5 recomendaciones de libros para el obispo Munilla

Hace unos días, el obispo de San Sebastian, José Ignacio Munilla, difundió una cita diocesana con un listado de 36 títulos para leer este verano. Según la nota de prensa, son “títulos que, a su entender, más nos pueden aportar en este tiempo de estío” y que sirven “para vivir, también las vacaciones, en presencia del Señor”. Entre ellos ha incluido “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!”, que he publicado recientemente con la Editorial Laetoli.

 

Me alegro mucho de saber que el obispo Munilla está interesado en la divulgación científica. El conocimiento científico nos permite conocer mejor el mundo en el que vivimos y nos da la capacidad de ser críticos con la realidad que nos rodea, rechazando aquellas afirmaciones que en lugar apoyarse en las pruebas, pretenden pasar por verdades porque forman parte de la tradición o por la autoridad de quien las expone, su filiación política o sus creencias religiosas: no importa quien realice una afirmación, sino las pruebas que presente para respaldarla. La ciencia nos hace más libres y puede ser utilizada por todos, incluso por autoridades religiosas o por personas sin galones, como es mi caso.

Jose Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Jose Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

 

Sin embargo, tengo razones para dudar de que la recomendación del señor Munilla vaya en esa dirección. Respeto que cualquier persona quiera pasar las vacaciones “en presencia del Señor”, pero no creo que “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” sea el libro ideal para ello. Más bien al contrario: tanto mi libro como otros de la colección pretenden ser herramientas para luchar contra todas aquellas creencias y teorías sin fundamento que nos venden como “ciertas” sin que existan evidencias que las apoyen, o que incluso resultan tan contrarias al conocimiento científico actual que no tenemos más opción que rechazarlas hasta que existan pruebas que las avalen. Esa es la razón de que todos los títulos de la colección terminen con la expresión “¡Vaya timo!”.

 

Sospecho más bien que el interés del prelado por el tema de la autoayuda debe tener relación con la cruzada que desarrolla la Iglesia Católica desde hace tiempo contra el llamado “Movimiento de la Nueva Era”, un conjunto sincrético de propuestas espirituales del que parten muchas de las ideas que encontrados en los libros de autoayuda. El mismo Vaticano promueve publicaciones contra este movimiento porque sus “teorías y doctrinas sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo [son] incompatibles con la fe cristiana”, en palabras del Cardenal Paul Poupard.

La "Nueva Era" se cuela hasta en los colegios católicos. Normal que estén nerviosos.

La “Nueva Era” se cuela hasta en los colegios católicos. Normal que estén nerviosos.

 

No parece que el interés de los miembros de la Iglesia por denunciar el Movimiento de la Nueva Era sea el de denunciar su falta de rigor científico. Más bien, su objetivo es dejar claro a los católicos que no pueden crear una espiritualidad a su medida y al margen de la doctrina que marca su Iglesia. Sinceramente, no creo que para eso haga falta apoyarse en argumentos científicos. Más bien al contrario, es posible que incluso pueda resultar contraproducente. A ver si a los lectores se les va a ocurrir que pueden utilizar la misma vara de medir con sus creencias religiosas cristianas y acaben descubriendo que el cuerpo doctrinal de su fe no tienen mayor evidencia que la existencia de las supuestas “energías” o el poder curativo de los cristales. Mucho cuidado, que el pensamiento crítico es un arma que no respeta autoridades de ningún tipo.

 

Defender a la ciencia también implica defenderla de aquellos que pretenden apoyarse en supuestos argumentos científicos para apoyar sus posiciones ideológicas y religiosas. El método científico nos permite conocer cómo funciona la realidad, pero no nos dice cómo debe ser, y mucho menos cuando sólo se utilizan aquellos datos que respaldan las opiniones de uno. Por eso, no puedo entender que en la misma lista de libros aparezcan títulos como “Aborto cero” (Stella Maris, 2014), un alegato contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo “pero desde la objetividad de los datos”, según la web de la editorial; o “Hijos gay, padres heterosexuales” (Libros Libres, 2014) donde se afirma que “los sentimientos homosexuales nacen de heridas y carencias en el periodo temprano del desarrollo psicosexual”, y que propone la aceptación y el amor de los padres y madres a los hijos homosexuales como vía para su “sanación”. Ambas obras son buenos ejemplos de cómo muchas veces se pretende hacer pasar por ciencia lo que no son más que prejuicios ideológicos.

Richard Cohen, autor de varios libros dirigidos a "sanar" la homosexualidad.

Richard Cohen, autor de varios libros dirigidos a “sanar” la homosexualidad.

 

Tengo la impresión de que en temas de ciencia, el obispo Munilla anda un poco desviado. Por eso me gustaría recomendarle, desde la humildad y del indudable interés mutuo que compartimos por el conocimiento y el pensamiento crítico, algunos títulos que creo que le pueden resultar interesantes. Todos ellos son libros cuyas reflexiones y conocimientos me han acercado un poco más a la titánica tarea de conocer realmente qué es el ser humano y por qué se comporta como lo hace, algo que seguro le gustará.

 

  • “Neurociencia para Julia” de Xurxo Mariño (Laetoli, 2013): Una interesante introducción al cerebro y los conocimientos actuales de la neurociencia dirigida a una adolescente, en el que, a la luz de los conocimientos actuales, el autor hace una interesantes reflexiones acerca de nuestra forma de conocer el mundo, la influencia del lenguaje en nuestro comportamiento y el problema mente-cuerpo, entre otras.

 

  • “El sello indeleble” de Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín-Loeches (Debate, 2013): Un repaso desde la paleoantropología y la psicobiología para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos, cuáles son aquellas características que nos convierten en una especie diferenciada y cómo será el ser humano del futuro.

 

  • “¿Por qué creemos en cosas raras?” de Michael Shermer (Alba, 2009): Una obra fundamental para descubrir cómo muchas de las ideas que pretenden ganar en credibilidad presentándose como “científicas” no tienen ninguna validez, desde los “poderes telepáticos” hasta el uso de la física cuántica para explicar la existencia de Dios.

 

  • “Pensar rápido, pensar despacio” de Daniel Kahneman (Debate, 2012): Un libro magistral del este psicólogo y Premio Nobel de Economía que nos acerca a los más recientes descubrimientos sobre el funcionamiento de nuestro pensamiento y los sesgos que nos pueden llevar a cometer errores a la hora razonar y tomar decisiones.

 

  • “¿Esto es paranormal? Por qué creemos en lo imposible” de Richard Wiseman (RBA, 2011): Un divertido acercamiento al mundo de los fenómenos paranormales que va de la adivinación al supuesto peso del alma, y a de cómo el autor va desarmando poco a poco cada uno de ellos a partir de experimentos científicos.

 

Ya me contará qué le han parecido. Espero que los disfrute.

A barriga llena, corazón contento

¿Qué es lo que desearías para tus hijos/as? Aunque cada familia tiene sus valores, la mayoría estaríamos de acuerdo en lo básico: que nuestros hijos/as crezcan sanos, que sepan resolver las dificultades que se encuentren en la vida, que sean buenas personas y, en definitiva, que sean felices. Cualquiera que lea el preámbulo de la LOMCE (Ley Orgánica 8/2013 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa) puede compartir su espíritu en gran medida. Yo también pienso que “el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”, que “el sistema educativo debe contar con los mecanismos necesarios para reconocer [el talento] y potenciarlo” y que “el reto de la una sociedad democrática es crear las condiciones para que los alumnos y alumnas puedan adquirir y expresar sus talentos”. ¿Cómo iba a ser de otra forma?

 

Esta semana he conocido por la prensa que “los colegios canarios podrán impartir “Educación Emocional” desde el curso 2014-2015”. La asignatura, denominada EMOCREA (Educación Emocional y para la Creatividad), pretende valorar los aspectos emocionales y creativos en la educación integral del alumno, lo que resulta realmente interesante. Muchas personas pensamos que la educación no debe estar enfocada solamente a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que también debe enseñar al alumnado valores democráticos, herramientas para enfrentarse a los problemas de la vida cotidiana y aprendizajes dirigidos a aumentar su bienestar y la gestión de los conflictos. En ese sentido, la incorporación de una asignatura como EMOCREA puede ser un buen paso.

Soy una criatura emocional. ¿Qué significa esto?

Soy una criatura emocional. ¿Qué significa esto?

 

¿A QUÉ BIENESTAR ASPIRAMOS?

No creo que la mayoría pueda sostener hoy en día que eso que llamamos felicidad o bienestar se pueda reducir al consumo de bienes materiales, pero tampoco parece asumible que pensemos que se puede (y se debe) buscar el bienestar emocional sin cubrir al menos las necesidades básicas. Ni felices por tener un coche más grande ni bienestar desde la precariedad y la pobreza. En ese sentido, antes de introducir una asignatura como EMOCREA en el currículum académico, sería lógico saber si la inmensa mayoría del alumnado tienen sus necesidades materiales cubiertas. Es ahí cuando la hipocresía sale a la luz.

 

Este país tiene el dudoso honor de ser el segundo de la Unión Europea con mayor tasa de pobreza infantil, sólo superado por Rumanía. Hablamos de unos 2.500.000 de niños/as en riesgo de pobreza, de un 40% de niños/as de entre 11 y 17 años que no desayunan o sólo toman un vaso de leche o una pieza de fruta de lunes a viernes, una tasa de pobreza que alcanza ya al 29,9% de los/as menores. Vivimos en una país en el que la Defensora del Pueblo ha tenido que hacer un llamamiento a las comunidades autónomas para que abran los comedores escolares en verano y así evitar que un elevado número de niños y niñas pase HAMBRE durante las vacaciones. En Canarias, la tasa de pobreza alcanza a más de uno de cada cuatro hogares, donde más de la mitad de las familias tienen “mucha dificultad” para llegar a fin de mes, una situación de emergencia social que afecta principalmente a menores, jóvenes y personas mayores.

 

¿De qué estamos hablando cuando usamos la palabra “bienestar”? No cabe duda de que las intenciones de los autores de la propuesta son de lo más loable cuando nos dicen que “la asignatura pretende que los niños conozcan sus propias emociones y aprendan a ajustarlas para que no les desorienten y para poder dar una respuesta responsable a lo que sucede a su alrededor”. La cuestión es si resulta legítimo e incluso aceptable que nos dispongamos a enseñar a los niños y niñas a a regular sus emociones cuando se les niegan las necesidades más básicas.

 

El malestar de la pobreza y la precariedad no entiende de gestión emocional

El malestar de la pobreza y la precariedad no entiende de gestión emocional

 

LA FELICIDAD NO ES NEUTRAL

La propuesta de la asignatura de EMOCREA sería fantástica en una realidad en la que cualquier alumno/a supiera que puede aspirar a tener un futuro porque se ha garantizado la igualdad de oportunidades, donde no faltara la alimentación, la ropa y el calzado necesarios, el transporte y la posibilidad de acceder a una beca de estudios para que no se pierda ese talento. Una sociedad que garantizara que todo ese esfuerzo se verá recompensado en el futuro con un empleo digno y unas condiciones de vida mínimamente decentes. Una sociedad que entendiera que el bienestar no puede separarse de unas adecuadas condiciones de vida. De otra manera, estaremos creando un país de precarios felices y satisfechos, de personas en situación de exclusión social a pesar de tener empleo (los nuevos “trabajadores pobres”) más preocupadas por sentirse bien que por vivir en condiciones dignas. Y lo peor es que parece ese es el objetivo de esa asignatura y de la propia LOMCE.

 

El texto de la ley nos deja claro cuál es el camino: encauzar ese talento hacia trayectorias que faciliten la empleabilidad y estimulen el espíritu emprendedor (es decir, aumentar la capacidad de los/as trabajadores/as para adaptarse a las circunstancias que demande el mercado laboral en cada momento y encauzarles hacia la puesta en marcha de su propio negocio). Los ideólogos de la asignatura EMOCREA nos explican que se trata de una “revolución” para que “los alumnos afronten los nuevos retos del aprendizaje y se adapten a las demandas de una sociedad compleja y convulsa”, en un mercado en el que “las empresas requieren a sus trabajadores seguridad en sí mismos, autonomía, capacidad de trabajo en equipo y ven en estas cualidades una relación directa con la productividad”.

 

Lo siento mucho, pero muchas personas aspiramos a otro sistema educativo, con otros valores y otros fines. No queremos un sistema educativo que enseñe a nuestros/as hijos/as a ser más “adaptables” a la precariedad y a controlar sus emociones en cualquier situación, sino todo lo contrario. Hace falta cambiar el sistema educativo para poner en marcha una educación que transmita valores democráticos, que enseñe a los/as niños/as a identificar que una parte de su enfado y su frustración provienen de un sistema que les impide desarrollar su talento en igualdad de condiciones con otros niños/as de familias más pudientes, que enseñe pensamiento crítico para que no sean engañados por el bombardeo de la publicidad y los informativos, para que elijan su propio camino e identifiquen a los que los condenan a la pobreza y a formar parte de esa “juventud sin futuro”. Si queremos hacer una revolución en la educación, tomemos las medidas necesarias para que Canarias salga de la lista de las comunidades con mayor tasa de abandono escolar y que España deje de un de ser el país de la UE con mayor tasa de fracaso escolar.

 

Sin esos requisitos, una asignatura que pretenda enseñar a nuestros/as hijos/as que existe el bienestar al margen de la realidad sólo estará creando una nueva generación de personas más preocupadas de sentirse bien que de cambiar las circunstancias que les condenan al sufrimiento. Si queremos niños/as y adultos más felices, pongamos primero las condiciones para que lo puedan ser.

 

NOTA: Si te ha gustado, puedes ayudar a difundirlo aquí.

Los libros de autoayuda, ¡vaya timo! en imágenes

Desde que se publicó “Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” han ido llegando fotos y viñetas de lectores/as y amigos/as de todas partes. Esta presentación es un agradecimiento a todas las personas que participado en la extraordinaria acogida que ha tenido el libro. Un fuerte abrazo para todos/as.

 

Los libros de autoayuda, ¡vaya timo! Entrevista en RNE4 (Matí a 4 bandes)

Esta mañana he estado con Toni Marín en el programa “Matí a 4 bandes” de RNE4 hablando sobre los libros de autoayuda, cuáles son las ideas que nos encontramos en ellos y de dónde viene este fenómeno.

Me habría gustado entrar directamente en el estudio en Barcelona, pero esta vez no hay podido ser. La entrevista se realizó desde del centro territorial de RNE en Tenerife. ¿A que no lo parece?

Pueden escuchar la entrevista en el siguiente enlace, a partir del minuto 25:30. Espero que les guste.

Grafopsicología, la pseudociencia de mejorar tu equilibro a través de la escritura

Muchas veces he comentado que el mundo de la empresa es un caldo de cultivo ideal para todo tipo de charlatenerías. No resulta extraño que, en medio de una crisis económica como la actual, haya grandes corporaciones dispuestas a pagar miles de euros una conferencia de un coach para aumentar la moral de sus empleados, aunque el efecto de una de estas charlas motivadoras no supere en el mejor de los casos el de ver una buena obra de teatro.

Pero la pseudociencia no sólo se da cita en las empresas y en los centros de terapias ‘naturales’. Allí donde haya alguien dispuesto a poner dinero por conseguir algún objetivo de forma sencilla y rápida, habrá alguien dispuesto a venderle su método maravillloso. Esta semana he conocido una de estas tonterías de nuevo cuño. Se llama “grafopsicología”, y pretende ser una disciplina que permite interpretar el comportamiento y/o conducta (¿?) de las personas mediante el análisis de la escritura y las variaciones sobre el modelo caligráfico aprendido. Hasta aquí, poca novedad. Hace siglos que existe la llamada grafología, una disciplina pseudocientífica según la cuál podemos conocer la personalidad, el ‘equilibrio’ de la persona, su inteligencia y no sé cuántas cosas más solamente a través de un análisis de su escritura.

La grafología es una pseudociencia. No confundir con el análisis caligráfico.

La grafología es una pseudociencia. No confundir con el análisis caligráfico.

 

DIME CÓMO ESCRIBES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

La grafología es una pseudociencia que nunca ha conseguido probar sus hipótesis. No debemos confundir la grafología con el peritaje caligráfico, que permite determinar si un texto o una firma han sido escritos por una persona concreta, y que tan de moda se ha puesto con el caso Bárcenas. No hay ninguna prueba de que se pueda conocer nada de una persona por su forma de escribir, pero eso no ha impedido que se utilice de forma común en los Departamentos de Recursos Humanos, que no se caracterizan precisamente por ser las cunas del rigor científico a la hora de acometer su labor, o que la propia Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) cuente con un Máster en Grafoanálisis, en el que se atreven a hablar sin tapujos de “grafología científica”.

Si las hipótesis de la grafología son extrañas y sin fundamento, lo que pretende la llamada ‘grafopsicología’ no tiene parangón. Hasta ahora, la grafología sostenía que la caligrafía es un reflejo de la personalidad del invidivuo, por lo que sus técnicas se dirigen principalmente a la evaluación y el diagnóstico. Pero con la llegada de la grafopsicología, ahora la escritura es un procedimiento que nos permite intervenir sobre la persona para provocar cambios. ¿Cómo funciona esto?

Ten cuidado con lo que escribes, que puedo saber cómo eres

Ten cuidado con lo que escribes, que puedo saber cómo eres

CÁMBIATE A TI MISMO ESCRIBIENDO

Hace unas semanas conocía a través de algunos artículos a un señor llamado Andrés Sanfiel. Este palmero ha creado una aplicación que “mejora los aspectos mentales del deportista a través de la reeducación gráfica”. Como lo oyen. El inventor, que presume de haber “aplicado su metodología” en la Escuela Lorenzo Competición de Chicho Lorenzo (padre de Jorge Lorenzo, bicampeón del mundo de Moto GP), y que según cuenta el artículo, colabora actualmente en una investigación de la Interpol, explica que su propuesta ha llegado como finalista al V Foro Tenerife Invierte, donde ha conseguido el tercer premio.

Se supone que el procedimiento permite obtener información sobre “sobre el nivel del deportista en aspectos como capacidad de lucha, sacrificio, autocontrol  e incluso la capacidad de frustración”. A partir de ahí, se pauta la realización de unos “ejercicios grafológicos” que permiten ir modificando la forma de escribir de deportistas, lo que supuestamente provoca mejoras en la concentración. En uno de los artículos publicados estos días sobre el tema, se habla incluso de un estudio que encontró que “los niños que hacían cada día los ejercicios de grafología [consiguieron] tiempos más regulares, su concentración había mejorado, podían aislarse mejor del entorno y centrarse más en lo que estaban haciendo”.

Impresionante, ¿verdad? Mejorar la concentración realizando solamente unos ejercicios de escritura. La verdad es que esto suena a pura magia, pero como es posible que haya personas que estén dispuestas a comprar esta moto (además del padre de Jorge Lorenzo), vamos a echar un vistazo a ver qué pruebas hay de este procedimiento pueda ser eficaz.

Ponte a escribir para convertirte en una persona más "equilibrada"

Ponte a escribir para convertirte en una persona más “equilibrada”

¿PRUEBAS CIENTÍFICAS?

Lo bueno de estas pseudociencias de nuevo cuño es que no hay que moverse mucho para descubrir que el rey va desnudo. Si vamos a un buscador general de artículos como Google Scholar, no encontraremos ni un sólo estudio para “graphopsychology” (si hubiera algún estudio, lo más habitual es que, independientemente del idioma en que haya sido publicado, tenga un resumen o abstract en inglés. Por si les queda alguna duda, también lo he buscado infructuosamente en español). Lo mismo ocucurre en PubMed.

Tampoco encontramos nada en estos buscadores introduciendo el nombre del autor de los supuestos estudios, lo que implica que estos no han sido publicados (si estoy en un error, ruego que me lo hagan saber). De lo que no cabe ninguna duda es de que, aunque este estudio hubiera sido publicado, no es prueba suficiente de que se pueda conocer la personalidad de alguien a través de su firma o su escritura, y mucho menos de que a través de ejercicios de escritura se pueda mejorar otra cosa que no sea la caligrafía.

La pseudociencia es rentable

La pseudociencia es rentable

GRAFOPSICOLOGÍA: UN BUEN EJEMPLO DE PSEUDOCIENCIA

La grafopsicología puede ser utilizada para explicar claramente lo que es una pseudociencia. Habitualmente se denomina psedocientífica a aquellas disciplinas que pretenden pasar por ser científicas sin serlo realmente, y la ausencia de pruebas que avalen las afirmaciones de los grafopsicólogos es suficiente para etiquetarla como tal. Pero, por si fuera poco, cumple con algunas características habituales de las pseudociencias:

  • No interactúa con ninguna otra disciplina científica (por más que utilice la palabra psicología, no recibe ni aporta ningún conocimiento a esta).
  • Es fácil, hasta el punto que cualquier persona puede hacerse grafopsicólogo. De hecho, el creador de la aplicación presume de contar con un “equipo multidisciplinar de 12 personas en el que hay psicólogos, psicopedagogos, pedagogos, abogados, coach de empresas, licenciados en Económicas, personal docente, ex dirigentes de empresas multinacionales, etc. Todos tenemos en común que somos grafopsicólogos.” Como era de suponer, cualquiera puede hacerse “grafopsicólogo” independiente de tener una titulación universitaria o no. Hasta mi vecina la panadera puede ir por ahí diciendo que es grafopsicóloga porque ha hecho un curso o se ha leído un libro.
  • Sólo le interesa lo que pueda tener de uso práctico: la grafopsicología no pretende conocer en qué consiste realmente la personalidad o cómo se relacionan los procesos cognitivos con ciertas funciones motrices como la escritura. ¿Y por qué sólo le interesa lo que tenga de uso práctico? Pues porque nadie pagaría para que otros hicieran investigación básica, pero desarrollar un sistema fantástico que sirve para todo es un reclamo empresarial para el que se pueden conseguir inversores y por el que muchas personas podrían estar dispuestas a pagar. Por ahora, ya pueden ir pasando por caja para descargarse la aplicación informática.
  • Sirve para todo: La fabulosa técnica (escribir) sirve para todo y tiene aplicaciones en todos los campos, puede mejorar una gran cantidad de funciones, no conlleva esfuerzo y sus resultados son espectaculares. Si no estás dispuesto a pagar por algo así, es que debes ser tonto. O escéptico.

Para rematar la faena, el autor presume de que el mismísimo Eduard Punset se ha interesado por sus trabajos, algo que tampoco resulta demasiado extraño para cualquiera que conozca la deriva hacia la autoayuda que ha dado el veterano divulgador en los últimos tiempos.

Supongo que a estas alturas, nadie se escandaliza por descubrir una nueva pseudociencia, por encontrar a supuestos profesionales poniendo su titulación al servicio de supercherías como esta (saltándose, por cierto, el Código Deontológico, al menos en el caso de los/as titulados/as en psicología) o por descubrir que las empresas y los entrenadores deportivos están dispuestos a pagar por conseguir magia. Lo que resulta escandaloso es que una vez más los medios de comunicación vuelvan a hacer gala de su desprecio por la ciencia dando cobertura a un señor que ha decidido ir por el mundo vendiendo su magia simpática. Y no será la última.

Actualización del 21 de mayo de 2014

Hace un rato, una persona que se identifica como “involucrada” en esta edición del V Foro Tenerife Invierte, ha realizado este comentario en el muro de Facebook de un amigo que compartió mi artículo. Como puede leerse, el PCTT (Parque Científico y Tecnológico de Tenerife, organismo dependiente del Cabildo Insular de Tenerife responsable de este Foro) no se entra a valorar “el rigor científico de esta metodología”, sino lo que se valora es que sea “un proyecto empresarial que ha resultado novedoso”. ¿Cómo es posible que una Administración Pública dirigida a “impulsar, fortalecer y desarrollar el sistema de ciencia-tecnología-empresa de Tenerife” –como podemos leer en su página web– no tenga en cuenta el rigor científico de los proyectos a la hora de aceptarlos en el concurso? Por si quedara alguna duda, afirma que si se propusiera una herramienta para ser utilizada por el mercado de usuarios de productos homeopáticos”, tendría muy probablemente su apoyo.

Todas las administraciones públicas, independientemente del ámbito que gestionen, deben ocuparse de velar porque las acciones que desarrollan y los proyectos que gestionan y/o financian estén avalados científicamente. Si no es así, podemos encontramos a ayuntamientos, cabildos y ministerios financiando productos o servicios que supongan un engaño al consumidor, en la medida que aseguran servir para algo sin ningún tipo de prueba. Francamente, no me imagino al Parque Científico y Tecnológico de Tenerife otorgando un premio a una plataforma virtual para hacer magia blanca, echar las cartas del tarot o equilibrar el qi. Sin embargo, cuando se trata de cuestiones psicológicas, no parece que importe que la propuesta se apoye en teorías pseudocientíficas y que no haya demostrado su utilidad previamente.

Al final, prevalece lo de siempre: la posibilidad conseguir beneficios económicos a costa de la ignorancia de los consumidores. No es de recibo que ningún organismo público otorgue un premio a un proyecto como este, pero que además lo haga uno cuyos objetivos son el fomento de la innovación y la ciencia resulta totalmente inaceptable. Espero que, para la próxima convocatoria, el PCTT rectifique e incluya la exigencia de que el proyecto a financiar haya demostrado servir para lo que dice que sirve, que lo mínimo que se le puede pedir a una Administración Pública es responsabilidad.

 

Comentario de una persona del V Foro Tenerife Invierte

Comentario de una persona del V Foro Tenerife Invierte

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