Los libros de autoayuda, ¡vaya timo! Entrevista en Buenos días, Canarias (RTVC)

Esta mañana estuve con Víctor Hugo en el programa “Buenos días, Canarias” respondiendo a sus preguntas y las de los oyentes sobre los libros de autoayuda, el pensamiento positivo, el “coaching” y mucho más.

En los estudios de RTVC con Víctor Hugo

En los estudios de RTVC con Víctor Hugo

La entrevista aparece en la primera parte del audio y dura aproximadamente media hora. Espero que les guste.

Lo que no aprendimos en el Club de los Poetas Muertos

La memoria no suele ponerse de mi lado, pero creo recordar bien el día que la maestra de lengua nos llevó a la sala de audiovisuales para ver el Club de los Poetas Muertos y nos pidió que apuntáramos las frases que más nos llamaran la atención. Se llamaba Carmen y adoraba su trabajo, pero su falta de autoridad y su facilidad para perder los papeles la encerraban en un círculo vicioso del que no sabía escapar.

Debía tener solamente unos once años, pero la película me fascinó. Aquella rebeldía del profesor que anima a sus estudiantes a enfrentarse a la norma, a poner en cuestión la forma en que se supone que deben ser las cosas, a utilizar la poesía como una vía de escape hacia mundos deseados; aquella actitud de subirse sobre la mesa para “cambiar la perspectiva”, para atreverse a mirar al mundo de otra manera: aquello era la libertad.

Sólo tenía once años, pero durante una época larga intenté vivir siguiendo sus enseñanzas, que llevaba apuntadas en un cuaderno grande de cuadros pequeños.

Carpe Diem. Aprovecha el momento.

No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos.

Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre así será.

Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.

El listado ocupaba más de dos páginas. La película me hizo pensar que transgredir los límites no sólo era posible sino deseable. Comencé a expresar lo que pensaba con metáforas y gestos extraños, sabiendo que estaban fuera de lugar, y a organizar una sociedad secreta con todos aquellos que sintieran la pasión por las frases grandilocuentes y la necesidad de respirar. No parecía difícil.

Oh, capitán, mi capitán...

Oh, capitán, mi capitán…

Los problemas empezaron pronto. Enseguida descubrí que a mis compañeros la película no les había dicho nada. No esperaba que la mayoría pensara como yo, pero no podía creer que no hubiera al menos una persona con la que compartir mi entusiasmo. Nos habían dicho que podíamos darle la vuelta a todo, pero los chicos seguían pensando en el fútbol y los coches y las chicas en los cromos y el brilé. Mi optimismo empezaba a tambalearse.

Empecé a interesarme por la poesía, pero en mi casa de padres obreros y sin estudios no había más que un puñado de libros religiosos y una novela de Torcuato Luca de Tena. Yo buscaba material fisionable y sólo encontraba carbón húmedo. La opción de encontrar a un señor Keating tampoco se materializaba. Mis maestros sabían que lo más lógico en un barrio como el mío era empujarnos para acabar la EGB y entrar en un módulo de FP. Todavía recuerdo aquella frase: no todo el mundo tiene que ir a la universidad: también necesitamos fontaneros y electricistas, y además cobran una pasta.

LO QUE NO APRENDIMOS EN EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

A lo largo de los años he podido conocer a muchas personas que sintieron la misma fascinación que yo al ver el Club de los Poetas Muertos. Cuando alguien nombra una frase de la película, las miradas cómplices no consiguen disimular una sombra de escepticismo. A muchos de nosotros la vida nos ha enseñado que esa pasión por cambiar los esquemas es un elemento necesario pero no suficiente para ser libres.

La libertad que aprendimos en la película era una libertad interior, como la que nos presentan los libros de autoayuda. Al fin y al cabo, la Welton Academy era un lugar para chicos que sabían bien que serían los líderes del futuro, niños con posibilidad de obtener elevados títulos académicos que el día de mañana se convertirían en altos cargos del gobierno de turno y dueños de grandes empresas, herederos de fortunas familiares. Para ellos, soñar y emocionarse proporcionaba un alivio sin consecuencias hasta que llegara el momento de saborear las mieles del éxito, una forma fácil y cómoda de canalizar la rebeldía adolescente.

En mi clase, prácticamente nadie conectó con ese mensaje. Nosotros, los chicos y chicas del barrio, sabíamos que no éramos los chicos de la Welton. No teníamos la posibilidad de rebelarnos, y la mayoría ni siquiera se lo planteaba. Cuatro años después, todos habían optado por la formación profesional a la que nos empujaban, excepto aquellos que tuvieron que ponerse a trabajar y un pequeño grupo de cinco que fuimos a hacer bachillerato. De este grupo, algunos empezamos pronto a compaginar trabajo y estudios.

Lo que no aprendimos en el Club de los Poetas Muertos es que no todo es posible con desearlo. De esta parte se encargó la realidad. Fue ella la que nos mostró que existían (y existen) limitaciones sociales, económicas y educativas que restringían nuestro margen de acción y que no desaparecían por más que leyéramos a Nietzsche y aprendiéramos a tocar la guitarra para componer canciones en las que volcábamos nuestras frustraciones. No fue la película sino la vida la que nos enseñó que una parte de nuestro malestar tiene que ver con la violencia de la desigualdad, con la posibilidad de quedarnos sin futuro y de no contar con los medios para elegir libremente nuestra propia realidad.

Al final, algunos aprendimos a aceptar que la esperanza y los sueños son una parte de cambio, pero que las condiciones materiales son una barrera titánica que sólo podemos aspirar a tambalear actuando directamente sobre la realidad, y a un precio en ocasiones muy alto. El propio suicidio de Robin Williams nos escupe a la cara que, desgraciadamente, no sólo vale con los sueños y aprovechar el momento. Existe la pobreza, existe el dolor crónico, existen las obsesiones, el desempleo, el frío, la economía financiera y el cáncer. Todos ellos se pueden aliviar pensando en positivo e ignorando la realidad, que tarde o temprano nos vuelve a golpear de nuevo y nos obliga a poner los pies sobre la tierra.

EL CLUB DE LOS PRESTIDIGITADORES VIVOS

Las cosas han cambiado poco con los años, y parece que a peor. Ahora la creencia de que todo-está-en-ti se ha convertido en una especie de religión, con profetas que nos venden falsas esperanzas en cualquier esquina. Después de tantos años de repetir las mismas ideas, estos prestidigitadores han conseguido que buena parte de la gente piense que cualquier cosa es posible si uno lo desea con todas sus fuerzas. Las víctimas llenan los despachos de los psicólogos y la caja fuerte de los fabricantes de psicofármacos.

Me pregunto si la señorita Carmen (sí, hubo una época en que llamábamos a las maestras “señorita” como si fuera un cumplido) sigue llevando a sus alumnos/as de colegio público a ver el Club de los Poetas Muertos sin avisarles de que las dificultades que se van a encontrar van a ser más grandes de lo que se pueden imaginar. Realmente no importa demasiado, ya que acabarán aprendiéndolo por sí mismos/as tarde o temprano. Sólo me queda el resquemor de pensar en aquellos/as que no consigan soportar el batacazo y acaben optando por el cinismo, por seguir buscando el alivio de las falsas esperanzas o, en el peor de los casos, por atajar el sufrimiento de una sola vez.

NOTA: Si te ha gustado, puedes ayudar a difundirlo aquí. Muchas gracias.

5 recomendaciones de libros para el obispo Munilla

Hace unos días, el obispo de San Sebastian, José Ignacio Munilla, difundió una cita diocesana con un listado de 36 títulos para leer este verano. Según la nota de prensa, son “títulos que, a su entender, más nos pueden aportar en este tiempo de estío” y que sirven “para vivir, también las vacaciones, en presencia del Señor”. Entre ellos ha incluido “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!”, que he publicado recientemente con la Editorial Laetoli.

 

Me alegro mucho de saber que el obispo Munilla está interesado en la divulgación científica. El conocimiento científico nos permite conocer mejor el mundo en el que vivimos y nos da la capacidad de ser críticos con la realidad que nos rodea, rechazando aquellas afirmaciones que en lugar apoyarse en las pruebas, pretenden pasar por verdades porque forman parte de la tradición o por la autoridad de quien las expone, su filiación política o sus creencias religiosas: no importa quien realice una afirmación, sino las pruebas que presente para respaldarla. La ciencia nos hace más libres y puede ser utilizada por todos, incluso por autoridades religiosas o por personas sin galones, como es mi caso.

Jose Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Jose Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

 

Sin embargo, tengo razones para dudar de que la recomendación del señor Munilla vaya en esa dirección. Respeto que cualquier persona quiera pasar las vacaciones “en presencia del Señor”, pero no creo que “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” sea el libro ideal para ello. Más bien al contrario: tanto mi libro como otros de la colección pretenden ser herramientas para luchar contra todas aquellas creencias y teorías sin fundamento que nos venden como “ciertas” sin que existan evidencias que las apoyen, o que incluso resultan tan contrarias al conocimiento científico actual que no tenemos más opción que rechazarlas hasta que existan pruebas que las avalen. Esa es la razón de que todos los títulos de la colección terminen con la expresión “¡Vaya timo!”.

 

Sospecho más bien que el interés del prelado por el tema de la autoayuda debe tener relación con la cruzada que desarrolla la Iglesia Católica desde hace tiempo contra el llamado “Movimiento de la Nueva Era”, un conjunto sincrético de propuestas espirituales del que parten muchas de las ideas que encontrados en los libros de autoayuda. El mismo Vaticano promueve publicaciones contra este movimiento porque sus “teorías y doctrinas sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo [son] incompatibles con la fe cristiana”, en palabras del Cardenal Paul Poupard.

La "Nueva Era" se cuela hasta en los colegios católicos. Normal que estén nerviosos.

La “Nueva Era” se cuela hasta en los colegios católicos. Normal que estén nerviosos.

 

No parece que el interés de los miembros de la Iglesia por denunciar el Movimiento de la Nueva Era sea el de denunciar su falta de rigor científico. Más bien, su objetivo es dejar claro a los católicos que no pueden crear una espiritualidad a su medida y al margen de la doctrina que marca su Iglesia. Sinceramente, no creo que para eso haga falta apoyarse en argumentos científicos. Más bien al contrario, es posible que incluso pueda resultar contraproducente. A ver si a los lectores se les va a ocurrir que pueden utilizar la misma vara de medir con sus creencias religiosas cristianas y acaben descubriendo que el cuerpo doctrinal de su fe no tienen mayor evidencia que la existencia de las supuestas “energías” o el poder curativo de los cristales. Mucho cuidado, que el pensamiento crítico es un arma que no respeta autoridades de ningún tipo.

 

Defender a la ciencia también implica defenderla de aquellos que pretenden apoyarse en supuestos argumentos científicos para apoyar sus posiciones ideológicas y religiosas. El método científico nos permite conocer cómo funciona la realidad, pero no nos dice cómo debe ser, y mucho menos cuando sólo se utilizan aquellos datos que respaldan las opiniones de uno. Por eso, no puedo entender que en la misma lista de libros aparezcan títulos como “Aborto cero” (Stella Maris, 2014), un alegato contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo “pero desde la objetividad de los datos”, según la web de la editorial; o “Hijos gay, padres heterosexuales” (Libros Libres, 2014) donde se afirma que “los sentimientos homosexuales nacen de heridas y carencias en el periodo temprano del desarrollo psicosexual”, y que propone la aceptación y el amor de los padres y madres a los hijos homosexuales como vía para su “sanación”. Ambas obras son buenos ejemplos de cómo muchas veces se pretende hacer pasar por ciencia lo que no son más que prejuicios ideológicos.

Richard Cohen, autor de varios libros dirigidos a "sanar" la homosexualidad.

Richard Cohen, autor de varios libros dirigidos a “sanar” la homosexualidad.

 

Tengo la impresión de que en temas de ciencia, el obispo Munilla anda un poco desviado. Por eso me gustaría recomendarle, desde la humildad y del indudable interés mutuo que compartimos por el conocimiento y el pensamiento crítico, algunos títulos que creo que le pueden resultar interesantes. Todos ellos son libros cuyas reflexiones y conocimientos me han acercado un poco más a la titánica tarea de conocer realmente qué es el ser humano y por qué se comporta como lo hace, algo que seguro le gustará.

 

  • “Neurociencia para Julia” de Xurxo Mariño (Laetoli, 2013): Una interesante introducción al cerebro y los conocimientos actuales de la neurociencia dirigida a una adolescente, en el que, a la luz de los conocimientos actuales, el autor hace una interesantes reflexiones acerca de nuestra forma de conocer el mundo, la influencia del lenguaje en nuestro comportamiento y el problema mente-cuerpo, entre otras.

 

  • “El sello indeleble” de Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín-Loeches (Debate, 2013): Un repaso desde la paleoantropología y la psicobiología para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos, cuáles son aquellas características que nos convierten en una especie diferenciada y cómo será el ser humano del futuro.

 

  • “¿Por qué creemos en cosas raras?” de Michael Shermer (Alba, 2009): Una obra fundamental para descubrir cómo muchas de las ideas que pretenden ganar en credibilidad presentándose como “científicas” no tienen ninguna validez, desde los “poderes telepáticos” hasta el uso de la física cuántica para explicar la existencia de Dios.

 

  • “Pensar rápido, pensar despacio” de Daniel Kahneman (Debate, 2012): Un libro magistral del este psicólogo y Premio Nobel de Economía que nos acerca a los más recientes descubrimientos sobre el funcionamiento de nuestro pensamiento y los sesgos que nos pueden llevar a cometer errores a la hora razonar y tomar decisiones.

 

  • “¿Esto es paranormal? Por qué creemos en lo imposible” de Richard Wiseman (RBA, 2011): Un divertido acercamiento al mundo de los fenómenos paranormales que va de la adivinación al supuesto peso del alma, y a de cómo el autor va desarmando poco a poco cada uno de ellos a partir de experimentos científicos.

 

Ya me contará qué le han parecido. Espero que los disfrute.

A barriga llena, corazón contento

¿Qué es lo que desearías para tus hijos/as? Aunque cada familia tiene sus valores, la mayoría estaríamos de acuerdo en lo básico: que nuestros hijos/as crezcan sanos, que sepan resolver las dificultades que se encuentren en la vida, que sean buenas personas y, en definitiva, que sean felices. Cualquiera que lea el preámbulo de la LOMCE (Ley Orgánica 8/2013 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa) puede compartir su espíritu en gran medida. Yo también pienso que “el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”, que “el sistema educativo debe contar con los mecanismos necesarios para reconocer [el talento] y potenciarlo” y que “el reto de la una sociedad democrática es crear las condiciones para que los alumnos y alumnas puedan adquirir y expresar sus talentos”. ¿Cómo iba a ser de otra forma?

 

Esta semana he conocido por la prensa que “los colegios canarios podrán impartir “Educación Emocional” desde el curso 2014-2015”. La asignatura, denominada EMOCREA (Educación Emocional y para la Creatividad), pretende valorar los aspectos emocionales y creativos en la educación integral del alumno, lo que resulta realmente interesante. Muchas personas pensamos que la educación no debe estar enfocada solamente a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que también debe enseñar al alumnado valores democráticos, herramientas para enfrentarse a los problemas de la vida cotidiana y aprendizajes dirigidos a aumentar su bienestar y la gestión de los conflictos. En ese sentido, la incorporación de una asignatura como EMOCREA puede ser un buen paso.

Soy una criatura emocional. ¿Qué significa esto?

Soy una criatura emocional. ¿Qué significa esto?

 

¿A QUÉ BIENESTAR ASPIRAMOS?

No creo que la mayoría pueda sostener hoy en día que eso que llamamos felicidad o bienestar se pueda reducir al consumo de bienes materiales, pero tampoco parece asumible que pensemos que se puede (y se debe) buscar el bienestar emocional sin cubrir al menos las necesidades básicas. Ni felices por tener un coche más grande ni bienestar desde la precariedad y la pobreza. En ese sentido, antes de introducir una asignatura como EMOCREA en el currículum académico, sería lógico saber si la inmensa mayoría del alumnado tienen sus necesidades materiales cubiertas. Es ahí cuando la hipocresía sale a la luz.

 

Este país tiene el dudoso honor de ser el segundo de la Unión Europea con mayor tasa de pobreza infantil, sólo superado por Rumanía. Hablamos de unos 2.500.000 de niños/as en riesgo de pobreza, de un 40% de niños/as de entre 11 y 17 años que no desayunan o sólo toman un vaso de leche o una pieza de fruta de lunes a viernes, una tasa de pobreza que alcanza ya al 29,9% de los/as menores. Vivimos en una país en el que la Defensora del Pueblo ha tenido que hacer un llamamiento a las comunidades autónomas para que abran los comedores escolares en verano y así evitar que un elevado número de niños y niñas pase HAMBRE durante las vacaciones. En Canarias, la tasa de pobreza alcanza a más de uno de cada cuatro hogares, donde más de la mitad de las familias tienen “mucha dificultad” para llegar a fin de mes, una situación de emergencia social que afecta principalmente a menores, jóvenes y personas mayores.

 

¿De qué estamos hablando cuando usamos la palabra “bienestar”? No cabe duda de que las intenciones de los autores de la propuesta son de lo más loable cuando nos dicen que “la asignatura pretende que los niños conozcan sus propias emociones y aprendan a ajustarlas para que no les desorienten y para poder dar una respuesta responsable a lo que sucede a su alrededor”. La cuestión es si resulta legítimo e incluso aceptable que nos dispongamos a enseñar a los niños y niñas a a regular sus emociones cuando se les niegan las necesidades más básicas.

 

El malestar de la pobreza y la precariedad no entiende de gestión emocional

El malestar de la pobreza y la precariedad no entiende de gestión emocional

 

LA FELICIDAD NO ES NEUTRAL

La propuesta de la asignatura de EMOCREA sería fantástica en una realidad en la que cualquier alumno/a supiera que puede aspirar a tener un futuro porque se ha garantizado la igualdad de oportunidades, donde no faltara la alimentación, la ropa y el calzado necesarios, el transporte y la posibilidad de acceder a una beca de estudios para que no se pierda ese talento. Una sociedad que garantizara que todo ese esfuerzo se verá recompensado en el futuro con un empleo digno y unas condiciones de vida mínimamente decentes. Una sociedad que entendiera que el bienestar no puede separarse de unas adecuadas condiciones de vida. De otra manera, estaremos creando un país de precarios felices y satisfechos, de personas en situación de exclusión social a pesar de tener empleo (los nuevos “trabajadores pobres”) más preocupadas por sentirse bien que por vivir en condiciones dignas. Y lo peor es que parece ese es el objetivo de esa asignatura y de la propia LOMCE.

 

El texto de la ley nos deja claro cuál es el camino: encauzar ese talento hacia trayectorias que faciliten la empleabilidad y estimulen el espíritu emprendedor (es decir, aumentar la capacidad de los/as trabajadores/as para adaptarse a las circunstancias que demande el mercado laboral en cada momento y encauzarles hacia la puesta en marcha de su propio negocio). Los ideólogos de la asignatura EMOCREA nos explican que se trata de una “revolución” para que “los alumnos afronten los nuevos retos del aprendizaje y se adapten a las demandas de una sociedad compleja y convulsa”, en un mercado en el que “las empresas requieren a sus trabajadores seguridad en sí mismos, autonomía, capacidad de trabajo en equipo y ven en estas cualidades una relación directa con la productividad”.

 

Lo siento mucho, pero muchas personas aspiramos a otro sistema educativo, con otros valores y otros fines. No queremos un sistema educativo que enseñe a nuestros/as hijos/as a ser más “adaptables” a la precariedad y a controlar sus emociones en cualquier situación, sino todo lo contrario. Hace falta cambiar el sistema educativo para poner en marcha una educación que transmita valores democráticos, que enseñe a los/as niños/as a identificar que una parte de su enfado y su frustración provienen de un sistema que les impide desarrollar su talento en igualdad de condiciones con otros niños/as de familias más pudientes, que enseñe pensamiento crítico para que no sean engañados por el bombardeo de la publicidad y los informativos, para que elijan su propio camino e identifiquen a los que los condenan a la pobreza y a formar parte de esa “juventud sin futuro”. Si queremos hacer una revolución en la educación, tomemos las medidas necesarias para que Canarias salga de la lista de las comunidades con mayor tasa de abandono escolar y que España deje de un de ser el país de la UE con mayor tasa de fracaso escolar.

 

Sin esos requisitos, una asignatura que pretenda enseñar a nuestros/as hijos/as que existe el bienestar al margen de la realidad sólo estará creando una nueva generación de personas más preocupadas de sentirse bien que de cambiar las circunstancias que les condenan al sufrimiento. Si queremos niños/as y adultos más felices, pongamos primero las condiciones para que lo puedan ser.

 

NOTA: Si te ha gustado, puedes ayudar a difundirlo aquí.

Los libros de autoayuda, ¡vaya timo! en imágenes

Desde que se publicó “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” han ido llegando fotos y viñetas de lectores/as y amigos/as de todas partes. Esta presentación es un agradecimiento a todas las personas que participado en la extraordinaria acogida que ha tenido el libro. Un fuerte abrazo para todos/as.

 

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