Andreas Lubitz y los límites de la psiquiatría

Un hombre decide suicidarse matando al mismo tiempo a otras personas. Puede ser el copiloto de un avión que hace colisionar deliberadamente el aparato contra unas montañas en Los Alpes o una persona que hace estallar una bomba en medio de una manifestación en Afganistan. El resultado es el mismo: el suicida acaba con su vida y con la de otras personas. Ambos acontecimientos son igualmente espeluznantes pero, ¿son comparables?

Los ataques suicidas ocurren con frecuencia lo suficientemente lejos como para no preocuparnos demasiado por ellos. Asumimos que se trata de fanáticos a los que les han “lavado el cerebro” hasta convencerles de que su “lucha” vale más que su propia vida, y a otra cosa, mariposa. En pocos casos se sigue tirando el hilo, y cuando se hace, las especulaciones suelen llevarnos en la mayoría de los casos a indagar sobre las circunstancias que provocaron eso que llamamos “fanatismo”.

Andreas Lubitz

Andreas Lubitz

Algo parecido ocurrió después del atentado contra Charlie Hebdó. Se habló de que los hermanos Kouachi sentían un “deseo de venganza por el sufrimiento de los países musulmanes […] y un sentimiento de desarraigo y ‘marginación’ en Francia”. También se apuntó hacia la pobreza como el caldo de cultivo del yihadismo en ese país. No recuerdo haber escuchado a ningún psiquiatra en ningún medio explicando las causas del atentado, como tampoco les vemos cuando se trata de un suicida bomba. Periodistas y editores dan por sentado –con buen criterio– que la mejor forma de explicar ese comportamiento es conociendo bien la historia de vida de la persona y el contexto en el que se desarrollaron los hechos, porque es ahí donde está la clave del asunto.

Sin embargo, cuando se trata de un varón blanco al que no se le suponen intenciones terroristas, nos quedamos estupefactos y damos por hecho que la causa de ese comportamiento tiene que venir de un funcionamiento anómalo del cerebro de esa persona. Hay algo raro en su mente, ese agujero insondable del que nadie sabe nada excepto los psiquiatras, y son ellos los que van a darnos una explicación.

LAS “EXPLICACIONES” PSIQUIÁTRICAS AL CASO DE ANDREAS LUBITZ

Las tragedias como la del avión de Germanwings, donde la causa se encuentra en un acto deliberado de una persona, nos llevan a preguntarnos cómo es posible que alguien sea capaz de hacer algo así. Aparecen entonces supuestas explicaciones que van desde las humillaciones a las que muchas personas y grupos se ven sometidas como consecuencia de las políticas neoliberales hasta los socorridos problemas de autoestima, sospechosos habituales en estos casos. Pero ninguna de estas explicaciones es suficiente dado que muchas personas sufren las consecuencias nefastas de estas políticas y muchas otras tienen problemas de autoestima, y es evidente que la práctica totalidad de ellas no se suicidan llevándose por delante decenas de vidas inocentes.

Para ello, los psiquiatras tienen sus propias explicaciones: los trastornos mentales. Según el modelo biomédico imperante en la psiquiatría, los trastornos mentales son enfermedades cerebrales causadas por un desequilibrio de neurotransmisores, anormalidades genéticas y defectos en la estructura y funciones del cerebro. Estos trastornos se pueden diagnosticar con unos métodos de los que dispone la psiquiatría y se pueden tratar con unos fármacos que actúan contra esos desequilibrios. Así es como conciben la mayoría de psiquiatras los trastornos mentales, y así es como se los han explicado  a otros médicos, a los psicólogos, a los pacientes, a los periodistas y al público en general.

Bienvenido al mundo de las etiquetas

Bienvenido al mundo de las etiquetas

Lo primero que hicieron los medios cuando se supo que el accidente había sido provocado fue buscar los antecedentes psiquiátricos de Lubitz y llamar a los psiquiatras para esclarecer el asunto. Había que saber qué alteración cerebral le había llevado a cometer semejante barbarie. El primer diagnóstico fue “depresión severa”, que ya había sufrido anteriormente en 2009. Se supone que eso explicaría el suicidio, pero no que lo hiciera matando al resto del pasaje. Entonces se empezó a especular que también sufría “ansiedad”, “ataques de pánico”, y “rasgos psicóticos”.

Algunos psiquiatras se dieron cuenta de que estas “explicaciones” no hacían más que ahondar en la estigmatización de las personas que sufren problemas psicológicos, y optaron por hablar de “trastorno narcisista”, del “síndrome de estar quemado” o de que, simple y llanamente, Andreas Lubitz era una mala persona (o mejor “personalidad de tipo maligno” o “psicópata”). Otros medios optaron por hablar de “una patología mental muy oculta” y no levantar la liebre con ninguna etiqueta. ¿Por qué es tan difícil encontrar el diagnóstico exacto que explique a la conducta de Andreas Lubitz?

LOS LÍMITES DE LA PSIQUIATRÍA

Lo que hemos presenciado estos días en los medios es la constatación de una serie de hechos, como que hoy en día no es posible predecir el comportamiento de una persona en el futuro de manera suficientemente fiable. Confiamos en los test de personalidad, los cuestionarios y las entrevistas, pero la realidad es que ninguna de estas técnicas proporciona la información suficiente para poder predecir cómo será el desempeño de una persona en el futuro. Por este motivo, cualquier informe psicológico indica siempre que las conclusiones sólo son válidas para el momento en el que se hace el estudio, asumiendo que varios meses después ya no sirven de mucho.

Si la capacidad productiva de los test es limitada, de los diagnósticos mejor ni hablamos

Si la capacidad productiva de los test es limitada, de los diagnósticos mejor ni hablamos

Y si las técnicas de las que he hablado (todas ellas psicológicas, no psiquiátricas) son insuficientes para predecir el comportamiento, no hablemos ya de de los diagnósticos psicopatológicos que se realizan en psiquiatría. Si te preguntas por qué, quizá deberías saber algo sobre estos diagnósticos:

  • No conocemos las causas biológicas de ni uno sólo de los trastornos mentales que aparecen en los manuales de diagnóstico. Ni siquiera un marcador biológico inequívoco que permita un diagnóstico. Por eso los psiquiatras no realizan a sus pacientes resonancias, análisis ni ninguna prueba que permitiera identificar esos marcadores (un problema en la estructura cerebral, un desequilibrio químico, etc.). La etiqueta la pone el psiquiatra cuando valora que la persona cumple una serie de síntomas.
  • Los psicofármacos no son específicos ni corrigen ningún desequilibrio químico: ni se ha probado que existan esos supuestos desequilibrios químicos ni que los fármacos los “corrijan” de alguna forma, lógicamente. El efecto de los fármacos dista mucho de ser específico y de tratar la causa de ninguno de los trastornos. Tampoco son más seguros y más eficaces que los que se usaban hace medio siglo.
  • A pesar los supuestos avances en la psiquiatría, cada vez hay más personas con problemas de salud mental y estos se han vuelto más crónicos y más graves: Cada día escuchamos hablar de los avances de la neurociencia, de la psiquiatría, de nuevos fármacos, y sin embargo eso no ha impedido (ni va a impedir) que cada vez haya más personas con problemas de salud mental. Tampoco que el número de diagnósticos posibles se haya disparado ¿Y si realmente estos avances no han sido tales?
  • Los problemas con la estigmatización de las personas con diagnósticos de trastornos psicopatológicos no se han solucionado tratándolos como “enfermedades cerebrales”: ya hemos visto lo que ha pasado con el caso de Andreas Lubitz y lo poco que tardaron el salir los psiquiatras a negar el diagnóstico de depresión por los efectos que tendría para los pacientes con ese diagnóstico.
  • La industria farmacéutica ha disminuido drásticamente sus esfuerzos por desarrollar nuevos fármacos debido a la falta de dianas moleculares específicas y al fracaso de muchos compuestos para conseguir efectos por encima del placebo.

Los diagnósticos de trastornos psicopatológicos (todas esas etiquetas que escuchamos continuamente en boca de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales) están en tela de juicio desde hace tiempo. Los límites de la psiquiatría son los del modelo biomédico en el que se asienta, que decide qué es enfermedad y qué convierte situaciones normales en patológicas (el fenómeno del disease mongering) con la participación de la industria, los profesionales sanitarios y las instituciones. El actual modelo en salud mental no nos aporta ninguna explicación sobre el sufrimiento humano ni sobre el comportamiento de las personas. Por este camino, no vamos a acercarnos nunca a explicar cómo llegó Andreas Lubitz a cometer un acto tan atroz ni seremos capaces de prevenir que vuelva a pasar.

Yo tampoco tengo la respuesta, pero quizá sería más interesante seguir indagando sobre su vida y su comportamiento buscando posibles causas en lugar de ponerle nombres suntuosos a supuestos fenómenos mentales-cerebrales que sólo sirven para ocultar nuestra vergüenza:  la que sentimos al admitir que sabemos mucho menos de lo que se cree sobre el comportamiento humano.


19 Respuestas a “Andreas Lubitz y los límites de la psiquiatría”

  1. Tostadora Verde abril 8, 2015 a 9:41 #

    Suelen gustarme sus artículos y su activismo señor Delgado, pero creo que aquí patina un poco. Su artículo hace afirmaciones en contra del actual consenso científico de un campo de la medicina, pero no ofrece citas bibliográficas para respaldarlas como uno esperaría al enfrentarse a algo así.

    “El efecto de los fármacos dista mucho de ser específico y de tratar la causa de ninguno de los trastornos. Tampoco son más seguros y más eficaces que los que se usaban hace medio siglo.”

    ¿Eso cree? ¿Tiene otros buenos casos para generalizar o cree que un inhibidor selectivos de la recaptación de serotonina para una depresión es tan peligroso como los tricíclicos o los inhibidores de la monoamino oxidasa que se usaban hace tiempo? Es cierto que los ISRS añaden cierto riesgo extra de suicido, pero no es comparable al de un fármaco cuya sobredosis puede matarte(tricíclicos), o que te pone estrictas limitaciones a tu dieta, con una crisis hipertensiva que también puede ser letal si no la cumples (IMAO).

    Menciona que los diagnósticos suelen ser a juicio del psiquiatra y no usar marcadores biológicos. Considero que esto se debe más bien al coste de un “escáner” cerebral fMRI (Imagen por resonancia magnética funcional) es muy caro, realmente muy caro, pero hay bibliografía que defiende que la concordancia entre el diagnóstico “clásico” del espectro autista al que pareces referirte y el que usa fMRI es del 97%: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4251975/

    Estas 2 imágenes pueden no ser un artículo científico, pero a mi juicio ponen en duda su afirmación de que no hay ningún marcador biológico para trastornos psiquiátricos, en este caso la depresión. http://i.imgur.com/z7qSERK.jpg http://i.imgur.com/YiZTaIP.jpg

    Y para evitar el riesgo de ser considerado reduccionista incluso tras esa 2º imagen: La longitud de los telómeros es menor en pacientes de depresión, efecto que escala con su duración y severidad http://www.nature.com/mp/journal/v19/n8/abs/mp2013151a.htm

    1/2

    • Carmen abril 8, 2015 a 19:38 #

      Le voy a dar yo una bibliografía sobre la afirmación de los psicofármacos (la verdad que no sé de dónde lo habrá sacado Eparquio, pero yo sí conozco este libro: “The Emperor’s New Drugs” Irving Kirsch.

    • Luis abril 12, 2015 a 14:42 #

      Sin ser un especialista, también he pensado que Eparquio ha dejado de lado en este artículo su conocida defensa de la ciencia para ponerse del lado de los anticientíficos que piensan que no existen enfermedades mentales, que sólo son etiquetas convenientes. Algo muy foucaultiano y muy conveniente. Creo que se confunde el sobrediagnóstico con la inexistencia. Sabemos que la psiquiatría están en pañales, pero no podemos negar lo que sí sabemos. La psiquiatría ayuda a las personas. Nadie hubiera puesto en duda las vacunaciones de Pasteur sólo porque no se conocía la genética en sus tiempos.

      Estoy de acuerdo con que el diagnóstico post mortem de Lubitz es imposible, pero de ahí a saltar a la conclusión de que estas dolencias no existen hay un abismo.

      Bueno, hasta el mejor escribano echa un borrón.

  2. Tostadora Verde abril 8, 2015 a 9:46 #

    Hay inclusos más problemas. Entiendo si es crítico con las estimaciones de Heredabilidad(porcentaje de la varianza explicado por los genes) que nos ofrecen los estudios familiares y de gemelos, pero ¿Cuál es su hipótesis más parsimoniosa, si no hay componente biológico a los trastornos psiquiátricos, de la mayor corcondancia entre los gemelos 100% idénticos genéticamente y los que solo lo son un 50% para una larga serie de trastornos psiquiátricos y la predisposición a estos?

    Esto difícilmente será (solo) un artefacto del diseño de los estudios, porque de nuevo explicar por qué estos nos darían una estimación de heredabilidad .20 para algunas fobias, pero cercano a .80 para la esquizofrenia también desafía la parsimonia. Igual que el hecho de que el contexto social, como la pobreza, aumenta la incidencia de muchos trastornos psiquiátricos, salvo la ya mencionada esquizofrenia.

    Espero su respuesta, de verdad, y espero que sea algo más que acusaciones de reduccionismo e incluya referencias en las que apoyar sus objeciones. Es un debate que me interesa y cuya opinión de él me sorprende. Los pecados de las farmaceúticas, o el puntual(pero trágico) fallo de la psiquiatría a la hora de predecir el caso Lubitz no vuelven el campo entero de la psiquiatría carente de sentido ni respaldo científico.

    Gracias de antemano por su atención.

    2/2

  3. Samuel abril 8, 2015 a 9:54 #

    Gran artículo.
    La clave es aceptar que estos casos volverán a suceder, todos queremos que no vuelva a ocurrir, pero es imposible que no vuelva a suceder. Además estamos en una sociedad donde el suicidio es un tabú, sin embargo la muerte por suicidios superan a los accidente de tráficos, violencia de género y accidente laborales, todos juntos. Pero desde el Gobierno no se intenta bajar estas cifras de una forma clara, como sí que lo hacen para los otros casos ( http://www.eldiario.es/sociedad/SUICIDIO-ESPANA-TASA-SALUD-PUBLICA_0_300970441.html )
    A colación de este artículo y porque hace tiempo ya me lo he venido preguntando. ¿Qué porcentaje de casos los psicólogos y psiquiatras son capaces de “curar”? ¿Cuán eficaz son las técnicas y medicamentos usados por estas ramas del conocimiento?
    He leído, que el porcentaje de “curar” de la psicología es realmente bajo (de la psiquiatría no lo conozco). Pero no sé si era un buen artículo o si eso ha cambiado.

  4. julian abril 8, 2015 a 12:27 #

    Un artículo redactado con solvencia. Señalando el déficit que en torno a la psique humana tiene la ciencia hoy en día. Sabemos muy poco sobre ella. Sin embargo, se dispara contra el objetivo equivocado. Sabemos muy poco de cómo funciona el cerebro, pero los psiquiatras aportan una cuota a este ínfimo poso de conocimiento, como lo hacen también los psicólogos, o los neurólogos. La neurociencia es su conjunto está en pañales. Es una oportunidad magnífica para la investigación, probablemente, la comprensión de la psique represente la última frontera.

    Dice: “Yo tampoco tengo la respuesta”. Eso es en lo único que lleva Vd. totalmente la razón, lo demás es discutible. Para comprender nuestro sistema nervioso sería interesante hacer lo que Vd. propone; indagar en la vida del sujeto, pero se necesitará la participación de más disciplinas para cruzar esa frontera.

    Un saludo.

  5. Javier abril 8, 2015 a 14:15 #

    Buen artículo Eparquio, me ha gustado mucho.
    Hace tiempo que vengo leyendo mucho sobre el estado actual de la psiquiatría. Está claro que se asienta sobre unos pilares más que discutibles, además hoy sabemos que los efectos de sus tratamientos no son tan exitosos (recaídas, cronicidad, aumento de los suicidios y de los trastornos…) Hay un ambiente de cuasi-revolución dentro de ella, sin embargo aún no he oído alternativas. También me preocupa bastante el apego de muchos movimientos antipsiquiatría por el psicoanálisis y los derivados de ella.

    Por otro lado, la psicología tampoco da solución a esta situación por muchos factores (las pseudoterapias, la discordancia entre las diferentes escuelas,el alto coste económico que supone…) A pesar de que los datos son más esperanzadores, la psicoterapia también muestra altas tasas de recaídas y de abandono. Y tampoco tenemos muy claro que es lo que funciona en la psicoterapia (veredicto del dodo y otras historias incluidas)

    Cuando veo a la “comunidad psy” hablando de todas estas cuestiones (positivas, en mi opinión) siento que los pacientes están huérfanos. Si la psiquiatría me miente y no soluciona causas de nada; y la psicología tampoco me resuelve el sufrimiento, ¿qué esperanza queda?…Entiendo que el paradigma debe ser cambiado por que este no está funcionando…pero me interesaría saber a dónde nos llevaría el cambio. Desgraciadamente hoy no tenemos el mismo sentido de EFICACIA del tratamiento para los problemas de salud mental, que para cualquier otra dolencia. Aunque sean las que más sufrimiento producen.

    Un saludo.

    • eparquio
      eparquio abril 12, 2015 a 1:02 #

      Muchas gracias por tu comentario, Javier. Tienes razón en tus apuntes sobre los tratamientos psicológicos: muchas escuelas, mucha varianza del éxito explicada por los llamados “factores inespecíficos” comunes a cada terapia (que desde mi punto de vista, son específicos, pero esa es otra cuestión), problemas con los abandonos y las recaídas, tratamientos un poco más caros que los psiquiátricos. Todos estos asuntos tienen sus causas, pero no sé si cabe explicarlas aquí. Decirte que en cuanto al abandono, la tasa es menor que la de los tratamientos farmacológicos en general (aquí va un ejemplo comparándolos en el tratamiento de la bulimia: http://www.bibliotecacochrane.com/BCPGetDocumentForPrint.asp?DocumentID=CD003385)
      También comentar el tema de las recaídas, que es posible que tenga mucho que ver con la consideración del sufrimiento como presencia de ciertas respuestas en lugar del las limitaciones que produce el estancamiento en las estrategias dirigidas a eliminar esas respuestas.

      Desgraciadamente, hoy no tenemos la misma eficacia en salud mental que en enfermedades orgánicas, salvando algunas excepciones en ambos sentidos, pero sí contamos con pruebas de que tenemos tratamientos eficaces para la mayoría de los trastornos que se recogen, algo que no existía hasta hace muy poco y que creo que es el camino a seguir, aunque utilizando otros criterios que no el de estos diagnósticos categoriales tal y como los concibe la psiquiatría.

      Un saludo.

    • Luis agosto 4, 2015 a 17:03 #

      Totalmente de acuerdo con lo que dices

  6. Aitor abril 8, 2015 a 16:14 #

    La psiquiatría es muy criticable, faltaría más, pero la crítica que haces Eparquio me decepciona un poco porque siendo tú escéptico deberías profundizar un poco más y darte cuenta que muchas de las cosas que criticas, sin ser falsas, tampoco son verdad.

    “No conocemos las causas biológicas de ni uno sólo de los trastornos mentales que aparecen en los manuales de diagnóstico”

    Supongo que sabes que en esos manuales también aparecen toda clase de demencias y la narcolepsia, por lo que de entrada tu afirmación “ni uno solo” no sería ya cierta. Pero entiendo que te refieres a la psiquiatría clásica, es decir, a las esquizofrenias, los bipolares, etc. En tal caso, antes que nada hay que precisar que los “desequilibrios” como tal fueron hipótesis fisiopatológicas y no etiológicas. Es decir, hipotetizaban que estaba ocurriendo en el cerebro del psicótico durante el brote agudo, pero no explicaban exactamente porque ocurría el hipotético desequilibrio. Actualmente ya no se busca 1 causa sino factores de riesgo (riesgo poligénico, inmunológico, psicosocial, etc.), para intentar llegar a modelos explicativos amplios y que den cuenta de toda la evidencia.

    Respecto al riesgo biológico, recientemente el Psychiatric genomic consortium encontró 108 polimorfismos significativos para la esquizofrenia, algunos muy llamativos como uno en DRD2 (receptor dopaminérgico) o que se replicase la asociación fuerte de la región HLA del cromosoma 6 (región muy implicada en enfermedades autoinmunes). Además se está viendo que muchos de los genes asociados al trastorno están implicados en el desarrollo cerebral, en el funcionamiento sináptico, en el control epigenético, etc. Esta evidencia converge con otras, por ejemplo la que muestra como el estres o los agonistas dopaminérgicos pueden producir psicosis en pacientes susceptibles. Son pistas sobre lo que sucede durante la psicosis, pero arrojan poca luz sobre el modelo explicativo causal. 1/2

  7. Aitor abril 8, 2015 a 17:22 #

    2/2 Cada está más claro que la esquizofrenia probablemente sea un batiburrillo de síndromes que no sabemos muy bien como diferenciar unos de otros, con casos en los que tendrán mayor peso los factores biológicos (ej, casos muy graves con muchos miembros de una misma familia afectada, síndrome velocardiofacial, etc.) a casos con mayor peso de los factores psicosociales (¿quizá la mayoría?). Sin embargo con otros trastornos, como el autismo, la evidencia apunta más a la importancia del riesgo genético y cada vez existe mayor consenso de que se trata de un grupo de síndromes provocados por trastornos del neurodesarrollo.

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25363760
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25363768

    Esto es progreso y en el caso del autismo sirve para desestigmatizar, entre otros, a las madres, a las vacunas y por supuesto a los afectados. El estigma no lo ha inventado la psiquiatría sino que existe desde siempre. Piensa en la edad media…

    Respecto al tema de los fármacos de nuevo me parece una verdad a medias lo que afirmas, ya que sí es cierto que son inespecíficos porque no se conoce la fisiopatología de lo que se está tratando. Pero lo que también es cierto es que se usan como tratamiento sintomático, a falta de alternativas mejores y más específicas, porque han demostrado cierta eficacia en el control sintomático comparado con placebo en determinadas circunstancias y en la prevención de recidivas.

    Me encantaría seguir pero tampoco quiero inundarte el blog con parrafadas infumables. Solo concluir que no creo que en este terreno la cantidad y calidad de las evidencias disponibles actualmente sea suficiente como para ser tajante en uno u otro sentido, es decir, ni para instalarse en un negacionismo antipsiquiátrico ni para afirmar tajantemente que la esquizofrenia, así en singular, es una enfermedad cerebral o cosas por el estilo. Se necesita investigación y escepticismo. Creo que el negacionismo no aporta nada sino que alimenta mitos y confusiones.

    • Enrique abril 9, 2015 a 11:50 #

      Totalmente de acuerdo. Una respuesta muy bien medida y centrada.
      Es un tema con una amplitud tal que coquetear con cualquier extremo te puede hace patinar. Si bien Eparquio parece que no tenía la intención de ir más allá de lo que puede ser una opinión, es cierto que no ha alcanzado el listón que él mismo se ha impuesto o exige en otros temas.

      Si no hubiese firmado él, diría que esto está escrito por un afín a los lacanianos (y remarco “afín” puesto que si hubiese sido un lacaniano, el texto sería ininteligible). Entiéndase este párrafo como algo humorístico, por favor.

      • Aitor abril 10, 2015 a 17:01 #

        Gracias. No pretendía decir que Eparquio patina sino que me habría gustado que profundizase más, porque las conclusiones a las que llega me parecen matizables. Principalmente la idea de que las etiquetas diagnósticas carecen de valor explicativo y que no tienen fundamento biológico. Sobre el fundamento biológico, olvide enlazar esto…
        http://www.nature.com/nature/journal/v511/n7510/full/nature13595.html

        Supongamos que en vez de comparar a miles de “esquizofrénicos” con miles de controles, se comparasen dos grupos tales como “tronistas” vs. controles. Probablemente no habría diferencias en los polimorfismos encontrados entre grupos, aunque bien podría haber falsos positivos, es decir polimorfismos sin relación con el estatus de “tronista”. Si la etiqueta “esquizofrenia” fuese una invención no se habrían encontrado tantas diferencias (108), pero lo que es más importante es que los falsos positivos se distribuirían al azar por el genoma, sin ninguna clase de plausibilidad biológica. No es el caso. Algunas de las diferencias son tan sugerentes como la del receptor D2 que citaba, que ya es casualidad que diferencie ambos grupos.

        Por otra parte, el valor explicativo de las etiquetas recae en el grupo más que en el individuo. Los síntomas individuales no se explican por el diagnóstico sino que llevan al diagnóstico. Es como pretender explicar que te duele la cabeza porque tienes migraña, cuando son las características de ese dolor lo que te ha llevado a ese diagnóstico. El valor explicativo reside en relacionar un cuadro sintomático con un pronóstico, respuesta a tratamientos, etc. y a nivel individual, sirve de heurístico en la toma de decisiones, pero sin olvidar que se debe contextualizar cada caso y de ahí que se diga “no hay enfermedades sino enfermos”. En este sentido, la conducta de Lubitz no se puede explicar en base a categorías que son de utilidad a nivel grupal, y menos ad-hoc. Se puede cuestionar su validez, pero no precisamente por este motivo.

  8. Rayco Expósito abril 8, 2015 a 23:03 #

    Hay algo de fondo en el artículo que no me encaja, la psiquiatría parece que no ha avanzado nada, no existen biomarcadores para nada y parece que es una disciplina meramente teórica al igual que la neurociencia. Quizás el problema no está en las propias investigaciones en sí, que sí que han generado avances importantes, sino en las expectativas demasiado elevadas por parte de la sociedad y de algunos medios. Si en el presente no se consiguen unos resultados lo suficientemente prácticos quizás en un futuro sí que se pueda conseguir, el método y el camino creo que es el adecuado.
    Por otro lado, no entiendo las críticas a los psicofármacos, que dicen que no tienen utilidad alguna. Entiendo que si estamos ante un caso de una depresión, por ejemplo, un fármaco nunca podrá eliminarte la depresión ya que el fármaco no influye en las causas, a menudos sociales, que han generado la depresión. El fármaco afectará a tu organismo a nivel funcional ayudando en el proceso, en este sentido un ansiolítico podrá tener efectos secundarios, pero su función para disminuir, a nivel funcional, los ataques de ansiedad puntuales las cumplen bastante bien y esto ayuda al tratamiento integral, sería una condición necesaria pero no suficiente.

  9. Jorge abril 9, 2015 a 15:23 #

    Hola, saben que siento, que hay muchas “palabras raras” y muchos “rotulitos” que solo confunden a la gente. Demasiados tecnicismos frios y distantes, en mi humilde opinion a la gente no le sirve para nada eso, porque no son hamsters para analizar en el laboratorio, son sujetos con una multiplicidad de factores psicosociales que lo constituyen.
    Lo unico que necesita un niño es afecto y ser reconocido, y que somos nosotros los adultos sino mas que niños que han pegado el estiron.

    Saludos !!

  10. eparquio
    eparquio abril 12, 2015 a 1:35 #

    Muchas gracias por las respuestas. Iba a escribir un comentario aquí, pero ya me está dando para un nuevo artículo, así que mejor me explico extensamente y abordo los asuntos de la biología y los trastornos que se han planteado aquí.

    Espero que no nos olvidemos de otro de los asuntos, y es el de la doble vara de medir que utilizamos dependiendo de si el que realiza el comportamiento es de una etnia concreta o de un país determinado, entre otras circunstancias. Quizá pensemos que nuestros criterios no valen para esas personas o que su comportamiento no debe ser considerado como un trastorno para que nadie intente utilizarlo como una justificación. Si se trata de lo primero, la validez estaría ligada al contexto concreto de la persona, y sólo eso pondría en duda su validez. Si es creemos que podría usarse como una forma de justificar el comportamiento, por ejemplo, de un terrorista, quizá debería preocuparnos sobremanera de que, más allá de que las etiquetas diagnósticas reflejen bien una realidad o no, puedan tener efectos sobre la conducta del paciente, y que esto influya en si aborda o no esa respuesta y cómo lo hace. ¿Consideramos la depresión cómo una respuesta normal o como patológica? Pero esto ya es parte del siguiente artículo.

    Muchas gracias y saludos.

    • Luis abril 12, 2015 a 14:50 #

      Yo no tengo problema en considerar patológicos ciertos fanatismos religiosos. No creo en absoluto que se trate de etnias, sino de comportamientos recurrentes. Es un hecho que prácticamente los únicos asesinatos por la vía del suicidio mártir son islamistas. En la segunda guerra mundial hubiéramos dicho que era un comportamiento típicamente japonés.

      No es que la etnia determine el comportamiento, es que ciertos fanatismos lo determinan. Ser escéptico también implica atacar a la religión que causa el mayor número de asesinatos y torturas en el mundo moderno.

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