faltan ideas, acude a la estantería de Autoayuda de tu librería más cercana y lee unos cuantos de los más vendidos. Con eso podrás adquirir tanto repuestas como vocabulario. Además, tendrás libros para recomendar y eso siempre queda bien.

 

4. Recuerda que todo vale

 

Nadie va a requerir tus servicios para que le ofrezcas lo mismo que un médico o un psicólogo serio. Tampoco para que le digas que su problema no tiene solución, faltaría más. Debes mantener la mente abierta y abrazar todo tipo de técnicas que estos profesionales no utilizan porque dicen que son un fraude y que no han demostrado eficacia. Allí donde los profesionales rigurosos no entran, tú sí puedes. Entre los procedimientos y técnicas que puedes aprender están la PNL, el eneagrama, la hipnoterapia, la medicina holística, la homeopatía, el shiatsu, el reiki, la naturopatía, flores de Bach, medicina tradicional china, gemoterapia, risoterapia, musicoterapia, reflexología podal, cuencoterapia, acupuntura, aromaterapia, arteterapia, auriculoterapia, iridología… El listado de interminable, incluso te puedes inventar tus propios métodos y patentarlos. En principio, el coach no se ofrece como terapeuta, pero basta con echar un vistazo a los currículums de algunos de ellos para comprobar que no es incompatible, como por ejemplo aquí, aquí y aquí.

 

Recuerda: aprende vocabulario y no tengas reparo en usar cualquier cosa

Recuerda: aprende vocabulario y no tengas reparo en usar cualquier cosa

 

5. No te cojas los dedos

 

Antes de que te vengas arriba y te abras una cuenta en Twitter como coach, recuerda que si no tienes una titulación sanitaria, no digas que puedes tratar, evaluar o diagnosticar enfermedades o trastornos. El mensaje debe ser “nosotros no somos médicos ni psicólogos, nosotros ayudamos a la gente a enfocarse hacia sus propias metas y conseguirlas”. Con este discurso, tendrás clientes con trastornos que acudirán a ti en lugar de a un profesional sanitario, pero ese será su problema por no saber diferenciar a un profesional serio de uno que sólo lo es en apariencia.

 

EPÍLOGO

 

Te voy a pedir algo, y va en serio: no te creas nada de lo que te he dicho aquí. Quizá me he equivocado o podría no ajustarse a casos concretos. Cuando te encuentres con uno de estos coaches, pregúntale qué ha estudiado, qué títulos tiene y dónde los ha obtenido. Investiga si el centro que expide el título es un centro que otorga títulos oficiales o si vale lo mismo que un diploma como “monitor de risoterapia”. Si el título es extranjero, comprueba que tiene alguna validez en España. Si tienes tiempo y ganas, revista los contenidos del curso que le ha permitido acceder a ese título para comprobar que son rigurosos y no mera charlatanería (la mayoría incluyen teorías y técnicas pseudocientíficas). Si con todo esto encuentras a un coach con una formación rigurosa que utiliza técnicas y procedimientos que cuentan con suficientes estudios de eficacia, preséntamelo. Sería un gusto conocer a alguno que cumpla con estos requisitos.

 

Una última cosa: a veces se enfadan cuando les preguntas por sus títulos y borran toda la conversación previa y posterior. Si eso significa algo, lo dejo a tu criterio.

NOTA: Si te ha gustado, puedes ayudar a difundirlo aquí. ¡Gracias!

Actualización del 10 de marzo de 2014: No sé cómo se me pudo pasar el ponerles un ejemplo en video de todo esto. Supongo que estos días habrán conocido a las Flos Mariae. Pues bien, su líder, autora de letras y demás también se ha metido a coach. Y este es el resultado. Por favor, que alguien me diga que esto es un fake y que me la han colado.

Próximas charlas sobre psicología, autoayuda y pseudociencia

En los próximos meses estaré en varias ciudades con conferencias sobre psicología, autoayuda y pseudociencia. Les paso la información por si les apetece.

MARZO: XXI JORNADAS DE PSICOLOGÍA EN LA UIB (Mallorca)

Jueves 20 de marzo, taller: “Mentes ciegas: sesgos cognitivos causados por nuestra personalidad”.

Lugar: por confirmar

Hora: 18:00 hrs.

___

Viernes 21 de marzo, conferencia: “¿Por qué creemos en cosas raras? Autoayuda y pseudociencia en la psicología”.

Lugar: Aula Magna Jovellanos (Universitat de les Illes Balears).

Hora: 11:30 hrs.

Para poder participar en la conferencia y/o en el taller, hay que matricularse previamente. Existe la posibilidad de participar en todas las jornadas o en actividades sueltas. Toda la información aquí.

 

MARZO: ENIGMAS Y BIRRAS (Bilbao)

Sábado 29 de marzo: “¿Por qué creemos en cosas raras? Autoayuda y pseudociencia en la psicología”.

Lugar: KZ (Alda. San Mamés, 6 bajo).

Hora: 18:00 hrs.

Entrada libre.

___

MAYO: JORNADAS “ANGUSTIA Y SOCIEDAD: PREGUNTAS AL CAPITALISMO. XXIII MEMORIAL MANUEL ALEMÁN”

Lunes 5 de mayo, conferencia: “¿Por qué el pensamiento racional, la pseudociencia y los libros de autoayuda?”.

Lugar: Salón de Actos de la Facultad de Formación del Profesorado de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (C/ Juan de Quesada, 30).

Hora: por confirmar.

Manuel Alemán

 

Iré actualizando a medida que se vayan confirmando nuevas fechas. Si les apetece, nos vemos por ahí.

Página 1 de 212»