Los libros nos enseñan aunque no sean de autoayuda

Ha pasado ya más de un año desde que se publicó “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” A lo largo de este tiempo me han escrito muchas personas para contarme su satisfacción con él y para expresarme dudas y algunas críticas a las que me parece interesante responder. Publicar todas las respuestas en un mismo artículo es demasiado, así que iré publicando cada tema por separado. Me gustaría empezar por un asunto sobre el que he hablado con algunas personas que han leído el libro y que quiero aclarar, y es si los libros nos “enseñan”.

Los libros nos permiten volar con la imaginación

Los libros nos permiten volar con la imaginación

Una de las preguntas que más veces me han hecho es si pienso que ningún libro de autoayuda sirve realmente para ayudar a cambiar el comportamiento, asumiendo lo que yo creo es que no es posible porque los libros no tienen ese poder, esa capacidad de producir un cambio. Parece que no he sabido explicar este asunto con suficiente claridad. Está claro que los libros pueden hacer que cambiemos nuestra forma de actuar, pensar o sentir en relación a una circunstancia concreta o ante un tipo de circunstancias.

Está claro que leer permite aprender ideas y conceptos, cambiar nuestra forma de comportarnos ante determinadas situaciones y reforzar ciertas creencias por encima de otras. Los avances que se han realizado en el estudio de la conducta verbal, el seguimiento de reglas, las relaciones de equivalencia y la transformación de funciones, nos están permitiendo entender cómo se aprende y se va modificando una forma de estar en el mundo que es absolutamente individual. Eso no quiere decir que no compartamos con otras personas una forma de responder ante una situación, un estímulo, al contrario: la inmensa mayoría de esas conductas serán compartidas con otras personas, porque es interactuando con otras personas como  aprendemos a cada una de ellas.

Ningún género literario promete cambiarte la vida, excepto la autoayuda

Ningún género literario promete cambiarte la vida, excepto la autoayuda

El problema es que los libros de autoayuda proponen una misma solución para todo el mundo, una forma de responder que es supuestamente la útil o eficaz, pero eso no es útil porque no todos tenemos la misma historia. ¿Es posible que a algunas personas les pueda servir la solución que proponen? Sí, para su problema concreto en unas circunstancias concretas, que pueden compartir con otras personas. Pero para eso, un libro de autoayuda debería escribirse bajo el conocimiento de cómo se comportan las personas que comparten una misma historia y un mismo contexto en alguna medida, y demostrar que su lectura o la puesta en práctica de las técnicas que nos propone han demostrado ser efectivas para lo que prometen. Si no es así –que es lo que ocurre siempre con estos libros– lo que se hace es “tirar barro a la pared a ver si pega”, como hace cualquier terapia alternativa sin aval científico. No son un timo porque no puedan cambiar a las personas, lo son porque no demuestran que sirven para lo que dicen que sirven.

Pero es que, además, los libros de autoayuda no sólo actúan sobre lo ya aprendido, sino que también construyen nuevos aprendizajes que condicionan el comportamiento, como ocurre con cualquier producto cultural. Incluso es posible que menos ya que cada vez leemos menos libros y dedicamos más tiempo a ver películas, escuchar canciones y leer en internet, lo que no es ni malo ni bueno en sí mismo. Es posible que esos aprendizajes ayuden a algunas personas a resolver problemas, y es posible que a otras no.

Los libros también pueden enseñarnos a responder de una forma ante un estímulo nuevo con el que no habíamos tenido contacto en el pasado, o a hacer que un estímulo que hasta ahora nos resultaba agradable se vuelva desagradable. El contacto directo con la realidad es más efectivo que un libro, no cabe duda, pero los libros también “enseñan”.

¿Los libros pueden "cambiar a la gente"? Sí, en determinadas condiciones.

¿Los libros pueden “cambiar a la gente”? Sí, en determinadas condiciones.

Pero también ocurre con frecuencia que un libro no cambia nada relevante en la persona, bien porque choca frontalmente con sus creencias (aunque aún así podría persuadir, como expliqué en este artículo), bien porque sus “enseñanzas” no puedan ser llevadas a cabo en la realidad porque la historia de aprendizaje de la persona y las circunstancias no lo permiten. En ese caso, el libro pasa sin pena ni gloria, provocando en algunos casos un cierto alivio temporal que lo convierte en reforzante y aumenta la probabilidad de que la persona empiece a leer uno tras otro buscando más esa sensación que una solución real, algo que (por cierto) también ocurre en las consultas de psicología. Quizá la diferencia entre los libros de autoayuda y las terapias psicológicas estriba en que un psicólogo (o al menos el que se dedica a la psicología científica aplicada) siempre realiza un análisis de las variables que causan la conducta de esa persona en concreto e interviene sobre sobre ellas con conocimiento de lo que hace.

De cualquiera de estas maneras, los libros provocan aprendizajes y lo hacen mediante el lenguaje, que permite una rápida transformación de funciones, aunque no siempre es efectiva ni siquiera “neutra”. Eso es un hecho innegable que debí explicar claramente en el libro.

Espero haber clarificado este asunto. En el siguiente artículo hablaré de las alternativas a los libros de autoayuda.

El lado oscuro de la felicidad. Entrevista en Radio Benavente – Cadena SER

Esta semana estuve con Esther Martín en Radio Buenamente (Cadena SER) hablando sobre la felicidad, la autoayuda y por qué este ‘boom’ del buenrollismo en los últimos tiempos. Espero que les guste.

cadena ser radio benavente

Andreas Lubitz y los límites de la psiquiatría

Un hombre decide suicidarse matando al mismo tiempo a otras personas. Puede ser el copiloto de un avión que hace colisionar deliberadamente el aparato contra unas montañas en Los Alpes o una persona que hace estallar una bomba en medio de una manifestación en Afganistan. El resultado es el mismo: el suicida acaba con su vida y con la de otras personas. Ambos acontecimientos son igualmente espeluznantes pero, ¿son comparables?

Los ataques suicidas ocurren con frecuencia lo suficientemente lejos como para no preocuparnos demasiado por ellos. Asumimos que se trata de fanáticos a los que les han “lavado el cerebro” hasta convencerles de que su “lucha” vale más que su propia vida, y a otra cosa, mariposa. En pocos casos se sigue tirando el hilo, y cuando se hace, las especulaciones suelen llevarnos en la mayoría de los casos a indagar sobre las circunstancias que provocaron eso que llamamos “fanatismo”.

Andreas Lubitz

Andreas Lubitz

Algo parecido ocurrió después del atentado contra Charlie Hebdó. Se habló de que los hermanos Kouachi sentían un “deseo de venganza por el sufrimiento de los países musulmanes […] y un sentimiento de desarraigo y ‘marginación’ en Francia”. También se apuntó hacia la pobreza como el caldo de cultivo del yihadismo en ese país. No recuerdo haber escuchado a ningún psiquiatra en ningún medio explicando las causas del atentado, como tampoco les vemos cuando se trata de un suicida bomba. Periodistas y editores dan por sentado –con buen criterio– que la mejor forma de explicar ese comportamiento es conociendo bien la historia de vida de la persona y el contexto en el que se desarrollaron los hechos, porque es ahí donde está la clave del asunto.

Sin embargo, cuando se trata de un varón blanco al que no se le suponen intenciones terroristas, nos quedamos estupefactos y damos por hecho que la causa de ese comportamiento tiene que venir de un funcionamiento anómalo del cerebro de esa persona. Hay algo raro en su mente, ese agujero insondable del que nadie sabe nada excepto los psiquiatras, y son ellos los que van a darnos una explicación.

LAS “EXPLICACIONES” PSIQUIÁTRICAS AL CASO DE ANDREAS LUBITZ

Las tragedias como la del avión de Germanwings, donde la causa se encuentra en un acto deliberado de una persona, nos llevan a preguntarnos cómo es posible que alguien sea capaz de hacer algo así. Aparecen entonces supuestas explicaciones que van desde las humillaciones a las que muchas personas y grupos se ven sometidas como consecuencia de las políticas neoliberales hasta los socorridos problemas de autoestima, sospechosos habituales en estos casos. Pero ninguna de estas explicaciones es suficiente dado que muchas personas sufren las consecuencias nefastas de estas políticas y muchas otras tienen problemas de autoestima, y es evidente que la práctica totalidad de ellas no se suicidan llevándose por delante decenas de vidas inocentes.

Para ello, los psiquiatras tienen sus propias explicaciones: los trastornos mentales. Según el modelo biomédico imperante en la psiquiatría, los trastornos mentales son enfermedades cerebrales causadas por un desequilibrio de neurotransmisores, anormalidades genéticas y defectos en la estructura y funciones del cerebro. Estos trastornos se pueden diagnosticar con unos métodos de los que dispone la psiquiatría y se pueden tratar con unos fármacos que actúan contra esos desequilibrios. Así es como conciben la mayoría de psiquiatras los trastornos mentales, y así es como se los han explicado  a otros médicos, a los psicólogos, a los pacientes, a los periodistas y al público en general.

Bienvenido al mundo de las etiquetas

Bienvenido al mundo de las etiquetas

Lo primero que hicieron los medios cuando se supo que el accidente había sido provocado fue buscar los antecedentes psiquiátricos de Lubitz y llamar a los psiquiatras para esclarecer el asunto. Había que saber qué alteración cerebral le había llevado a cometer semejante barbarie. El primer diagnóstico fue “depresión severa”, que ya había sufrido anteriormente en 2009. Se supone que eso explicaría el suicidio, pero no que lo hiciera matando al resto del pasaje. Entonces se empezó a especular que también sufría “ansiedad”, “ataques de pánico”, y “rasgos psicóticos”.

Algunos psiquiatras se dieron cuenta de que estas “explicaciones” no hacían más que ahondar en la estigmatización de las personas que sufren problemas psicológicos, y optaron por hablar de “trastorno narcisista”, del “síndrome de estar quemado” o de que, simple y llanamente, Andreas Lubitz era una mala persona (o mejor “personalidad de tipo maligno” o “psicópata”). Otros medios optaron por hablar de “una patología mental muy oculta” y no levantar la liebre con ninguna etiqueta. ¿Por qué es tan difícil encontrar el diagnóstico exacto que explique a la conducta de Andreas Lubitz?

LOS LÍMITES DE LA PSIQUIATRÍA

Lo que hemos presenciado estos días en los medios es la constatación de una serie de hechos, como que hoy en día no es posible predecir el comportamiento de una persona en el futuro de manera suficientemente fiable. Confiamos en los test de personalidad, los cuestionarios y las entrevistas, pero la realidad es que ninguna de estas técnicas proporciona la información suficiente para poder predecir cómo será el desempeño de una persona en el futuro. Por este motivo, cualquier informe psicológico indica siempre que las conclusiones sólo son válidas para el momento en el que se hace el estudio, asumiendo que varios meses después ya no sirven de mucho.

Si la capacidad productiva de los test es limitada, de los diagnósticos mejor ni hablamos

Si la capacidad productiva de los test es limitada, de los diagnósticos mejor ni hablamos

Y si las técnicas de las que he hablado (todas ellas psicológicas, no psiquiátricas) son insuficientes para predecir el comportamiento, no hablemos ya de de los diagnósticos psicopatológicos que se realizan en psiquiatría. Si te preguntas por qué, quizá deberías saber algo sobre estos diagnósticos:

  • No conocemos las causas biológicas de ni uno sólo de los trastornos mentales que aparecen en los manuales de diagnóstico. Ni siquiera un marcador biológico inequívoco que permita un diagnóstico. Por eso los psiquiatras no realizan a sus pacientes resonancias, análisis ni ninguna prueba que permitiera identificar esos marcadores (un problema en la estructura cerebral, un desequilibrio químico, etc.). La etiqueta la pone el psiquiatra cuando valora que la persona cumple una serie de síntomas.
  • Los psicofármacos no son específicos ni corrigen ningún desequilibrio químico: ni se ha probado que existan esos supuestos desequilibrios químicos ni que los fármacos los “corrijan” de alguna forma, lógicamente. El efecto de los fármacos dista mucho de ser específico y de tratar la causa de ninguno de los trastornos. Tampoco son más seguros y más eficaces que los que se usaban hace medio siglo.
  • A pesar los supuestos avances en la psiquiatría, cada vez hay más personas con problemas de salud mental y estos se han vuelto más crónicos y más graves: Cada día escuchamos hablar de los avances de la neurociencia, de la psiquiatría, de nuevos fármacos, y sin embargo eso no ha impedido (ni va a impedir) que cada vez haya más personas con problemas de salud mental. Tampoco que el número de diagnósticos posibles se haya disparado ¿Y si realmente estos avances no han sido tales?
  • Los problemas con la estigmatización de las personas con diagnósticos de trastornos psicopatológicos no se han solucionado tratándolos como “enfermedades cerebrales”: ya hemos visto lo que ha pasado con el caso de Andreas Lubitz y lo poco que tardaron el salir los psiquiatras a negar el diagnóstico de depresión por los efectos que tendría para los pacientes con ese diagnóstico.
  • La industria farmacéutica ha disminuido drásticamente sus esfuerzos por desarrollar nuevos fármacos debido a la falta de dianas moleculares específicas y al fracaso de muchos compuestos para conseguir efectos por encima del placebo.

Los diagnósticos de trastornos psicopatológicos (todas esas etiquetas que escuchamos continuamente en boca de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales) están en tela de juicio desde hace tiempo. Los límites de la psiquiatría son los del modelo biomédico en el que se asienta, que decide qué es enfermedad y qué convierte situaciones normales en patológicas (el fenómeno del disease mongering) con la participación de la industria, los profesionales sanitarios y las instituciones. El actual modelo en salud mental no nos aporta ninguna explicación sobre el sufrimiento humano ni sobre el comportamiento de las personas. Por este camino, no vamos a acercarnos nunca a explicar cómo llegó Andreas Lubitz a cometer un acto tan atroz ni seremos capaces de prevenir que vuelva a pasar.

Yo tampoco tengo la respuesta, pero quizá sería más interesante seguir indagando sobre su vida y su comportamiento buscando posibles causas en lugar de ponerle nombres suntuosos a supuestos fenómenos mentales-cerebrales que sólo sirven para ocultar nuestra vergüenza:  la que sentimos al admitir que sabemos mucho menos de lo que se cree sobre el comportamiento humano.

¿Homeopatía pública y gratuita? Entrevista en Galaxias y Centellas de RTVC

Hace unos días estuve en el programa “Galaxias y Centellas” explicando la propuesta del Ayuntamiento de La Matanza de poner en marcha un “consultorio social de homeopatía” y la campaña que hemos puesto en marcha para que no se apoye esta (ni ninguna) pseudoterapia desde las instituciones públicas. Hablamos de qué es la homeopatía y por qué ha resurgido después de estar a punto de desaparecer a principios del s. XX. A partir del minuto 46:55. Espero que les guste.

galaxias y centellas

 

La industria de la homeopatía: un ‘lobby’ de buen rollo

(Publicado el pasado 30 de marzo en Naukas.com)

No seamos ingenuos: en el mundo hay lobbies. A veces parece necesario recordar que todo lo que consumimos ha sido fabricado y comercializado por alguien, un particular o una empresa, que busca obtener un beneficio con ello. Casi todos los sectores cuentan con sus propios lobbies o financian a personas y organizaciones que pueden beneficiar directa o indirectamente sus intereses. La industria alimentaria, la armamentística, la farmacéutica; las empresas de telecomunicaciones, el sector de la automoción y los fabricantes de maquinaria: todos cuentan con lobbistas que se reúnen con los representantes públicos para influir en sus decisiones. Son estos grupos que cuentan con abundante financiación privada los que copan las reuniones con los políticos y no escatiman en fondos para contratar cabilderos, ya que el sentido de una decisión política puede ser determinante para sus beneficios.

Pero a veces también nos olvidamos que en el sector de la crítica a los lobbies hay otros lobbies con sus propios intereses empresariales y económicos. A diferencia de los primeros, estos últimos se suelen presentar como defensores de nuestros intereses y víctimas de las grandes industrias. Su objetivo es intentar atraer hacía sí a todos los que estamos preocupados porque las decisiones sobre cuestiones que afectan a la salud, la alimentación y la seguridad puedan estar siendo tomadas bajo criterios que no tienen en cuenta los intereses de la ciudadanía. Tenemos buenas razones para estar asustados, pero cuidado con los que prometen salvarnos mientras hacen caja con nuestro miedo.

El papel de los 'lobbies' está siendo fundamental en la elaboración del TTIP

El papel de los ‘lobbies’ está siendo fundamental en la elaboración del TTIP

EL LOBBY DE LA HOMEOPATÍA

Unos de esos lobbies del buen rollo es el de la homeopatía. No importa que la homeopatía no haya demostrado nunca tratar eficazmente ningún problema de salud, ni que sea un sistema médico precientífico, ni que la industria homeopática haya tenido que pagar millones de dólares para librarse de ir a juicio por la inefectividad de sus productos. La verdad no importa cuando lo que están en juego son los alrededor de mil millones de euros de facturación (según esta web prohomeopatía), que suman Boiron (sólo esta empresa facturó 617,73 millones en 2013), Heel, Dhu y otros fabricantes, a los que hay que sumar los beneficios que obtienen las farmacias y los médicos que han decidido ignorar los conocimientos obtenidos en su carrera para recetar este tipo de productos.

Si algún producto homeopático hubiera demostrado alguna vez curar algo, ya estaría integrado en el sistema sanitario, como ocurre con los medicamentos y las terapias no farmacológicas que sí han demostrado ser eficaces, como por ejemplo las psicológicas. Como no disponen de esas pruebas, los lobbies de la homeopatía han hecho lo que hace cualquier lobby: tratar de influir sobre los que toman las decisiones. ¿Quiénes son en este caso? Pues básicamente los políticos y los consumidores.

Sanidad admite que la homeopatía no cura, pero no pasará nada

Sanidad admite que la homeopatía no cura, pero no pasará nada

 

A falta de estudios y con centenares de informes en contra (el último fue publicado hace unos días por el Consejo de Investigación Biomédica del Gobierno de Australia), los lobbies homeopáticos han optado por una estrategia comunicativa basada en los siguientes argumentos:

La homeopatía es una terapia natural: se intenta convencer a los consumidores de que la homeopatía es algo “natural”, lo que para muchas personas significa “es bueno y no hace daño”. Evidentemente, la homeopatía no hace daño (salvo que esté mal preparada, como ha ocurrido en algunas ocasiones), pero tampoco es “buena” en el sentido de servir para algo, y mucho menos es natural. Como todo el mundo sabe, un producto homeopático no lleva nada o prácticamente nada del producto original debido a que este se diluye una y otra vez. En algunos casos, estas sustancias son plantas (como el Rush toxicodendron, la hiedra venenosa, muy natural pero también muy tóxica), pero en otros podemos encontrar algunas verdaderamente absurdas y nada naturales, como el Trinitrotoluenum (el explosivo TNT) o trocitos diluidos del Muro de Berlín (este contra la sensación de opresión, y no es una broma).

Los fármacos tienen efectos secundarios, pero la homeopatía no: por supuesto, porque todo lo que tiene efectos primarios, tiene efectos secundarios. Sacar un fármaco al mercado es un proceso muy costoso porque hay que demostrar que no sólo es eficaz sino seguro. Esto lleva una media de 10 años y supone un coste de más de 2.000 millones de euros. Muy pocas empresas tienen la capacidad de invertir esa cantidad, lo que provoca a su vez que la industria farmacéutica se convierta en un auténtico oligopolio, con todos los problemas que eso provoca (escasa investigación sobre enfermedades no rentables, presiones para que los tratamientos farmacológicos sean considerados de primera elección, problemas derivados de las patentes, etc.). Existe un miedo razonable en muchas personas a la hora de consumir fármacos, en parte por los abusos de las farmacéuticas y en parte por las campañas de de los lobbies vinculados a las llamadas “terapias alternativas”, que no han dudado en utilizar este miedo en sus propio beneficio. En el caso de los productos homeopáticos, no provocan efectos secundarios porque no hacen nada, ni para mal ni para bien.

Se debe garantizar el derecho de todo el mundo a acceder a la homeopatía: evidentemente todo el mundo tiene derecho a usar homeopatía, como tiene derecho a que le echen las cartas del tarot o a visitar a la Virgen de Lourdes. Nadie les va a quitar ese derecho, pero no se puede pretender que se destine financiación pública para ello o que las autoridades sanitarias la acepten sin que hay demostrado servir para nada. Quien quiera magia, estupendo, pero que se la pague de su bolsillo. A lo que todo el mundo tiene derecho es a contar con una Sanidad Pública donde se le trate con terapias que han demostrado curar. Afortunadamente en España tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios públicos del mundo, aunque en los últimos años se haya visto seriamente afectado por los recortes. Quizá sería mejor que defendiéramos la sanidad pública en lugar de jugar a los médicos con placebos.

La homeopatía es una terapia integral que no atiende a la enfermedad sino al paciente: a veces no valoramos lo que tenemos porque nos falta una referencia con la que compararlo. A muchas personas les parece deficiente la atención que reciben en el sistema público de salud, a pesar que de que cuenta con una cobertura enorme y es razonablemente rápido y eficaz. Habría que ver qué pasaría si hubiera que pagar por cada consulta, cada prueba diagnóstica y cada fármaco que tomáramos, como ocurre en países como EEUU. El lobby homeopático ha vendido la idea de que la homeopatía no atiende a la enfermedad sino al paciente, y en sus consultorios se dedica mucho tiempo a cada persona, a la que se realiza una supuesta evaluación que incluye toda su vida, no solamente su problema. Esto hace que resulte difícil diferenciar la calidez de una sesión con la eficacia de una terapia (algo más frecuente aún en la psicología clínica), y que se acabe pensando que la homeopatía funciona porque uno se siente comprendido cuando habla con su homeópata, que más que médico se convierte en un amigo (un amigo que nos cobra cada sesión, pero cada uno sabrá cómo concibe la amistad).

Es difícil encontrar una farmacia en la que no se venda homeopatía

Es difícil encontrar una farmacia en la que no se venda homeopatía

La homeopatía está muy extendida: se utiliza en muchos países, es recetada por médicos, se vende en farmacias y la consume mucha gente: ¿Cómo es posible que la homeopatía esté tan extendida? Décadas de campañas por parte de una industria que se ha hecho multimillonaria a base de vender pastillas de azúcar han tenido que dar sus frutos. La verdadera pregunta es cómo es posible que los médicos, farmacéuticos y la sanidad pública de algunos países financie la homeopatía. Este es un asunto espinoso, pero que vale la pena analizar con detenimiento.

¿Por qué la homeopatía está reconocida como un “acto médico” a pesar de que no cura nada?

En el mundo del derecho, se suele utilizar la locución latina “Qui prodest?” para indicar que una buena forma de encontrar las causas de un acontecimiento es descubrir a quién beneficia. Que la homeopatía esté declarada como “acto médico” sólo se entiende como una acción corporativa por parte de los Colegios de Médicos, cuya función es la defender los intereses de sus colegiados. Si hay muchos médicos que receten esta terapia, habrá que darles el aval del Colegio Profesional y asumir que lo que hacen es un acto médico, porque si no podría pensarse que los homeópatas titulados en medicina están haciendo algo diferente a lo que se les supone, más cercano al curanderismo que a su profesión, y eso podría dañar la imagen de los médicos en general. Es la misma razón por la que en los Colegios de Psicología no se reprueba a quien hace psicoanálisis o Psicología Transpersonal, por más que su práctica profesional viole varios principios del propio Código Deontológico del Psicólogo. Por cierto, no hace falta ser médico para recomendar homeopatía porque no es un medicamento.

¿Por qué la homeopatía se vende en farmacias a pesar de que no cura nada?

No hace falta recordar que las farmacias también son un negocio y que obtienen sus beneficios de vender cosas. Cada vez encontramos en ellas más productos que no son fármacos, desde chupetes para niños a cortauñas, cremas antiarrugas (también de dudosa eficacia), preservativos y otras cosas. La homeopatía se vende en farmacias por una sola razón: porque es un negocio para los farmacéuticos. En lugar de denunciar este hecho, la mayoría de farmacias se han apuntado a vender homeopatía, y las pocas veces que algún farmacéutico ha levantado la voz y se ha opuesto públicamente a esto ha generado una polémica enorme, como le ocurrió a Jesús Fernández de la Farmacia Rialto en Madrid.

¿Por qué la homeopatía es financiada en algunos países por la sanidad pública? 

Este es el asunto más espinoso. Algunos países europeos decidieron hace años financiar la homeopatía con fondos públicos. Así ha ocurrido en Francia, Suiza, Reino Unido y Alemania, donde la homeopatía tiene una gran aceptación por parte de los consumidores. Lo primero que llama la atención es que las principales industrias de homeopatía se encuentran en estos países (Boiron y Lehning son francesas y Heel y Dhu son alemanas). Es difícil que un gobierno de un país legisle en contra de sus propias industrias, y mucho menos cuando hay un importante sector de la población a favor del uso de estos productos. ¿Significa eso que a los alemanes, franceses y suizos la homeopatía sí les funciona a pesar de los estudios o que las campañas publicitarias a favor de la homeopatía han tenido efecto? Decidan ustedes.

¿En qué gasta Boiron sus ingresos? Fuente: quemalpuedehacer.es

¿En qué gasta Boiron sus ingresos? Fuente: quemalpuedehacer.es

A pesar de esto, se empiezan a levantar voces críticas que piden que la homeopatía deje de estar financiada con fondos públicos. En el Reino Unido se ha retirado la financiación a raíz de un  informe del Parlamento Británico que se denuncia la ineficacia de estos productos, a pesar de que la potente industria ha contado con el apoyo del mismísimo Príncipe Carlos, creyente en esta terapia. En Francia cada vez hay más voces críticas con esta financiación, desde la Academia Nacional de Medicina hasta el Partido Pirata, que recuerda la falta de apoyo científico a estos productos y señala a los intereses de la millonaria industria homeopática como responsable de la situación. Como veremos ahora, los partidos políticos españoles no son tan responsables con este tema.

EL LOBBY DE LA HOMEOPATÍA EN ESPAÑA

El lobby de la homeopatía también es muy activo en nuestro país, donde ha conseguido algunos éxitos. Entre ellos, encontramos la financiación pública de la reforma de un Instituto y Hospital homeopático gracias a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; la compra de una cátedra en la Universidad de Zaragoza por parte de la empresa Boiron; la declaración por parte de todos los grupos políticos del Parlamento de Canarias (Coalición Canaria, Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español) a favor de la homeopatía y su inclusión en la sanidad pública y la inclusión de la Sociedad Española de Medicina Homeopática entre las sociedad científicas de la web del Ministerio de Sanidad.

También encontramos la organización de cursos por parte de universidades (La Laguna, León, Murcia, Barcelona y Navarra, entre otras) y Colegios Oficiales (Colegios de Farmacéuticos de Valencia y Pontevedra, Colegios Oficiales de Médicos de Madrid y Zaragoza, y muchos otros). Los artículos en periódicos de tirada nacional y revistas son incontables.

El Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo está promoviendo un consultorio social homeopático.

Y no podían faltar los partidos políticos. En España, el lobby homeopático se ha llevado a su terreno a prácticamente todo el arco parlamentario. Ya hemos visto el apoyo de PP, PSOE y CC  en Canarias, pero no queda ahí. Hemos visto al PSOE hablar en el Congreso de los Diputados de “medicina oficial”, un término habitual de los amigos de las falsas terapias. También hemos visto al PP intentando regularizar la homeopatía y a ERC recomendando al rey su uso para las hemorroides. Cabe recordar que IU ha sido la primera organización política en rechazar la inclusión de la homeopatía y otras pseudoterapias en la Sanidad Pública.

La última estrategia de este potente lobby es buscar su apoyo por parte de los ayuntamientos, y ya han comenzado en el municipio de La Matanza de Acentejo (Tenerife), donde se han propuesto que el ayuntamiento promueva un consultorio social homeopático. Pero como este tema es largo y tengo mucho que contar sobre ello, lo dejaré para un próximo artículo.

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